Unos golpes de timbre y digo bien lo de golpes, porque mi timbre tiene ese sonido de toc toc… que me recuerda mi infancia y me aleja mucho del sobresalto que los nuevos timbres dan al cuerpo cuando menos lo esperas. Bajé del estudio situado en la segunda planta, y llegué hasta la puerta. Por precausión como siempre, miré por esa mirilla metálica traída de una vieja puerta. Un golpe de la palanca me dejó ante una cabeza de pelos alborotados que no sabía que aquello era una mirilla… cosas de la edad. Cuando escuchó mi voz miró para todos lados hasta que sus ojos azules se quedarón paralizados ante el extraño objeto que dejaba ver mis ojos también. Una leve sonrisa dibujó aquellos labios que se mostraban nerviosos…
Abrí y él entró.. un halo de juventud recorrió la casa de más de un siglo de existencia. Creo que con él entró algún espíritu burlón que se fue curioseando todos los rincones y todas las habitaciones del primer piso donde normalmente vivía, dejando el segundo piso para mi trabajo o mejor dicho mi hobby.
Le dije que se sentara y se dejó caer con indolencia ante mí en el sofá que le ofrecí. No me miraba a los ojos en un principio; creo que estaba abrumado. La pregunta me aclaró con su respuesta que estaba en lo cierto, era la primera vez que posaba. Tampoco quería un profesional; era el hijo de una amiga que le había dicho que necesitaba un modelo para una serie de fotografías que reflejaran quizás por un lado la inocencia y por otro la malicia. Hasta el momento sólo había observado la inocencia, tenía que descubrí la malicia más tarde si es que realmente era capaz de expresarla.
Le miré con curiosidad como esa madona que mira desde lo alto de su experiencia a un joven moreno, de alta estatura y de poco más de veinte años. Sus ojos bailoteaban por la habitación finjándose en algunas cosas que supongo le llamarían la atención. Tengo tantas cosas que yo misma me sorprendo a veces cuando encuentro algunas de ellas.
La vieja camiseta blanca dejaba al aire sus brazos que dibujan músculos bien moldeado en un gimnasio, cosa típica de los jóvenes de hoy. Un cuerpo perfecto se adivinaba tras los tejanos y la pequeña camiseta. Es su brazo tenía un pañuelo líado a modo de pulsera y movía las manos nerviosamente cuando sabía que le estaba mirando.
Rompí el silencio con una copa de zumo de naranja fresca. Me lo agradeció mirándome por primera vez a los ojos directamente y sentí algo… un no sé qué que comenzó a latir dentro de mi pecho. Algo que quizás estaba dormido, una inspiración quizás… Desde ese momento no apartó su mirada de mis ojos ni un sólo momento, lo cual me hacía sentir incómoda a ratos y orgullosa en otros.
Le expliqué por encima lo que quería obtener con mis fotografías. Era como un diálogo a tres con la inocencia y la perversión. Me sorprendí cuando se quedó tal cual y no preguntó nada sobre el tema. Sólo un movimiento afirmativo de su cabeza me hizo saber que se había enterado de mi charla y sabía lo que quería conseguir en papel.
Subimos, mejor dicho comenzó a subir él… yo le seguía notando un olor muy especial que no era precisamente el de una colonia de hombres. Quizás fuesen los vaqueros, ya se sabe que estas telas tienen un olor especial. Pero por el momento me quedé con la duda.
Ya entrados en la sala blanca; digo bien porque es totalmente blanca se puso frente a mí. Me imagino que tomó el lugar frente a la cámara colocado en su piel que había en el centro pensando que era allí donde tenía que posar. La mirada que me dirigió hizo que tomase la primera foto. Un brazo hacia arriba que dejaba su rostro medio a descubrir me inspiró en aquellos ángeles que había visto en una iglesia perdida en los Urales. Mirada preciosa de belleza sublime; el cúmulo de la inocencia hecha carne. Subió el otro brazo, volvió su cara a la izquierda y me ofreció otro plano asombroso de querubín. Pero los ojos se fueron llenando de un color plomizo, su mirada azul se fue haciendo gris y esa mueca en sus labios me hicieron parar de tomar instántaneas. Qué estaba haciendo?.
Algo volvió a despertar en mi interior. Quizás era lo que quería o simplemente fue casualidad. Se dejó caer en el sillón que tengo para reposar en mis sesiones de fotos, una pose tumbado hizo que tomase la cámara, pues poco a poco fue tomando la cara reversa de lo que era la inocencia. La provocación se fue apoderando de sus ojos y de su boca y ahora esas manos jóvenes y delicadas eran como un cartel que decía “ésto está prohibido”. O quizás sea al revés “ésto está permitido si yo quiero”. La cosa se fue poniendo más difícil de digerir y de plasmar en papel. Muy difícil para poder dejar clavados aquellos ojos en un instante de tiempo o en un segundo de la vida.
Ya no era el semblante lleno de candor juvenil, la mirada se fue posesionando de todo mi ser y casi nada tenía que hacer para poder aprisionarla en mi cámara. La quería observar directamente, sin trabas ni trampas. Estaba cayendo poco a poco en un estado de éxtasis no se sabe bien debido a qué. Incluso el tono de la habitación cambió de pronto de matiz; ese claro blancor que tiene la pureza se fue tornando gris y supongo que mucho tiene que ver con el cambio de mirada y el color de sus ojos.
Las manos jugaban con sus pantalones mientras se tiraba literalmente en el sofá. Y sin embargo no apartaba los ojos de los miós como queriendo dejan su huella en todas las instantáneas que fueron capturadas casi sin pensar por mi cámara. Unos planos especiales para algo que por primera vez pasaba en mi vida. Quizás no estaba fotografiando sino que más bien alguien estaba haciendo una foto inédita de mí misma con una cámara especial llamada corazón.
El timbre rompió el silencio que se apoderaba de toda la casa. Ahora el tac tac me sonó a golpe brusco porque rompió el ritmo de un nuevo latir. Dejé mi cámara sobre el sillón y bajé los escalones de dos en dos para saber quien osaba romper mi intimidad artística y resultó ser su madre. Ya dí por terminada la sesión; era imposible poderse concentrar con esta mujer que charla por los codos. Y el feeling estaba roto también. Sería largo conseguir de nuevo crear ese ambiente especial que se había apoderado de los dos. Un poco de conversación sobre lo que habíamos hecho y poco a poco le ví acercarse a la puerta. Se dió la vuelta una vez que su madre se perdía por la entrada principal. Una mirada que me dejó clavada allí mismo pues no solamente me estaba retando a seguir sino que también me estaba indicando que la segunda iba a ser mucho más intencionadamente maliciosa que la primera.
Pero no terminó aquí.. entró unos pasos de nuevo y cerrando el portón a medias me regaló un beso delicioso en los labios. Entonces comprendí que el olor que noté en un principio no era colonia, ni los pantalones; era simplemente el olor que tienen los ángeles cuando caen en el pecado y se vuelven fuego eterno.
**Para Jake
DAMADENEGRO2007

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