MAMA
30 abr 2011 Comentarios desactivados
in intimidades, relatos Etiquetas: mama
Sus manos estaban acostumbradas a los hilos y a las agujas, hacía milagros con un trozo de tela porque le venía de familia; tuvo en su hermana el mejor ejemplo de saber hacer con un metro de tela y un poco de idea y allí, con ella se afanó trabajándose sus modelos, aquellos que soñaba cuando veía las películas de su actriz favorita Verónica Lake. Vestidos de verano floridos y alegres, siempre fue de floreados, nunca amó el negro del luto; los abrigos de doble paño y de cruzado pecho. Magia mamá.
Se dejó los ojos con sus costuras nocturnas porque dormía poco y rápido y se paseaba por las calles de Cádiz y de Conil y de Jerez haciendo que muchas cabezas se volveran para admirar el modelito de turno. Y ahora, las numerosas fotos confirman mis sospechas de que su cabeza negada para algunas cosas se volvía genial en el arte de la aguja y la tela. Y tuve durante toda mi niñez y mi juventud la prueba de su bien hacer y de estar a la última con los modelos que me hacía en apenas dos días. Minifaldas, abrigos de cuadro que incluso sacaba de pantalones antiguos de mi padre…. increíble¡¡¡¡
Su amiga Anita está en muchas fotos con ella y también se vestía con los modelitos que le confeccionaba. Pero Anita perdió a su padre a temprana edad y tuvo que guardar el luto riguroso durante al menos cuatro años (establecido socialmente en aquellos años) y después dos de medio luto. Y las fotos se apilan con las dos modelos andando por las calles de algún pueblo o de alguna ciudad… no porque posaran sino porque siempre tuvieron un amigo fotógrafo que le gustaba hacerles cien fotos cada mes; y más tarde con el amigo de mi padre que plasmó a la pareja en cientos de fotosen blanco y negro.
Y aquí la tenemos con su modelo. Con sus zapatos hechos a medida, también elegidos de las fotos de su actriz favorita y por supuesto en esos parajes tan tremendamente familiares. Y sola o acompañada con la sonrisa especial de sentirse retratada se dejaba querer por la cámara; era coqueta, si señor lo fue hasta el final de su vida en que ya hundida en el pozo de los últimos momentos, se acicalaba ante el espejo su pelo gris como hacía veinte o treinta años antes, dibujada en el espejo para que luciera como recién peinado. Y se sentaba en la mesa camilla de la residencia cogiendo el borde de la ropa dando puntadas imaginadas con invisibles aguas e hilo… se quedó dormida un día seguramente soñando que se iba a encontrar con su querida Verónica al final del camino.
Y a pesar de la guerra, de los muertos, de los ratos de agonía que tuvo que pasar en época tan tremenda en la historia de un país, ella nunca perdió su firma de alta costura, sus modelos de flores, sus telas claras, sus abrigos de lino claro o marfil, el modelo invernal ajustado a la cintura y también sus lutos incluidos en el modelo de boda que era de color azul, único que se podía escoger para aliviar en tan especial circunstancia, el negro riguroso.
No conectamos totalmente nunca, pero en los últimos años, se perdió ese recelo por mi parte al invertirse los papeles … y la niña se convirtió en mujer y la mujer en niña. Como tal había que tratarla y mimarla. Descansó en paz al final porque realmente hacía mucho que no descansaba desde que se fue mi padre de este mundo. Al fin y al cabo ya eran uno solo después de tantos años y de estar siempre juntos ante lo bueno y lo malo… típico de los matrimonios de aquellos bellos y elegantes 40´s.
** En memoria de mi mami Candelaria. Quien te iba a decir que estarías en internet; ya ves lo que tu hija ha llegado a ser y lo que puede hacer….. besitos cariño.
**1º capítulo de Mi Memoria Histórica: antepasados
DAMADENEGRO 25/9/2009
Verónica Lake
Cabo Camarinal-Bolonia-Miradores-Cueva del Moro (Tarifa-Cádiz)
29 abr 2011 Dejar un comentario
in mis experiencias, viajes Etiquetas: Cabo Camarinal-Bolonia-Miradores-Cueva del Moro (Tarifa-Cádiz)
Se trata de una excursión a pie de unas 2 horas (contando la ida y la vuelta de paseo, parando y apta para todos los públicos.
El punto de partida es el Faro Camarinal, dejándolo a la espalda se sigue el camino de tierra con dirección ascendente. Este camino es cómodo y en media hora nos lleva a una carretera asfaltada; allá abajo está Bolonia.
