Cornouailles

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termas romanas de Bath

Fue la experiencia más recordada de aquellos finales de los 60´s, una experiencia única que venía a confirmar por sí sola que ya podía desenvolverme por el mundo como quisiera, una experiencia que ahora se me antoja casi un mito porque parece mentira que estas cosas las pudieses hacer en aquellos años que muchos consideran oscuros y llenos de falta de oportunidades. Sin embargo debo confesar que aquel viaje en particular fue tan engrandecedor que aún me cuesta hoy reconocer que ha sido el mejor de mi vida. Quizás también venga acompañado de que fue una de las primeras veces que salí al extranjero y claro éso parece cosa de locos cuando se le pone fecha a la experiencia, sin embargo fue real tan real como el último que he hecho, aunque éso sí le falta el aliño de la novedad del descubrimiento.

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ruinas del castillo de Arturo

Acababa de estrenar mis 18 años y pensaba que el lugar más idóneo para celebrarlo era precisamente el país que siempre me había traído las mejores cosas en aquellos tiempos. El idioma, la cultura y los mejores ratos con las amistades y pensé que sería el mejor para desarrollar aquella verdadera aventura. No íbamos a centrarnos en la capital del reino, íbamos a un lugar espléndido dentro de la geografía del Reino Unido y que tenía sus raíces hondas en las leyendas y en las odiseas de Arturo de Camelot.

En el viaje en avión (segundo que realizaba), llegamos a Londres desde Madrid en una tarde-noche llena de relámpagos durante el vuelo, había sido un viaje infernal y fuímos todo el tiempo tampádonos los ojos para no ve la tormenta; cuando llegamos, una lluvia fina hizo que nos despejásemos un poco del vuelo casi nocturno. Desde allí fuímos a Bristol en autobús que nos enseñó una paisaje deslumbrante que se nos antojaba casi un sueño y ya en esta capital cogimos el coche de aquiler que sería un caballo mecánico particular durante los siete días que estaríamos en ruta.

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Monte y castillo de San Miguel

Durante el primer día hicimos 199 kms desde Bristol hasta Minehead. Estábamos en tierras de Cornualles, tierras del rey Arturo y donde las leyendas célticas tienen su origen. Desde Bristol llegamos después de 20 kms a los balnerarios costeros de Weston-super-Mare y Burnham on Sea, una vez nos deleitamos con la visita rápida de estos lugares nos metimos hacia el centro para ver la Garganta de Cheddar, el Museo de Chedadar Motor y las Cuevas de Wookey Hole antes de llegar a Wells. Lugares realmente impresionantes sacados de películas de terror. Nos estábamos acercando al gran lugar del día: cerca de Well está Glastonbury y en las ruinas de su Abadía fue enterrado el rey Arturo; el lugar sobrecoge y nos deja una imborrable recuerdo viviente aún a pesar del paso de los años. Desde allí salimos hasta Taunton y Bribdwater, donde nació el almirante Blake que recordamos bajo el adjetivo de “pirata”, un lugar especial que nos lleva también hasta otros tiempos; después llegamos a Barpton, que es un lugar donde se celebra la fiesta del caballito en el mes de octubre. El pueblo de Dunster nos recibe también con el enorme castillo que no pudimos visitar por encontrarse cerrado al público en aquella época. Y siguiendo la costa llegamos hasta Minehead un lugar con un renombrado balneario también donde dormimos en una casa de huéspedes muy típica.

El segundo día también fue un día de sol, salimos con los primeros rayos del astro para llegar poco después a la aldea de Selworthy que entonces tenía los techos hechos de juncos, por el borde de Exmoor llegamos hasta el valle del Doone y remontamos el Counstisbury Hill de paso para el pueblo de Lynthon, de donde proviene el famoso té del mismo nombre. Seguimos hasta el Norte de Devon que era en aquella época una lugar privilegiado de vacaciones y más tarde visitamos Barnstaple que es famoso por su antiguo mercado y además de su impresionante oferta para el veraneo. Por supuesto hay que pasar por el puente de Bideford con sus 24 arcos y seguir por una serie de aldeas que tienen gran fama por su pesca en los fabulosos rios y riachuelos que la bañan. Al llegar a Clovelly nos quedamos atónitos con la calle mayor de escalones y empedrada y puestos en camino llegamos hasta el banerario de Bude, uno de los más renombrado de Cornualles con buenas playas para hacer surfing.

