~ENCUENTROS~
30 abr 2009 Dejar un comentario
in intimidades, mis experiencias, relatos Etiquetas: experiencias, hombres, recuerdos, relatos personales, sentimientos
Se atrevió a pasar a tierra, esa tierra firme que tanto temía; lo suyo era el mar aunque vivía en un faro rodeado de ese alma líquida que llenaba sus venas desde que nació precisamente en ese sitio, el faro olvidado en la costa que tanto temían los marineros y que a más de uno se había llevado a sus oscuras entrañas. Se atrevió porque sus ojos acostumbrados a la mar, vió a través de los prismáticos la llegada de la escritora de éxito que se alejaba de los halagos de la sociedad y del mundo llamado civilizado para terminar un libro que era parte de su alma y en el que quería poner los puntos y las comas de sus crisis de identidad en una sociedad que estaba llegando al borde del límite de su existencia.
Y en la pequeña barca a motor se encaminó hasta el pueblo costero que llevaba siglos viviendo del mar, algunas veces embravecido con las mareas y otras tornando los azules reflejos para que los niños futuros pescadores se bañaran en sus orillas. Las olas llegaron hasta la arena que adornaba el puerto y el pequeño muelle donde estaban amarradas las barcas de pesca, esa noche el mar de fondo había hecho imposible su salida en busca del pez que le daba alimento y dinero.
El joven del faro subió las escalerilla que le facilitaba llegar a la calle y dirigirse al bar que también servía de pensión. Al entrar las miradas de los fornidos marineros se clavaron en su presencia como si fuese un fantasma. Quizás hacía más de diez años que no le veían sólo la luz del faro y el paso de alimentos en la barca de transporte daban testimonio de su estancia y de que estaba vivo. Era un hijo del mar más aún que estos hombres que vivían de ella.
El hombre de la taberna se ofreció a darle la información sobre la casa que había alquilado la escritora y que se apartaba de la aldea allí donde el mar se besa con la roca.. Y el joven salió de nuevo y con paso firme se fue dando un paseo por el camino en la roca que llevaba hasta la casa que un loco pintor holandés se hizo levantar en una ensenada imposible de definir por su belleza.
Durante el camino sus ojos no se fijaban en la belleza que le rodea sino que más bien estaba sostenida en los pensamientos de cómo se iba a presentar y que le iba a decir cuando se encontrara ante aquella mujer que le había dejado embrujado a través de los prismáticos. Su pantalón tejano y la camisa negra desgastada por el sol y por el uso y las botas eran su único equipamiento. Poco faltaba para llegar a la hermosa puerta del mayor edificio que se podía ver en la costa… unos pasos más. Y su mano se detuvo en el camino de poder llamar a falta de timbre porque la mujer abrió antes que él llamara; el cruce de miradas fue intenso y sorprendente. A duras penas le salió “soy el farero”…. a lo que ella contestó “yo la escritora”. Qué curioso no?.
Y se sentaron en la mesa redonda en dos butacas que eran iluminada por el sol que entraba por la cristalera con visillos antiguos. Bella imagen de dos personas que comenzaban a conocerse. El pasó de contar su vida en el faro, se centró más en sus pensamientos y en las cosas que escribía sobre el mar, un poco de su soledad compartida con ese celoso amante que nunca le dejaba solo. Ella le escuchó sin ni siquiera haberle dicho su nombre; algo unía a estos dos seres sin saber que precisamente había llegado el momento de caer ambos en el pozo de las pasiones carnales.
La conversación se fue haciendo cada vez más personal; los gustos eran iguales en dos personas que procedían de mundos distintos o quizás que uno no había visto el mundo y la otra huía de él. La noche fue cayendo poco a poco y el sol dijo adiós hasta el día siguiente y es aquí cuando se hizo notable la atracción que estas dos personas sentían por el otro. Una mano cálida y un acercamiento físico hicieron que la mujer se dejara sucumbir al encanto del mundo que se estaba creando entre ellos.
La lumbre se hizo salvaje y los troncos que ardían en la vieja chimenea pusieron un tono rojo muy a tono con la atmósfera que se había apropiado de aquella habitación con aires marineros; por la gran cristalera el mar trataba de asomarse a la vida que estas dos personas trataban de hacer atractiva y qué de resplandores salieron de sus olas para iluminar los ojos grisáceos del hombre que se volvían hambrientos de deseos con las manos de la mujer cogidas con las suyas y transmitiendo calor y sentimientos.
Pasamos páginas a la conversación que se tornaba cada vez más personal, más íntima y más sensual y en un momento dado el gran barco se elevo al cielo y danzó con la sirena un vals lleno de encanto. Se dejó seducir bajo los sones imaginarios, la mujer cayó en la alfombra convertida en arena de playa para dejarse abrazar por el amador amado que siempre había soñado. Y las crines de las olas se fueron tornando nácar, ansioso y desbocado. Al final del abismo los dos cayeron agotados. El mar en calma volvió a ser manso y a la luz de la luna llena el hombre dejó a la mujer dormida en la alfombra de los sueños y se encaminó de nuevo al faro.
La noche siguiente la mujer asomada al ventanal veía la luz del faro como iluminaba el horizonte oscuro y trató de adivinar al joven escapado. Nada volvió a unirles, nada volvió a darles la oportunidad de verse de nuevo…. Fue un sueño?…..
DAMADENEGRO 30/4/2009




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