EL VALLE DE LOS CAIDOS

Publicado: abril 27, 2010 en mis experiencias, viajes
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 El autobús enfiló la última vuelta hasta llegar a la explanada, aquella misma que  me recibió en el 68 durante el gran viaje de 28 días por el país y que nos dejó un oh helado en la boca ante las dimensiones desmesuradas del lugar. Quizás nunca el mármol se adaptó mejor a la configuración del terreno como lo es este polémico y gigantesco monumento.


Su historia ya de por sí lleva polémica, entre quien lo hizo y por qué, cosa que dejamos para las opiniones de los que nunca dejan descansar a los vivos  ni a los muertos. Lo hecho, hecho está y ya  no hay más. De modo que la inmensa cruz que deja atónito hasta los mismos no creyentes calla, enmudece y guarda los secretos, los gritos enmudecidos por la pena de muchos años y quizás el ruido de grilletes mentales y físicos. Pero todos quedan prendados ante las alturas, el tamaño, las dimensiones de todo en este sitio especial y para los aficionados hasta esotéricos que aman  buscar signos escondidos en las roídas piedras hoy en día,  pues se nota ya el paso del tiempo, y las caras de los evangelista se ven blanqueadas como si las lágrimas del cielo fuesen de sal… sal seca que semejan chorros de pena. 


Y bajamos ante el éxtasis de la fachada principal donde Madre dolosa sostiene al muerto Hijo, una obra colosal que enloqueció la mente de Avalo. Poco a poco, ni siquiera hablar sujetos en el temor de que estamos pisando un suelo impregnados de sensaciones penosas, caída de muchos, llantos de otros, gloria de unos pocos, muerte para todos.


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Y pasada la puerta colosal, dejando impregnada la imagen de su entrada con la gran cruz coronada, nos sumergimos en una oscuridad doliente, un halo de luz indirecta que está escondida en los pocos adornos ornamentales…. Las imágenes son un llanto más, una colosal firma de un escultor que como Miguel Angel, enloqueció entre la grandeza de sus pasiones y la mano que hacía el milagro. El pasillo que nos lleva hasta el altar mayor se dividió en dos por una reja, quizás para no retar en dimensiones al primer templo de la cristiana y católica Roma. De este modo, dos ambientes en la misma dirección para llegar hasta la cruz suspendida en la oscuridad buscada por luces que  no quieren alumbrar, con miedo a darse luz una a las otras, la cruz flota en el ambiente, levita entre la fe y el dolor. Cuatro dolientes guardan el misterio en hierro corroído por el tiempo.


Hay que hacer esfuerzo para ver la cara de los que velan el sueño de los muertos, pero uno en particular entre estos cuatro, es la pasión de  mis desvelos. Quiero imaginar su rostro pero desde todos lo oculta, tan bien estudiado que jamás se puede ver su rostro ni con el flash de la máquina. Los paños que caen sobre si mismo, se ondulan, juegan o bailan de tal modo que hacen casi de sudario porque no está bien claro si refleja un vivo o un  muerto.


Y el ambiente se hace denso cuando llegamos al altar serio, lleno de sencilla decoración, dejando a un lado la cruz que levita y los cuatro ángeles custodio, nada más, simplemente nada más. Dejamos ansías de hacerse notar, historia o testigos buenos o malos. El monumental en piedra es digno de ser admirado, adorado y venerado como una obra descomunal como muy pocas hay en el mundo hecha de mano humana.


Y pasamos al convento, el que guarda a los monjes que acomodan sus rezos a un lugar para la oración y atiende en su posada a alguien que quiere pasar unos días de meditación a la luz del mármol. Descomunal también su diseño y ese patio que brilla a la luz del sol. Y después de ver algunos contraluces que se dan entre los arcos, los árboles y la cruz de fondo nos encaminamos hacia ella con paso precipitado como quien va a hacer una ofrenda. Subimos los escalones mil veces pisoteados, críticos, gente de fe, mirones históricos y asombrados turistas en general. Y en ese balcón que nos da miedo, los cuatros evangelistas miran al horizonte, Juan, sin barba y Lucas también por expreso deseo de su imaginador. Sus mascotas preferidas, águila, león… la mirada perdida entre tanta grandeza y la cruz. Rompe el cielo, rompe el azul y las nubes, la cruz del valle es más que un monolito, es el final de la obra, el principio del camino, la meta o quizás el final de todo. Las vibraciones se hacen aquí más fuerte, Juan de deja tocar, tengo la misma dimensión que uno de sus dedos del pie derecho.


Y los libros en sus manos, escritos con dedo divino o quizás es lo que se pierde en el aire pesado de su balcón, balcón al infinito, que perdida tienen los evangelistas la mirada en su final… qué mirarán?


Y bajamos, bajamos hasta la explanada de nuevo, nos volvemos y prometemos lo mismo que la primera vez, volveremos porque hay que rezar al aire libre y aquí se puede hacer porque no se puede mirar al suelo, vemos más allá de las losas…. que hay bajo las losas?… no quiero saberlo.


DAMADENEGRO 21/11/2008


 


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Zafarrancho en el Valle de los Caídos


Patrimonio Nacional comienza el desmontaje del grupo escultórico de ‘La Piedad’, situado en la basílica y cuyo mal estado provocaba desprendimientos


RAFAEL FRAGUAS  –  Cuelgamuros





 

EL PAÍS – 27-04-2010


Apear y restaurar la enorme escultura para evitar el peligro real de desprendimientos sobre el público. Este es el propósito del desmontaje del grupo escultórico de La Piedad, obra de Juan de Ávalos, en la basílica del Valle de los Caídos. Las obras comenzaron ayer a 25 metros de altura en el dintel del pórtico del templo con una sorpresa: la piedra caliza en que fuera esculpida en 1952 no es maciza, sino que ha fraguado sobre una base de hormigón.


