De nuevo había que hacer ejercicio de olvidar todo lo visto para ponerse la pila nueva y afrontar a un Robin desconocido y con problemas muy alejados de aquel bello personaje tradicional. Exento totalmente del romanticismo loco que le dio el dicharachero Errol Flynn de los años 30 y el ensoñador de hace no tantos años que le idealizó de una forma tal, que lo convirtió en el príncipe soñado por la niñez y en la adolescencia de las espectadoras.
Robin palabra casi sin pronunciar en toda la cinta, es un hombre del pueblo que lucha contra una serie de desmanes pero no en los bosques, sino que se convierte en una especie justiciero sin apenas compañía y con una Mariam también desconocida y convertida en su esposa con aire haraposo. Sus problemas con los señores de las tierras se nos vuelven complicados de entender porque como ya he dicho antes, este Robin no es el Robin Hood, sino un rebelde ante las injusticias poco justificadas en el guión que se nos vuelve complicado y casi cifrado durante el metraje de la cinta.
Centrada en la Inglaterra del siglo XIII, Robin Longstride (Russell Crowe), arquero al servicio del rey Ricardo Corazón de León (Danny Huston), vuelve de las cruzadas saqueando poblados mientras lucha contra las tropas francesas, un factor a tener en cuenta porque nos encuadra la acción con tintes históricos. Cuando Ricardo muere de mano de los franceses, Robin llega a Nottingham con el objetivo de cumplir la promesa que hizo a Sir Robert Loxley (Douglas Hodge) antes de morir, devolver una espada a su padre, Sir Walter Loxley (Max Von Sydow). Allí conoce a lady Mariam (Cate Blanchett), su viuda y una mujer que nos hace reconstruir toda la historia del héroe romántico. Inglaterra es un país debilitado por una larga guerra teniendo de regente a Juan (Oscar Isaac) que es un muñeco en manos de unos cuantos y también tiene que enfrentarse a las fechorías maquinadas por Godfrey (Mark Strong), Robin y sus hombres tienen una finalidad; no consentir que el país caiga en una sangrienta guerra civil.
Creo que como está de moda, nos hemos ido al origen de Robin Hood como antes se había hecho con Batman; ahora son todos “orígenes”, cosa en este caso me ha parecido un sin sabor que le quitado al héroe ese halo de simpatía que le hacía cercano a los jóvenes y niños. Este Robin es un hombre complicado, situado en un paisaje desconocido donde no hay origen de prisiones en países lejanos y con el encuentro de su padre muerto a la vuelta que le hace “tirar al monte”. El padre de Robin está vivo, lleva sus negocios de castillo y súbditos y nos hace perdernos en un guión que nada tiene que ver con la historia original o el cuento que siempre hemos leído y visto en versiones cinematográficas anteriores.
El eterno compañero de Robin aquí se diluye entre una masa de personajes donde aparecen también Mariam y el fraile que lleva un papel también muy lejano del borrachín al que nos habían acostumbrado. Los habitantes del bosque no son tales sino una pandilla de niños sin familia que se refugian en los árboles y atracan a todo aquel que se atreve a meterse en la zona arbolada, que es el decorado de su acciones. Niños que aparecen con máscaras hechas con sacos y que en cierto modo nos confunden con su significado, niños que un día se ponen de acuerdo con este pseudo Robin para protegerle en acciones contra el shérif malo malísimo en otras versiones, y que aquí también se pierde entre tanto movimiento de masas.
La corte pierde todo esplendor en esta versión y el castillo también deja de ser un bastión deseado de vencer. Los personajes tienen todos un color grisáceo tanto en su guión como decorativamente.
No quiero hacerme docta con los guionistas ni el director porque me ha dejado tan perpleja la versión que no sé si realmente esto es una obra maestra o simplemente una esquizofrénica de una historia familiar. Lo que si la considero es una historia más real; quiero decir con ello que parece que se narra un hecho ocurrido dentro de un capítulo histórico del cual podemos comprender las relaciones y las guerras ocurridas entre Inglaterra y Francia en aquellos tiempos y también el significado que las Cruzadas tenía en los hombres de esa época.
El trabajo del actor principal nos recuerda mucho a Gladiator, sus gestos y sus poses son tan semejantes que lo único que choca es la vestimenta, que incluso en algunos momentos nos hace dudar entre las celdas de los luchadores o las mazmorras de un castillo.
De modo que podemos tener la certeza que saldremos de esta película con un personaje más enfundado en hechos reales, con historia, acción y complejidad de carácter. El director nos ha querido regalar un hombre valiente y no un personaje épico. Y para ello lo ha envuelto en un decorado gris, arenoso, de nubes que tan bien le queda a nuestro querido Russell cuando se debate entre la verdad y el honor. Realmente poco ha tenido que cambiar la temática de trabajo del Gladiator, sigue en la misma línea.
La dirección perfecta, Ridley Scott nos lleva al personaje a hechos históricos totalmente demostrado y eso es la mayor novedad del film.