En este trayecto nos cruzaremos con una casa y con animales como cabras, burros, ovejas, caballos y perros que ladran. A lo largo del camino hay una zona boscosa a la derecha con el mar de fondo y una pared de piedra a la izquierda.
Ya en la carretera asfaltada veremos el panel informativo y tomaremos nota de por donde debemos seguir; todo está bien señalizado.
No tiene pérdida puesto que solo hay que seguirla parando en los miradores.
La belleza siempre nos devora; es fabuloso sentirse la dueña del mundo.
La Cueva del Moro:
La Cueva del Moro (Tarifa, Cádiz) pertenece al conjunto de arte rupestre denominado arte sureño, que se encuentra en el sur de Andalucía (España) y representa el Santuario Paleolítico más meridional del continente europeo. La cueva está situada sobre una laja de arenisca que en su base conserva los restos de un antiguo alcornocal. Se trata de un abrigo de grandes dimensiones que consta de dos pisos superpuestos y está formado por la erosión eólica y por corrosión, lo característico para las areniscas silíceas de las sierras del Campo de Gibraltar
La Cueva del Moro representa el Santuario Paleolítico más meridional del continente europeo. En su interior se encuentran grabados de caballos, junto con otros signos y pinturas rupestres de color rojo. Las figuras más antiguas, descubiertas por Lothar Bergmann, tienen una edad de unos 20.000 años (Solutrense) y son incluso más antiguas que las pinturas rupestres de bisontes de la mundialmente famosa Cueva de Altamira.
La Cueva del Moro es el único lugar de reproducción en Europa del vencejo moro (Apus affinis).
Nada más producirse el hallazgo de los grabados paleolíticos por Lothar Bergmann, el Director del Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, José Castiñeira Sánchez, realizó los trabajos de coordinación para su investigación. Por encargo de la Junta de Andalucía Martí Mas Cornellà y Sergio Ripoll López de la UNED (Madrid) realizaron en 1995 los primeros estudios del arte rupestre de esta cueva. Los resultados se publicaron aquel mismo año en Trabajos de Prehistoria. En estos se confirmaron la existencia de las figuras encontradas por Bergmann y la antigüedad del hallazgo.
En los meses siguientes, durante la elaboración de la topografía y en plena lucha por conseguir la protección del lugar, Lothar Bergmann descubre más grabados. Los científicos de la UNED no se habían fijado en la existencia de varias otras figuras.
En 1996 Bergmann publica en la revista de Estudios Campogibraltareños la existencia de nuevas figuras. También informa a la Consejería de Cultura sobre la falta de estudios multidisciplinares más profundos y recalca la necesidad de la protección del abrigo, así como de un estudio de posibles efectos segundarios que dicha intervención pueda ocasionar en el soporte físico.
A pesar de la importancia del yacimiento, el abrigo quedó sin protección y sufrió en los años siguientes daños irreparables a causa de excursionistas incontrolados. Tampoco se realizó ningún otro estudio.
Tres años más tarde, el 7 de junio de 1999, Bergmann empieza un encierro en la cueva. Es en el tercer día de encierro, el 9 de junio, cuando se consigue la meta: Llegan los materiales para las rejas y comienzan los trabajos de protección del arte rupestre de la cueva. Gracias a esto todavía queda algo para investigar en este singular yacimiento.
El 17 de junio de 1999 la entonces Consejera de Cultura, Dª Carmen Calvo Poyato, compareció ante el Parlamento Andaluz, señalando que esto es una obra de emergencia y “lo que más preocupa ahora es el proyecto de investigación a llevar a cabo en esta cueva”. (Sevilla, 17-06-99 (EUROPA PRESS))
DAMADENEGRO 29/4/2011
EL HOMBRE DEL CUADRO
27 abr 2011 Comentarios desactivados
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Subí corriendo las escaleras del primer piso, el edificio que tanto conocía y que tantas veces había visitado tenía una de las sorpresas más agradable que el arte me había proporcionado a lo largo de mi larga vida; allí te había encontrado plasmado en un lienzo casi hace diez años y me interesé tanto por el personaje que se retrató en su día que había muy poco que no sabía de ti.
El calor se había quedado fuera y llegué fragante a la primera planta, dos salas y ya me encontraba frente a frente con ese enigmático personaje que tanto me sedujo en la primera cita. Después consulté libros y más datos hasta dar con quien era ese hombre que altivo se mostraba en el lienzo. Estoy frente a ti y curiosamente hoy encuentro una expresión nueva en tu rostro, parece como si estuvieses en relieve. Casi quiero levantar mi mano para acercarla a la pintura pero mi intento queda en nada porque se vigila el lugar como corresponde. Casi una sonrisa dibujo en mi rostro como diciéndote que “ya te conozco, ya se quien eres”… Y no puedo evitar sentir una gran satisfacción por saber el nombre y el apellido de ese noble cortesano inglés que me sigue mirando con extraordinaria naturalidad desde los brochazos limpios de la escuela de pintura de su tierra.