Cinco operarios de una empresa de Arganda contratada por Patrimonio Nacional, organismo estatal que administra el enclave, acometieron la tarea de desprender, mediante radiales y cuñas, siglar, contingentar y empaquetar en cajones las primeras de las 151 piezas que componen el primer conjunto escultórico de la basílica madrileña. El templo, construido entre 1940 y 1957 por 20.000 presos políticos republicanos, está situado en un complejo abacial a los pies de la cruz de 150 metros de altura y 46 metros de anchura en sus brazos, que lo corona en Cuelgamuros, a 58 kilómetros de Madrid. La basílica fue excavada 260 metros en la roca.  


La caliza de La Piedad, procedente de canteras zaragozanas de Calatorao, muy versátil para la talla, sufre fisuras causantes de desprendimientos considerados muy peligrosos para los visitantes y empleados del templo, el tercero más frecuentado de los monumentos madrileños. Empero, el oficio religioso del mediodía se mantiene, si bien el acceso a la basílica, habitada por 23 benedictinos, evita la entrada principal.  


Hasta 151 piezas de 15 centímetros de espesor componen el chapado o forro pétreo externo del grupo esculpido parcialmente en voladizo, de cinco metros de altura por 15 de anchura y tres metros de profundidad. Las piezas fueron extraídas desprendiéndolas de sus junturas mediante cuñas y radiales para el examen de sus fisuras. Muestran lajas; cada laja es siglada y acomodada en cajones, apeados hasta el suelo mediante una grúa de pluma de 80 toneladas y 40 metros de longitud. Posteriormente, se almacenan en un local contiguo, la cafetería del funicular, cerrada al público desde 2008. Allí, las piezas serán examinadas y estudiadas, e ideada la metodología idónea para tratarlas.  


Patrimonio Nacional se propone restituirlas en su integridad siempre que sea posible -para ello ha realizado un estudio previo en 3D que milimetra toda la superficie-; pero los hallazgos de ayer sugieren que tal propósito puede ser inviable, según fuentes técnicas. El desmontaje podría prolongarse dos meses. Luego, se abrirá otro proceso, propiamente restaurador, tras convocar concurso público.  


El grupo escultórico fue concebido por Juan de Ávalos (Mérida, 1911-Madrid, 2006), que empleó en su labra piedra de alta vulnerabilidad térmica, explica Ángel Balao, experto de Patrimonio Nacional destacado en la obra que supervisa el responsable de Actuaciones Histórico-Artísticas del organismo, Juan Carlos de la Mata.  


Los cambios térmicos, que pueden variar en Cuelgamuros desde los 60 grados centígrados diurnos a los dos grados a medianoche, en verano, más el incesante azote de vendavales y las copiosas nieves caídas hasta hace unas semanas, han acelerado la fragmentación natural que este tipo de piedra experimenta. Ya el 11 de julio de 2008 se precipitó al suelo, desde el dintel donde se encuentra La Piedad, un fragmento del antebrazo de la figura yacente, de 30 kilos de peso. Desde entonces permanecía mallada. Dos fragmentos, de tres y cinco kilos, respectivamente, se abatieron recientemente sin causar desgracias. 




 Juan de Ávalos Carballo, primogénito del escultor, consultado por este diario, dijo al respecto: “Creo que es un escándalo y un delito que La Piedad se desmonte sin autorización del abad”. No obstante, el abad, Anselmo Álvarez Navarrete, de 78 años, precisa: “Las obras obedecen a la seguridad de los visitantes: confiamos en que pronto pueda restablecerse plenamente la cualidad de lugar de culto que el Valle posee”. Luis de Ávalos, hijo menor del escultor, destacó por su parte: “La actuación de Patrimonio Nacional es correctísima. Sus técnicos saben bien lo que hacen. Restaurarla in situ es inviable”.




 

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comentarios
  1. jose dice:

    EL VALLE DE LOS CAÍDOS es, junto con el Monasterio de El Escorial, una de las primeras maravillas del mundo. Y si estuviera iluminado como la Torre Eiffel, 20.000 bombillas, 352 proyectores de 1.000 vatios cada uno y 4 reflectores de neón de 6.000 vatios cada uno que giran, sería, sin duda, LA PRIMERA MARAVILLA DEL MUNDO.
    Un turista italiano, que había recorrido muchos países, decía que era “posiblemente la construcción más grandiosa del siglo XX”.

    La Cruz, situada encima de la montaña vaciada, pesa 26 veces lo que la Torre Eiffel.

    ¿CÓMO SUBÍAN LAS PIEDRAS PARA HACER LA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS?
    Esta es la pregunta que se hacen la mayoría de los turistas.
    Entérese en :http://www.visitaturistica.com

    Ni hubo 20.000 prisioneros, ni trabajos forzados, ni subían las piedras a cuestas “Entre todos cargaron las 181.740 toneladas de piedras” (elmundo.es), o con poleas, ni hubo centenares o miles de muertos, “Caían cuatro o cinco diarios” “Tanto TVE como “El País” o “ABC”, la Asociación por la Memoria Histórica y otros medios de prensa han difundido una serie de datos sobre el Valle de los Caídos para justificar los proyectos del gobierno de cambiar el carácter del monumento. Datos como los siguientes: habrían trabajado en las obras 20.000 presos políticos en trabajos forzados en condiciones infrahumanas, régimen de esclavitud, con miles de muertos en accidentes laborales”. “Hubo catorce muertos en todo el tiempo” (Ángel Lausín, médico.)

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