Es para mandar una postal que explique mejor lo que nos inspira este paisaje; pero no puede ser los Cliffs of Moher son demasiados bravíos como para quedar plasmados en una pequeña estampa. Se tiene que dejar la visita más que programada a sitios de siempre para venir por lo libre a este lugar y poder disfrutarlo a tope. Irlanda es parte de estos acantilados, en ellos está la esencia misma de un pueblo: en sus nieblas y en ese misterioso quejido que tiene el mar cuando rompe en sus rocas.
Oficialmente se recorre en una hora y media, un total de 10 kms de ruta que se deben seguir según los organismos oficiales que cubren unos 600 metros en el que se encuentra el mirador y el centro de visitantes, el precio 70 €. Pensamos otra cosa para poder disfrutar del paisaje sin que nadie nos diga nada.
Recomendado y hecho: desde Dublin el autobus hasta Doolin y reservamos noche en alguno de los hostales de esta pequeña localidad. El siguiente paso es iniciar la ruta hacia los acantilados por la ruta de senderismo Burren Way. La ruta tiene dos direcciones: una hacia los acantilados y otra que se acerca al Parque Nacional The Burren, nosotros nos situamos casi en medio de la ruta e iniciamos camino desde Doolin hasta los Acantilados. Lo ideal es seguir la ruta que bordea los acantilados y que se acerca totalmente al borde con tramos algo peligrosos, no recomendable en días de mucho viento. Andamos recorriendo la costa de Acantilados hasta llegar al centro de visitantes de Cliff of Moher. Desde aquí podemos iniciar camino hasta la última torre que se avista (recorrido de 2 km). La duración media desde Doolin al centro de visitantes es de 3 horas, pero es la única forma de descubrir realmente cómo son los famosos acantilados.