Me doy media vuelta y bajo por las escaleras; allá en el salón de entrada se arremolinan un grupo de ingleses, compatriotas tuyos, que viene a visitar el museo con guía propio; ahora le contará toda tu historia, tus amores y tus secretos. Mientras bajo noto cierto olor especial; ese mismo que se rebela cuando va ocurrir algo especial en mi vida. Flores marchitas de nuevo, siento que algo importante va a ocurrir y cuando traspaso la puerta de entrada del museo me doy cuenta de que he atravesado de nuevo la puerta del tiempo. Los carruajes circulan por el Paseo con el agravante de que el museo no es tal sino un domicilio particular, me dirijo hacia la reja de entrada y veo como un carruaje con caballo negro espera en la misma entrada. El cochero me saludo cortésmente y me abre la puerta del carruaje y al intentar entrar mis ojos se quedan clavados en el asiento trasero de la cabina de madera oscura. El, tu estás allí sentado esperándome. Una sonrisa ilumina tu rostro cuando me siento a tu lado seguramente con la palidez dueña de mi rostro por la emoción y por los nervios.
El coche se traslada por un Paseo del siglo XIX, las damas lucen sus modelos largos que limpian el suelo y el barullo de coches de caballos, y personas no entienden a semáforos ni a ninguna norma de tráfico. Vamos hacia la antigua estación, curiosamente yo que la conocí aún estado en funcionamiento la vuelvo a ver como hace cuarenta años. Los trenes de madera se acumulan en sus raíles con las máquinas echando vapor…
El coche acomete la cuesta que lleva hasta los Jardines donde pasean los hombres y mujeres que ya yacen bajo losa… qué ha pasado, qué tiempo? Se para el carruaje y te bajas abriéndome la puerta por entero mientras me ofreces tu mano para que me apoye mientras desciendo los tres escalones del coche que quedan ocultos cuando se cierra la puerta. Y del brazo vamos paseando uno junto al otro como una pareja más. Tus manos, bellas manos se cruzan una con la otra ante la levita y el chaleco rojo con reloj de oro que se balancea con cada paso de su dueño. Y casi de reojos veo tu rostro con una sonrisa hermosa… qué estoy viviendo?.
Al llegar al lago te paras y me ofreces el banco, me siento y una de tus manos acaricia mi mejilla no si antes mirar a un lado y a otro, pues la época no ve bien esa demostración de amor en público. Dios quien eres?… me enamoras tanto ¡
Y te levantas con firmeza y te pones frente y el gris de tus ojos se hace dueño de mis deseos… ay de mí que caigo en el infinito como siempre muerta con unos ojos así. Y me dices:
“Ya era hora de que yo te invitara a dar un paseo por mi tiempo, al fin y al cabo siempre vienes tu a mí; ahora se ofrezco el paseo que siempre deseo bajo una firma de entrega de mi alma a los infiernos”.
Me levanté de pronto y frente a él negué cien veces que hiciera esa trato.
“No importa respondió, al fin y al cabo ya estaba condenado antes de conocerte quizás porque no te pude conocer en mi tiempo; era un hombre amargado”
Caminamos unos pasos y detrás del viejo olivo, los dos rostros quedaron tan cerca que pude percibir el aliento a almendras que salía de su boca. Tanto tiempo esperando, leyendo sobre el y ahora le tenía en carne y hueso frente a mí, cara a cara… y el beso. Qué beso que en el tiempo ha quedado suspendido, abarcando el puente que hay entre su siglo y el mío. Mil latidos dio el corazón del amor que en su reloj está prendido y quizás por esa razón tomó la cadena de oro y en mis manos puso su regalo; precisamente nuestro enemigo ahora sería mío. El reloj regalado entre siglos.
Volvimos por el camino hasta el carruaje, el cochero nos dio el saludo a medida que abría la puerta y los escalones caían al suelo mientras mi mano en la suya reposaba, queriendo quedarse siempre con el, qué pena Dios mío¡
Y el camino desandó, llegó de nuevo a la gran mansión, me bajé y al volverme casi me coge el autobús repleto de turistas que hace su recorrido…. se ha ido.
Y de vuelta a mi hotel el reloj en mis manos reluce como oro recién pulido… curiosamente no se había parado, siguió su camino.
