CRUCERO POR EGINA, POROS E HYDRA (GRECIA)

Publicado: abril 8, 2009 en viajes
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Después de haber pasado el gran trance de mi encuentro con mi amada Atenas, el tercer Día nos dedicamos a hacer un crucero de sólo un día; en realidad no lo teníamos pensado, pero de todos es sabido los miles de circuítos que se ofrecen a los turistas en los hoteles. De este modo nos embarcamos en la pequeña odisea de visitar tres íslas en un día: Egina, Hydra y Poros.

Por la mañana, a las 8 y punto el autobús nos recogió en el hotel Cristina para llevarnos al puerto del Paleon Faliron, encantador y tan lleno de vida turística, para que embarcáramos en el Saronic Star, un barco de coqueto y acogedor diseño para 250 pasajeros con todas las comodidades de un crucero. Allí nos sería servido un desayuno bastante reconfortante y fresco para los 40 grados que ya nos amenazan a tan temprana hora del día.

Después de curiosear el barco de proa a popa y ya en alta mar, me quedé admirada de las hermosas vistas que me ofrecía este inesperado trance de echarme a las aguas griegas en busca de aventuras. Y me admiré también de la cantidad de isla pequeñas que hay diseminadas por este entorno marino que son el refugio de turistas venidos de todas las partes del mundo. Poco o nada faltó para que Melina, nuestra guía comenzara a hablarme de las mil historias que guardan estos lugares, mares de dioses, de guerreros y de guerras conocidas a través de mis estudios. Y poco tuve que soñar para ver en mi mente lo que ese mar Egeo tenía de mítico…. con un color azul intenso fué el amor del Olimpo, leyendas que hombres – dioses y batallas que pasaron a la historia real y mítica de los estudiosos de Grecia.

Nos subimos al puente de mando y en el balcón nos sentamos con las piernas colgando y el viento dándonos en la cara. Allá abajo los alemanes e ingleses se tostaban al sol en cubierta con miles de potingues puestos en sus blancas pieles y los camareros no paraban de traer y llevar bebidas de todo tipo a sus gargantas deshidratadas por los severos rayos solares. Melina dejaba acariciar mis oidos con toda la leyenda y mis ojos se perdían en la inmensidad de este mar que escondía en sus entrañas los más hermoso secretos.

Por los altavoces y en cinco idiomas nos avisaron de nuestra llegada a la isla de Egina o Agia Marina como se le llamó en la antiguedad. Y el barco entró despacio en un puerto lejano, pequeño y atestado de miles de colores que nos hacía presentir la presencia de tiendas de souvenirs de todo tipo. No llegó el barco hasta puerto, puesto que su calado es mayor que la profundidad del mar y tuvimos que ser llevados en pequeños barquitos multicolores con toldos hasta el puerto. Una vez allí nos maravillamos con su paisaje, con su vida, con sus colores y con ese sol que apretaba cada vez más.

Todos juntos, comenzamos a subir un sendero que nos llevaba hasta el mayor tesoro de la isla: el santuario de Afaias. Pero antes de poder verlo definitivamente, nos fuímos alejando cada vez más de ese hermoso puerto que quedaba cada vez más lejano pareciendo una hermosa postal de recuerdo. Olivos viejos, chicharras que canturreaban al sol apasionadamente, y esa charla que nos introducía en las antiguas leyendas de dioses y hombres.

Y de pronto sus hermosas columnas aparecieron levantadas hacia el azul intenso del cielo griego a una altura de 535 metros sobre el nivel del mar. Melina, la guía nos hizo sentarnos a la sombra de unos árboles para contarnos un poco de su historia a modo de prefacio antes de comenzar la visita: Situado sobre el cabo de Santa Marina entre los pinos y allí en la colina nos da una panorámica del mar que no se puede olvidar jamás. Su estudio y descubrimiento de lugares anexos se deben prácticamente a arqueólogos alemanes como Welter, quien hizo un estudio en profundidad de la isla. Gracias a esos estudios se descubrieron cerca del santuario unos yacimientos neolíticos muy interesantes que se pueden visitar también. El culto en el santuario de Afaias comienza en el 1300 antes de J.C. Allí se adoraba a la divinidad femenina de la fecundidad. Puede decirse que la construcción que ahora admiramos está formada por tres templos consecutivos. Su tamaño se ampliaba y así podíamos comprobar como el más “moderno” doblaba en tamaño al primero de ellos.

