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Dejamos las maderas entreabiertas al sol del verano, colocamos la mesa redonda donde se hacían labores de ganchillo y bajos de pantalones, acomodamos el viejo bastidor de bordar con sus hilos multicolores en la mecedora de la abuela, apartamos el amplio sillón a un rincón del amplio salón y con todo el mimo del mundo pusimos un disco en el viejo tocadiscos que sonaba algunas veces cuando estábamos los dos solos en la casa.
Un baile, mi dama?
Si, mi señor.
Y al compás del vals comenzamos a danzar por el gran salón, la lámpara con lágrimas de cristal encendida multiplicaba sus reflejos en los espejos del mueble librería, mil colorines se hacía en los viejos cristales pintados de las puertas y bailábamos y más y más…
Escuchas los murmullos de los invitados a la boda, mi dama?
Los escucho mi señor.
Y cogía el filo de mi vestido de plumeti blanco, haciendo que su vuelo fuese como el de una mariposa a punto de tomar el cielo para lucir sus galas nupciales con su pareja en una danza final de amor y muerte. Por qué lucen las mariposas más hermosas cuando saben que pronto van a morir?
Y seguía el vals envuelto en esos saltos inesperados de los discos viejos y llenos de años, que más daba¡ el salón era nuestro y la música no paraba de sonar¡
Has visto como nos miran todos, mi dama?
Los he visto, mi señor
Y me dejaba acariciar con su rostro sobre el mío, una luz se encendía en mis ojos cuando su aliento empañaba mis pensamientos, baila niño… baila y hazme feliz.
Y su mano en mi cintura apretaba más y más y yo seguía el compás del vals, violines que acunaban nuestro amor, eterno, único, bello…. fatal. Música que rebotaba en las paredes con ese papel color crema que envolvía la habitación en una fantasía que brotaba de nuestro corazón.
Y qué olor¡ los naranjos estaban en flor. Tres gigantes que se asomaban al balcón para mecer con sus ramas el amor nacido bello y limpio de la joven dama y del ángel rubio que siempre la cortejaba… Míralos como bailan¡. Míralos¡.
Y de esa dulce boca que placeres mil daban en las noches robadas al sueño, se acercaba más y más hasta depositar un beso en los juveniles y suaves de la niña que mujer se hacía en los brazos de su amor…. suena música que aún se quieren más.
Y después de cien vueltas los dos quedábamos agotados en el sofá rojo, qué de recuerdos guardaba aquel rincón. Sonaba otro vals, pero envueltos en besos, no nos sentíamos invitados a bailar más.Y los ojos querían conocer al otro, al detalle, sin perder ni una sola peca del rostro que el ángel tenía en su saltona nariz. Y los rizos negros se envolvían con los rubios para formar una bandera de oro y azabache, unidos hasta el final.
Sigue música sonando en los rincones solitarios de esa habitación que ahora duerme en silencio, el balcón sigue cerrado y los naranjos están más altos, sus ramas se han apoderado del viejo balcón, pero hoy todo calla. Los cristales están empañados por el polvo del tiempo y por asiento está el sofá donde él y yo nos dábamos mil besos, aún huele a querubin¡
El baile ha terminado, el voló hacia el cielo, ella espera el momento para verle siempre y poder bailar el vals que se quedó a la mitad de su vida…… qué vida si él no está aquí?.
DAMADEGRO 16/11/2009
