En la puerta se arremolinaban los extranjeros que, como siempre están más enterado que el personal de la ciudad de que algo se cuece culturalmente hablando en la misma city de renombre internacional. Y esta vez no era la feria ni la semana santa, simplemente Persia hacía una visita de honor al mundo andaluz.
Y aprovechando la exposición temporal me recorrí todas las salas que ya conocía, puesto que el arte siempre es nuevo o quizás los ojos que lo ven estén más informados para valorar más lo que allí está depositado.
La puerta principal situada en la Plaza del Museo nº 9, como dije anteriormente presentaba una cola de espera no muy densa, pero que pronto me hizo penetrar en esas mecas del arte que son los museos españoles. La entrada gratuíta y bien informada me hizo visitar primero la expo temporal en la primera planta, cuyas escaleras de mármol era un reflujo de visitantes de todas las lenguas. Y una vez que me maravillé de las maravillas (perdonen la repetición), me adentré en lo que es el museo en sí.
Antes que nada y para poner orden en todo lo que había adquirido de mi expo temporal: planos, catálogo, recuerdos y demás cosas que atesoro en mi hogar, me dejé caer en un banco del patio de los Bojes. Naturalmente el Museo está guardado en un edificio que antiguamente fue el convento de la Merced, fundado por San Pedro Nolasco tras la conquista de Sevilla en 1248. Como casi todas las edificaciones andaluzas de cierto prestigio, está levantado alrededor de tres patios y una gran escalera que sube a sus plantas superiores. Sin embargo no era su naturaleza así desde un principio, puesto que fué Juan de Oviedo y la Bandera quien realiza las transformaciones a comienzos del siglo XVII. En 1612 se concluye el templo y un siglo y medio después se le dan los últimos toques haciéndolo una bella estampa del llamado manierismo andaluz.
El Patio de los Bojes que sirve de entrada al Museo está adornado con azulejos que proceden de los conventos de Sevilla que cerraron debido a la desamortización. Entre ellos estaban el convento del Pópulo y el claustro de Aljibe, cuyo arco se adecuó a la edificación con un resultado genial. Alrededor de ese patio pues, tenemos el claustro por entero llamado del Aljibe en donde se expone el panel cerámico de la Virgen del Rosario realizado por Cristobal de Augusta en 1577 para el convento de la Madre de Dios.
Y desde aquí y con todos los papeles en orden comenzamos la visita detallada del museo en sí.
Sala I.- Destacadamente el gótico español y el comienzo de la escuela sevillana hacen honor de entrada a esta sala y a las siguientes en la que podemos ver las esculturas de Lorenzo Mercadante de Bretaña y Pedro Millán y pinturas de Juan Sanchez de Castro y su escuela.
Sala II.- Siglo XVI, introducción del renacimiento y su influencia en la escuela italiana como fueron Torrigiano en la escultura y Alejo Fernandez y Martín de Vos en la pintura. De ellos son leales alumnos Luis de Vargas y Villegas y Marmolejo. Destacan también cuadros de El Greco y Lucas Cranach.
Sala III.- La escuela italiana tiene el máximo esplendor en los retablos que salen de sus fábricas y para ello Francisco Pacheco, pintor , se manifiesta como el gran genio que nos deja perpleja con sus retablos. Naturalmente hay valiosas muestras de dos pintores muy representativos del s. XVII: Velázquez y Alonso Cano.
Sala IV.- Muestra increíblemente bella de las pinturas destinadas al claustro mayor del Convento de la Merced con pinturas de Pacheco y Alonso Vázquez.
Sala V.- Murillo y la escuela sevillana del siglo XVII. La sala está en las dependencias de la antigua iglesia del convento que sirve de guardian del museo y en ella se expone lo más valioso de sus fondos: Murillo, hijo único y predilecto de la escuela sevillana del barroco. Un museo dentro de otro museo.
Completando la sala se encuentran obras de Juan del Castillo, Uceda, Herrera el viejo y Zurbarán. La sala ofrece el éxtasis de la contemplación del retablo mayor del convento de Capuchinos de Murillo y en una pequeña capilla está la popular Virgen de la Servilleta del mismo autor.
Planta alta:
Sala VI.- Selección de pintura barroca española, con obras de José de Ribera y Francisco de Herrera el Mozo, que trajo el barroco pleno a Sevilla.
Sala VII.- Obras de Murillo y su escuela: Meneses Osorio, Nuñez de Villavicencio y Simón Gutiérrez.
Sala VIII.- Dedicada en exclusiva a Juan de Valdés Leal, pintor muy exclusivo por sus pinceladas de contrastes y el dinamismo que expresan sus obras.
Sala IX.- Bella colección de la pintura del siglo XVII en general flamenca e italiana.
Sala X.- Zurbarán en profundidad: destacando los tres ciclos de los monasterios: convento de San Pablo, de Porta Coeli y de la Cartuja de Santa María de las Cuevas.
Sala XI.- La estancia de Felipe V en Sevilla atrae a los pintores a la ciudad sobretodo de Madrid y por ejemplo Goya está presente como la figura máxima que jalona esta sala.
Sala XII.- La escuela sevillana se manifiesta con gran fuerza y son Eduardo Cano, Manuel Barrón y José Jiménez quien dan la calidad a sus obras, todo ello aderezado con Villegas & Bilbao.
Sala XVIII.- El romanticismo en el segundo tercio del siglo más marcado aún si cabe en la ciudad de Sevilla tiene en Esquivel, Gutierrez de la Cueva y la saga de la familia Dominguez Becquer sus máximas figuras. De Valeriano Becquer destaca el retrato que le hizo a su hermano Gustavo Adolfo.
Sala XIV.- Primera mitad del siglo XX, la escuela sevillana se cierra en banda y permanece ajena a lo que ocurre en el mundo Sólo Bacarisas da un toque de modernidad en sus obras. Hay una serie de pequeñas obras de otros pintores españoles.
Y este es el pequeño resumen de todo lo que se puede encontrar en uno de los Museos más importante de Andalucía. Cuyo valor en obras atesoradas es indefinible. Merece la pena pasar un fin de semana en la ciudad para visitar este lugar tan especial en el mismo centro del casco antiguo.
Textos y fotos®DAMADENEGRO2005
X-Woman en Ciao.es
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El Blog está muy bien redactado, pero no está completo. Le falta explicar las partes del Museo. Adiós!!