Del primero no pudimos ver gran cosa, puesto que sólo ha quedado la base que sirvió de soporte al edificio. Del segundo nos queda parte del altar pero totalmente tapado por el gran templo, tercero en su historia, que es el que podemos ver y recorrer a placer en la actualidad.

La piedra blanca porosa (típica de las construcciones de toda esta zona) destaca sobre el azul del cielo haciendo resplandecer las ruinas y su estilo dórico con 6 columnas de ancho y 12 de largo nos eleva la mirada casi perdiéndose en la inmensidad.

La entrada digamos que oficial, se hace por un antepórtico que te deleita la vista con representaciones de combates, en el centro se encontraba la figura de Atenea (antiguedad s. V antes de C.). Las guerras púnicas vinieron a destruir parte de su impresionante mole y tirado parte de su friso. Según cuenta un rayo tiró por tierra las figuras que decoraban el exterior del templo y los antiguos las entrerraron como era constumbre para que no fuesen profanadas. Màs tarde se volvieron a colocar las hechas por los famosos escultores de Egina, de fama en todo el imperio griego. Y los frisos fueron de nuevo completados con representaciones de luchas y por supuesto, la diosa Atenea como centro de todo el completo adorno del templo.

Todo hacia presumir a principios del siglo XX que el templo fue dedicado a Atenea, pero en 1901 se descubrieron una inscripción que estaba levantado en honor de la diosa Afa, de ahí le viene el nombre que ahora conocemos.

Los frisos destacan porque son una representación de la batalla en Troya ante la diosa Atenea; una de ellas representa a Hercules con el rey Laomidon y la otra al rey Agamenón contra Príamo.

La ciudad de Egina es todo un acontecimiento visual puesto que nos podemos hacer una idea bastante real de lo que fue en el pasado y poder pasear por ella sintiéndose parte de su historia. Viejas casas neoclásicas (una de ellas es la que acoge el museo arqueológico).

Un sendero rampeante nos lleva hasta la parte oriental donde se levanta el santuario de Zeus, situado en las montañas más altas de la isla y allí en lo alto nos deleitamos con la vista de un lugar que parece sacado de una leyenda titánica y apoyada en el antiguo altar, la mente calbalga loca por la historia de este santuario imponente cuyas ruinas hemos profanado sin pensar que los dioses pueden en cualquier momento levantar sus iras ante nosotros y hacer que ese hermoso remanso azul que es el mar se convierta en el peor enemigo… pero la leyenda sigue siendo leyenda y las piedras no se mueven, solo sirven de apoyo para el descanso y para que tu mente vaya recogiendo datos y más datos…….

Y para que no falte ese sello más próximo y familiar visitamos también la capilla de la Bella Iglesia, que conserva unos frescos sobre la vida de Jesús que en 15 etapas nos desvelan la vida del nazareno.


El Museo se encuentra en el edificio Kapodistria y consta de una sala de entrada y otras dos donde se recogen todos los relicarios que han sido sacados de las múltiples excavaciones: a destacar los vaso con escenas de guerra, enfrentamientos de dioses, ánforas, inscripción arcáica de Afaias, recipientes con inscripciones de Zeus de Elanióny bustos de amazonas y una cabeza de caballo de friso en mármol blanco, lápida funeraria del 460 antes de JC y la más célebre: la esfinge de Egina. Reproducciones de los frisos de los dos templos más importantes y las cabezas de la esfinge de Egina y el bajorrelieve de Apolo.

®texto y fotos DAMANDENEGRO

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comentarios
  1. Marcelo dice:

    Gracias Damadenegro por tu relato. Casi puedo -de leerlo- sentirme en el lugar. Y es que no quería hacer un comentario, sino sólo hacerte una consulta, habida cuenta que estoy planeando mi viaje a Grecia para enero próximo: Visto como describes Aegina, si regresaras, ¿Harías de nuevo el crucero por las “3” islas (Aegina, Poros, Hydra) o le dedicarías el día a recorrer más en profundidad solamente Aegina? -hay quienes me aconsejan una u otra cosa- Agradecería mucho tu respuesta. Saludos desde muy lejos (Argentina), Marcelo

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