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La abadia de Bath

El tercer día nos hicimos 140 kms entre las costas de Cornualles hasta el pueblo de Boscastle, allí tuvimos la experiencia de ver los restos del Castillo del Rey Arturo en Tintaget, un lugar mágico y de buenas vibraciones donde los haya. Desde esta zona visitamos también Camelford a unos 9 kms más adelante cada vez más tierra adentro. Aquella es una zona de excursiones y los domingos y festivos son visitados por multitud de británicos atraídos por las leyendas. Uno de los lugares más llamativo es el puente sobre el río Camel que data del siglo XV. Siguiendo de nuevo la carretera de la costa se llega hasta Newquay con su famoso balneario y el puerto pesquero. En este lugar por aquella época había una colonia de artístas que vendían sus obras en las mismas calle. Las playas arenosas nos hicieron recordar nuestra tierra.

El cuarto día comenzamos en las costas de la Land´s End, famoso lugar de veraneo desde donde salen los barcos de vapor para la isla de Scilly o Sorlingas. Desde Marazión llegamos a Truro con una catedral del siglo XIX que cortará la respiración. Llegamos hasta el pueblo de Looe famoso por su pesca en aquella época del tiburón a anzuelo y desde allí hasta Plymouth desde donde partió el Mayflower para América en 1620. Habíamos hecho un total de 192 kms.

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ruinas de la Abadia de Glastonbury donde reposa el rey Arturo (según la tradición)

El quinto día tomamos la carretera hasta llegar a Bigbury con su famoso puerto en la boca misma del río Dart, allí cerca está la piedra que indica el lugar de donde originalmente partieron el Mayflowe y el Speedwell en 1620, antes que tener que regresar a la ciudad de Plymouth. Más adelante visitamos los balnearios de Paignton y Torquay en la bahía del Tor donde se encuentra el castillo de Compton. Y siguiendo la carretera principal llegamos hasta Exeter, ciudad con una hermosa catedral y cabeza del condado de Devon. En total hicimos este día 185 kms.

El día sexto nos llenamos de las playas de Exmoutd y de Budeleig, los balnearios costeros de Sidmourth y St Mary, pueblo con una hermosa iglesia y por supuesto el balnerario de Seaton, pueblecito de Lyme Cabdury con la abadía de Forde a 16 kms. Nos adentramos ya en el centro del campo de Bridport la antigua capital del condado, Dorchester y llegamos a Swanage con las ruinas de su castillo en la isla de Purbeck. Un total de 166 kms.

El septimo día nos dispusimos a desandar el campo pasando por Wisborne Minster con su hermosa iglesia del siglo XII y el mercado de Blandford que se encuentra en un collado; desde allí hasta Gillinghan que se encuentra junto al río Stourr y visitamos el curioso mercado antiguo de Frome. Y para terminar el viaje llegamos a Bath, una ciudad romana, balneario desde la antigüedad que nos recibió con los brazos abiertos como si de campeones nos hubiésemos convertidos por sus campos de leyendas y allí por supuesto que visitamos el balneario bello por su historia y por su arquitectura del siglo XVIII y un poco más para llegar a nuestro punto de salida Bristol. En total 160 kms. recorridos.

 

A pesar del tiempo transcurrido aún conservo aquellas fotos en b/n de los hermosos lugares, aquellas hechas con mi primera cámara Werlisa que me fue regalada al terminar mis estudios de bachillerato con el problema de que nos llevábamos carrete para hacer más fotos y nos tuvimos que consolar con esas 28 instántaneas que no salieron todas. Un bello recuerdo que será muy difícil de volver a hacer realidad por las circunstancias de la vida. Una de mis compañeras ya no está presente en este mundo, quizás la que más júbilo demostró durante esta hermosa aventura. Las otras tres nos miramos en silencio ante estas imágenes.

En la actualidad esta zona es de renombre internacional precisamente por la práctica del surf en sus playas. Las más arenosas de todo el Reino Unido y que están en la vanguardia en cuanto a este deporte se refiere. Los balnearios siguen funcionando recibiendo cada vez más usuarios de este tipo de vacaciones. Son caros pero realmente merecen la pena. Algo diferente, casi algo fuera de tiempo. Para descansar simplemente.

Una compra típica del lugar es un cuadro firmado por algún desconocido pintor que se ha afincado en esta zona de artístas. Quizás con el tiempo te encuentres con una obra de un maestro de la pintura. Los tarros de miel tambien son muy conocidos e incluso las lozas moldeadas por alfareros o del mismo Bernard Leach que ahora es conocido mundialmente.

DAMADENEGRO

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