MADERAS DE ORIENTE

Publicado: septiembre 13, 2011 en intimidades, mis experiencias, relatos
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Siempre estuvo en el tocador, aquel que tenía un espejo en el centro y dos a los lados que se movían de tal manera que podías verte por todos lados; allí en otros tiempos,  las mujeres se aseaban, se peinaban y se colocaban sus sombreros o velos según fuese la ocasión. Allí estuvo delante de mis ojos durante toda mi niñez, su envase azul y blanco donde se representaba una luna y un minarete árabe siempre estuvo en los dos tocadores donde pasaba horas y horas mirando. En el de mi abuela y en el de mi madre.

Olor a madera perfumada, olores de maderas traídas de viejas tierras perdidas en el horizonte lejano, suavidad como las arenas que la vieron soñar, puestas del sol y luces de luna que quedaban reflejados en ese paisaje en blanco y azul.

La barita de madera que había en su interior era mágica, despertaba sueños como los miles que embaucaron a un sultán de tierras perdidas en el tiempo.  Y fue hace tiempo cuando se perdió ese olor tan familiar, sustituido por otros extraños aromas que venían de países más cercanos.

Hacia años, muchos años que mis ojos la añoraba, el olor, el color, sus formas coquetas de cadera femenina. El tiempo de nuevo jugo a mi favor. El viernes, pasado se hizo presente y me trajo de nuevo la imagen tan familiar en unos grandes almacenes.

Creí que era broma  del destino, era real; en medio  del stand de esa marca tan española estaba la joya de la corona. Y no dando crédito a mis ojos fue hasta ella porque pensaba que jugaba la broma de sacarles los recuerdos a las mujeres muy  maduras como yo.

Era real, se vendía lo mismo que los mil productos que siempre fabrico esa marca y que aún conserva la belleza de los bellos rostros que adorno y maquillo en sus tiempos de mayor esplendor.

Un probador hizo de nuevo el milagro; respire con profundidad, y mis pulmones se fueron llenando de ese aroma sensual, suave y cálido, familiar  y lejano. Volví a sentir las manos que ponían  polvos sobre la nariz y color en las mejillas, el rojo de labios, y ese toque especial con el pulverizador azul, manual y que se podían quitar.

Si, volví a sentir a esas dos mujeres que tanto me marcaron, ese era su perfume y no pude resistir la tentación de envolverme de nuevo de pocos años, de sonrisas infantiles, de miradas picantes, de labios perfectos y rojos, de vestidos hechos con la luz que entraba por el balcón de visillo de crochet. Volví a sentir tantas cosas que me maraville de haber vivido tanto y con tantos recuerdos bellos.

Hoy envuelta en su perfume, recuerdo el ayer y me presto al camino del futuro con el aroma de  Maderas de Oriente de Mirurgia.

DAMADENEGRO 13/9/2011  

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