Tres pasos de la vida espiritual en un solo lugar, casi un camino de perfección no sabemos si para arriba o para abajo pero algo mágico hay en este lugar apartado de muchas miradas de turistas que vienen a ver el Coliseo situado a 300 metros.Una calle inclinada que lleva hasta S. Juan de Letrán, una depresión que hay entre los montes Celio y Oppio. En medio de todo y sin embargo, oculta, se encuentra esta Basílica tímida y bella.
En esta Basílica se superponen tres templos, tres estados diferentes de una misma fé en distintas épocas y que ahora pueden ser visitados enteramente. La fachada del edificio se puede ver desde la calle y es el siglo XVIII, en una capilla interior está la tumba de San Cirilio, creador del alfabeto usado por numerosas lenguas eslavas como el ruso.
Lo primero que nos encontramos es la Basílica San Clemente Romano que está dedicada a la figura de San Clemente I Papa (88-97 d.C.), la iglesia fue fundada poco antes del 385 d.C. sobre edificios romanos. Sede de concilios en los años 417 y 499 que ha sufrido varias restauraciones en los siglos VIII y IX, antes de ser destruida por el saqueo de 1084. Más tarde el papa Pascual II (1099-1118), que había sido cardenal de San Clemente antes de su subida al pontificado, ordenó la construcción de una nueva basílica sobre la antigua.
Carlo Fontana llevó a cabo varias remodelaciones entre 1715 y 1719. Y la sorpresa de la Basílica paleocristina no sería descubierta hasta casi 150 años más tarde por unos dominicos irlandeses que actualmente continúan administrando el templo.
Descendiendo unas escaleras visitamos la basílica anterior procedente del siglo V. Pero aún más importante es el paso siguiente cuando es posible descender más aún en el tiempo y en el espacio: Inmediatamente debajo existen los restos de un templo pagano del siglo II dedicado al dios Mitra.
El dios Mitra es la deidad que da nombre al mitraísmo que fue una religión procededente de Oriente, rival del Cristianismo, que contaba con muchos seguidores, sobre todo entre los soldados romanos.
En la iglesia inferior nos podemos encontrar con los frescos del siglo XI y desde ella podemos acceder por la sacristia a la pinacoteca descubierta en 1857. Las dos joyas del lugar son dos bellos frescos del siglo XI:
- Un Milagro de san Clemente.
- La Traslación de su cuerpo del Vaticano a la basílica (arriba), y en la nave central, la Ascensión (del siglo IX) y la Leyenda de san Alecio.
Otra serie de frescos (que han sido datados del siglo XI) ilustra la pintoresca historia de san Clemente perseguido por los servidores del pagano Sisinnius, prefecto de Roma: estos últimos, ciegos por un mandato divino, atan una columna, que han tomado por el Papa, y tratan de arrastrarla. Las floridas expresiones que el prefecto emplea para animarles, y que pueden leerse en el muro en una especie de dibujo animado, constituyen uno de los primeros testimonios de la lengua vulgar.
La Iglesia superior o Basílica se definen con sus características propias: exteriormente ha conservado su aspecto medieval con el vestíbulo, el porche y el atrio. En su interior reproduce, en dimensiones reducidas, la planta de la iglesia inferior.
En medio de la nave central se encuentra el cancel del siglo XII que está constituido en parte de elementos que pertenecían a la antigua iglesia: el ciborio del siglo VI y el candelabro pascual del XII. Un grandioso mosaico de comienzos del XII con el nombre de “El triunfo de la cruz” decora el ábside. A la derecha de la entrada principal está la capilla de Santa Catalina decorada con frescos de Masolino da Panicale.