**Capítulo 6º de Mi Memoria Histórica: Experiencias.
*El inspirador se encuentra en el Museo Thyssen de Madrid (primer piso)
SENDERO DEL SALTO DEL CABRERO (CADIZ-SIERRA)
26 abr 2011 Dejar un comentario
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Situación:
En la carretera A-372, de Benamahoma a Grazalema, un punto de referencia importante es el Puerto del Boyar, en el Km 49. Desde el mirador situado en este Puerto parte el sendero.
Dificultad: Media – Alta
Recorrido: 9 Km
Duración: 5 horas
Descripción
Este sendero parte de la población de Benaocaz y finaliza en un mirador, tiene el atractivo de permitirnos contemplar de cerca un paraje de naturaleza insólita, El Salto del Cabrero. Éste es uno de los enclaves más importante de la Sierra de Grazalema, una falla de paredes verticales (ochenta metros de caída) separadas entre sí por una distancia de cincuenta metros.
Desde el Puerto del Boya lo iremos viendo cada vez más cerca a medida que recorramos este sendero. Que éstas sean tierras de cabreros no nos resultará extraño, dada sus características, pero necesitaríamos dejarnos convencer por las leyendas para creer que uno de ellos, portando una cántara de leche para su hijo enfermo o huyendo de un prestamista, lograra dar este salto de una a otra cumbre del desfiladero, casi gemelas y separadas unas decenas de metros.

El carril discurre por la falda noroeste de la Sierra del Endrinal, con vistas de la depresión del Boyar, a nuestra derecha, hasta llegar a un bosque de pinos, más tarde sustituidos por encinas, quejigos, tomillo, cardo de espinas amarillas.
Cruzaremos la primera cancela, dejándola como la hayamos encontrado, (abierta o cerrada, pauta que seguiremos en todos los casos) y bajando para después subir otra vez. Desde este pequeño alto veremos, de izquierda a derecha, la casa de las Albarradas, detrás el Salto del Cabrero, más detrás aún, la Sierra de la Silla, el Embalse de los Hurones y el de Guadalcacín, el Cerro de las Cuevas, la Sierra de Albarracín, el Embalse de Bornos y casi a nuestra espalda la gran mole de la Sierra del Pinar.
Seguiremos por el carril, con unos tajos donde gusta cobijarse la chovas piquirrojas o los roqueros solitarios. Cruzamos primero una cancela para después llegar a una angarilla, y a partir de ella empezar a subir. Cuando se hace más lisa la cuesta veremos a nuestra derecha la Fuentezuela, con las ruinas de una casa y más abajo, una zona desforestada donde se cultivaban los cereales, junto a un abrevadero para el ganado. El sendero sigue en ascenso, a la derecha y después a la izquierda, hasta llegar a una alambrada con carteles de coto privado de caza. Si cruzamos en el llano que hay frente a ella, hay una bella panorámica del Salto del Cabrero.
De vuelta al sendero, y tras cruzar una pared de piedra descenderemos hasta llegar a un llano rodeado de montañas; al suroeste, una vereda que nos dejará justo en el filo de la pared suroeste de la falda, desde el que se ve el fondo del desfiladero.
Volveremos al llano para tomar dirección sur y subir al histórico puerto de Don Fernando, con Benaocaz cada vez más cerca. Un poco más adelante, encontramos una calera, donde se obtenía la cal con que se pintaban las fachadas de estos pueblos blancos, con paneles que nos ayudan a comprender mejor dicho proceso. A partir de aquí empezamos una fuerte bajada que tras unas cuantas cancelas nos llevará al arroyo Pajaruco, el cual cruzaremos por un coqueto puentecito, desde donde sólo nos queda un pequeño paseo y la última cancela para llegar a nuestro destino: Benaocaz.
DAMADENEGRO 26/4/2011
EL BALNEARIO
25 abr 2011 Comentarios desactivados
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Aquellos pasillos jugaban con las sombras que daban los cortinajes blancos inflados por el aire montañero; aquellos pasillos eran largos y anchos, a un lado en azulejos sevillanos se recreaban la historia del baño, mujeres aseándose y niños jugando desnudos siempre con el agua manando de montañas o fuentes. Mosaicos hechos en azulejos de una belleza que rallaban la perfección; cuerpos voluptuosos que se dejaban caer a la primeras horas de la tarde, el sol al fondo quizás de este edén regalado a los ojos de los pocos humanos que teníamos la posibilidad de disfrutar de su visión. Y los suelos con ese juego blanco y negro de grandes losas de mármol, belleza simétrica y mareante que hacía ver sombras inexistentes en la blancura de los visillos después de jugar a saltar con esa combinación blanco y negro tan especial.
