Estaba previsto para que se levantara grande y majestuoso ante el gran duelo que los cuidadores del Museo le habían hecho firmar: El duelo de Meninas en la pinacoteca madrileña nos ofrece una ocasión inédita, única e irrepetible de comparar, diferenciar, imaginar e incluso divagar sobre la otra gran obra que se le ponía en reto.
Y es asi como estas Meninas vieron pasar por delante de ellas a las otras Meninas, las de Sargent venidas del Museum of Fine Arts de Boston, de donde ha salido sólo en dos ocasiones desde que fuera donada por las protagonistas del retrato en 1919. Este préstamo, bajo el patrocinio de los Amigos del Museo del Prado, dentro de programa “La obra invitada”, ha hecho posible que los dos cuadros estén muy cerca y por lo tanto podamos comparar e incluso imaginar como lo concibió su autor bajo la influencia de las Meninas originales.
Sargent quedó impresionado por la obra de Velázquez, se llevó la esencia misma de esta obra en su corazón para poder plasmarla en el lienzo, su estilo cambió, su forma de concebir las obras, los colores, el fondo y la forma y sobretodo centrar el personaje más importante de la misma aunque no estuviese en su eje principal propiamente dicho.
Queda ante los ojos del visitante y más aún del amante de la buena pintura, ese baile de pararelismo que une los dos cuatros, las miradas de las niñas, el fondo oscuro donde parece ver algo que se mueve. Quizás alguien que observe la estampa infantil desde un espejo o desde una puerta como lo hace en las Meninas auténticas. Curiosamente los dos cuadros guardan algo que sobresale de lo demás: la desunión que hay entre las niñas aún estando tan unidas física y pictóricamente. Cada una es un todo y ese todo forma el gran cuadro lo mismo que lo hizo Velázquez.
Se puede uno acercar más, los trazos son demasiado parecidos. Las dos obras vistas desde pocos centímetros nos descubre que las pinceladas son las mismas, que quizás esa mirada perdida en la nada, este mirando el fondo de la sala que las contempla; allá incluso desvíamos nuestra mirada pensando que alguien está contemplando la escena. O sea quizás alguna obra de arte en la que no hayamos reparado todavía?.
Ya tenemos las dos obras juntas; quizás sea un ejemplo majestuoso de la manera que el cuadro de Las Meninas de Velázquez influyó en Sargent y en toda su obra posterior. Entre 1872 y 1912 Sargent estuvo por lo menos ocho veces en España y nadie duda que esas mismas veces se pusiese frente a las Meninas para impregnarse de ellas, dejando una huella patente en toda su producción posterior y haciendo muchas copias de las mismas.
Curiosamente se guardan los libros de visitas de aquella época en los que podemos ver su nombre y su apellido con la fecha y el tiempo que permaneció dentro del museo haciendo apuntes sobre esta obra. La influencia de Las Meninas en su obra más importante es tan grande que nos aturde la idea de una copia, cuando todo está dispuesto de manera tan desigual y sin embargo, son gemelas.
Las hijas de Edward Darley Boit, cuatro figuras juveniles que se dispersan por el gran lienzo, incluso no están vestidas para salir sino para jugar en cualquier estancia de su casa y todo ello con un sello de interior francés indiscutible y las pone en un marco extraño, una habitación que no está acorde con esos rostros juveniles que sonrosados coloca el pintor en primer plano, jugando al más cerca y más lejos en su clave de relieves; simplemente era el recibidor del apartamento de París.
La mirada perdida de alguna de ellas, la sostenida frente a frente con el espectador de otra mientras juega con su muñeca; simplemente se pierde el sentido del tiempo y por fuerza tiene que mirar a su derecha donde las Meninas, nuestras Meninas están situadas en el mismo ambiente de clarooscuro para que el parecido sea mayor.
Dentro del mismo Museo se lleva a cabo otra exposición sobre algunos pintores que siguieron a Las Maninas en su obra particular y entre ellos están Manet y Picasso. Tenemos que considerar a Sargent como un punto intermedio entre los dos artistas, quizás sea el puente que lleva desde uno hasta el otro.
El perfil de una de las niñas, el perfil de la menina en el otro cuadro….. demasiados parecidos. Los dos pintores tienen la terrible cualidad de hacer pensar al observador, de hacerle comparar y por último de hacerle obtener una respuesta a todas sus preguntas. Queda ese fondo de luz, en el otro ocupado por el pintor. Quizás Sargent quiera que imaginemos a Velázquez asomado a ese punto de luz que bien pudiera ser una puerta.
Conferencias :
17 de marzo a las 19h
Las hijas de Edward Darley Boit, de Sargent. Biografía de una pintura
Erica Hirshler. Museo de Bellas Artes de Boston
Conferencia con traducción simultánea
26 de mayo a las 19h
Los retratos de grupo de Sargent
Javier Barón.
Museo Nacional del Prado
Explicaciones frente a la obra:
Con motivo de la presencia en la salas del Museo de la obra invitada Las hijas de Edward Darley Boit, de John Singer Sargent, del Museum of Fine Arts de Boston, el Área de Educación ofrece una breve explicación frente a la obra para situarla en su contexto histórico-artístico así como en relación con las obras del Prado.
Martes y jueves a las 12h. Del 6 de abril al 27 de mayo
DAMADENEGRO 29/3/2010
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