El Dia Que Mataron a Manolete – Tico Medina

 

Ascendientes con gustos de torería, amantes del arte de torear, abonados a las mejores plazas de toros de Andalucía, amigos de gente del toreo, retratos antiguos, fotografías firmadas por manos diestras en el arte, mantillas blancas que coronaron cabeza de bellos cabellos recogidos en roetes, peinetas de carey o blanca de nácar que reposa en el baúl de los recuerdos. Y que hermosas poses en trajes de encajes negros o blancos y esos ojos grises que tanto mi abuela como mi padre tenían para admirar y mirar lo que tanto amaban; el arte del toreo.

Hay que pertenecer a una familia donde la pasión ha sido el toro, donde se ha admirado a los grandes toreros para que el “gusanillo” de la curiosidad sea lo suficientemente grande para leer los libros que se basen en personajes de este mundo tan particular. Y es así como llegué hasta el libro que Tico Medina había escrito sobre Manolete. Mis ojos se quedaron pendientes de aquella portada durante unos minutos antes de tomarlo y abrirlo para ver el contenido; pero en esos minutos pasaron por delante de mi imágenes olvidadas en los rincones de la memoria.

Tico Medina es un hombre perfectamente formado en esas labores de información, su prestigio como periodista está más que demostrado y como hombre documentado en los avatares de la historia sencilla de la España de toros y peinetas. Y ha puesto en este libro su saber hacer en el periodismo de investigación pues el no conoció al diestro en persona, pero si ha estado con su madre y los hombres y mujeres que estuvieron a su lado en los momentos finales de su vida.

Documentado fielmente y con fotos inéditas y electrificantes para todos aquellos que han vivido en el mundo fascinante y cerrado los toros de lidia y del toreo. Es fácil para quien posee un legado material tan extenso como el mío entender cada palabra que se pone en las páginas de este libro. Y por simpatía y quizás por acercarme más a ese mundo que vivieron tanto mi abuela como mi padre me leí el libro casi del tirón .

La documentación y las charlas con los interesados, con aquellos que formaban parte del cerrado círculo del torero que ya estaba dando sus últimos suspiros de afición, que vagaba por las plazas más que vivirlas, que cumplía los compromisos que su apoderado más por obligación que por gusto ni por dinero, que dejaba a su Lupe en un rincón mientras el se acercaba más y más a la fecha que marcó el último minuto de un ídolo que levantaba odios y pasiones, las conversaciones con la impresionante madre Doña Angustias que marcó con su carácter al diestro, medio amargado y medio fantoche de muchos y el amor de solo una mujer.

Y esa tarde, esa estancia en la enfermería, las conversaciones que allí tuvieron lugar y las decisiones que se tomaron y la muerte, y esa foto impresionante en la que el diestro reposa muerto en la cama con el pañuelo sujetando su mandíbula que antes veíamos en nuestros muertos cuando morían en sus casas y en donde está rodeado de las personas que le vieron morir. Una impresión me llenó de amargura el cuerpo porque me trajo el recuerdo de la muerte de mis seres queridos que un poco estuvieron unidos a aquella tarde y que me contaron como fue aquel día.

Con el respeto que me merece los gustos de cada uno, escuché en silencio las opiniones de aquellos que vivieron estas sensaciones y casualmente iban encastrándose en las líneas de este libro, como si fuesen parte de la misma historia sin estar preparado. Los mismos sentimientos ante la muerte del maestro y los comentarios que rodearon su muerte. Las decisiones que se tomaron cuando daba sus últimos suspiros.

Las palabras de Dominguín que compartía cartel aquella tarde; la decisión de no cortarle la pierna que quizás hubiese sido la única salvación, pero como se dice en el libro : “Quien quería ver a Dios sin una pierna”? Amores encontrados en la pasión por el arte que movía en aquellos años la sociedad española.

El libro para quien ha vivido en ese mundo desde su más tierna edad, quien tenía el nombre del torero en su vocabulario desde que comenzó a hablar, quien fue a las corridas desde la más tierna infancia, la que escuchaba a su abuela que tocada con la mantilla blanca en Corpus Cristi se sentaba en la barrera de la corrida que se celebraba en su tierra jerezana, contándome cuando vio la mejor corrida y los dimes y diretes de los nombres de oro del toreo. Y con su padre en la desaparecida plaza de toros de mi ciudad cuando cerramos el antiguo corso con Palomo Linares, que guardaba en cajas de cartón sin descubrir hasta después de su muerte de mil recuerdos de su ídolo torero: carteles de tela, billetes de tren que lo llevaba a ver al torero, firmas sobre papeles amarillos, postales del diestro, algunos apuntes sobre el cartel de la tarde….. el libro en sí tomaba vida en mis recuerdos. Curioso que cada recuerdo se pudiera intercalar entre las líneas de este libro.

Dos frases lapidarias del libro:

-Doña Angustia (madre de Manolete): Una conversación con el autor en un patio de Córdoba y una limonada para refrescar… “el día que mataron a Manolo…..”

-Manolete: “el público sólo está contento conmigo cuando me ve camino de la enfermería”.

219 páginas, editorial Almuzara – 2ª Edición 2009

DAMADENEGRO 29/10/2009

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