De dónde han salido esa obra en tul que adornado con viejos encajes cerraban los ventanales con rejas de conocida fábrica?. Volaban al viento fresco de la montaña próxima y los dos corríamos por ese pasillo de nuestro castillo particular mientras hacíamos tiempo para que la abuela tomara sus sesiones de barros y aguas contra la enfermedad que padecía en sus piernas desde hacía años. Viene una enfermera y se pierde por el otro lado del pasillo, cerrando la pesada puerta de madera; de nuevo somos los reyes de este reino sin vasallos.
Y de la mano tomábamos velocidad para que el impulso nos hiciera resbalar por el pulido suelo. Mis enaguas volaban como palomas inmaculadas ante el sol y sombra de rejas y cortinas de la mano de mi querido niño de rizos rubios que reía y reía viendo como mis zapatos me hacían llegar mucho más lejos que los de él. Y de pronto….
Se escuchan las notas del piano, nos escondemos tras la puerta entornada y en la sala colindante el viejo profesor de música acariciaba ese piano de cola que resaltaba al contraluz de la sala de conciertos. El hombre no se daba cuenta que cuatro ojos llenos de juventud se maravillaban con sus notas. Y nos pusimos a bailar un imaginario vals… así entramos en la sala de música bailando como una pareja danzante en caja de música del siglo pasado. No recuerdo por que no llevaba vestido pero mis enaguas blancas con encajes parecía un traje sacado de una vieja fotografía que tanto enamoraba a mi niño.
El viejo profesor nos miró un poco asombrado y se puso a las teclas tocando el vals… un vals para los dos niños que daban vueltas en la inmensidad de la soledad de ese salón en que se perdían las paredes en la lejanía de la vista. Niños bailan, bailan un vals…. vals que rompe el corazón de quienes los dejaron unidos para la eternidad.
Y cuando las vueltas eran eternas, no se hacían innumerables, sonó la voz de la abuela… niños¡¡¡ donde estáis? y se quedó muda en el umbral de la puerta enfundada en su albornoz y con la enfermera a su lado. Quizás se impresionó por el marco espléndido que nos rodeaba y los dos con enaguas blancas la niña y con pantalón corto también blanco, el niño cogidos de la mano le hicimos una reverencia como si fuera la emperatriz del imperio ruso y mi mano abrió como un abanico almidonado las enaguas que parecieron traje de corte. La abuela se emocionó…. siempre se emocionaba con los dos.
Y es así como volvimos a nuestras habitaciones en el balneario; la merienda nos esperaba en la mesa redonda donde los tres compartíamos techo y lecho. Bollos, ensaimadas, crema de cacao, una taza de perfumada infusión para depurar el aparato digestivo… era como así todos los veranos hasta que la gran madre, mi abuela, murió. Y después se metía detrás del biombo chino donde tenía preparada la ropa y los dos niños que éramos nosotros jugábamos en cama, sillones, sofás… y después llegaba el momento de lucir gala para bajar al salón interior o el jardín donde se olían los nardos tempraneros criados en invernaderos. Sentados a ambos lados de la abuela paseábamos las miradas a las otras mesas; hijos con padres, las titas con sus sobrinos y más abuelas con nietos… era el sitio ideal para recuperar la vitalidad y para comenzar a educar en sociedad.
A partir de las siete se ponían los manteles, la cena ya estaría preparada en las cocinas con esos caldos naturales en ebullición. Los platos de la cercana Cartuja y los cristales tallados y llenos con ese agua perfecta para la digestión. Flores secas formaban los centros de mesa y los tres tomábamos asiento con los pies casi colgando nosotros dos, y todo se volvía muy desvaído. El silencio solo estaba roto con el ruido de los platos y los cubiertos; algunas veces para amenizar, se escuchaba la música de un violín, nostálgico y bello.
Nos dejábamos los días en esa atmósfera llena de encanto… y por supuesto él y yo, yo y él…. y el aire, el sonido, las flores, los silencios, el roce de los tules, el tilín de las lágrimas de las lámparas de cristal, las sábanas de la Viuda, los gorriones del jardín, los balcones que daban a la fuente, las moreras, los abetos, los cipreses…. aromas de balneario de mi niñez.
Y me hizo el regalo en caja de cartón un día antes de volver…. mi primer regalo de amor¡¡¡ y me abracé a su cuerpo como queriendo fundirme con él; Dios como le amaba….
*2º Capítulo de Mis Memorias Históricas: la niñez y adolescencia.














DAMADENEGRO 14/5/2009







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