Oda de la Alegría

Publicado: septiembre 24, 2011 en relatos
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Armonía, verdad, orden, belleza perfección, me dan Alegría porque

         me transportan al estado activo del Autor y Posesor, porque me revelan

         la presencia de un Ser sensible y razonable, y me hacen sentir mi

         parentesco con El. Hacednos concebir la perfección, y ella se hace

         nuestra. Hacednos comulgar con la alta Unidad idealista, y nos

         ligaremos los unos a los otros, con un amor fraternal. Hacednos plantar

         alegría y belleza, y cosecharemos belleza y alegría. Nada más sublime

         que todo eso en la Alegría, a manera de una reconquista del Paraíso ya

         perdido.

 

Que un joven de aquí, cuyos talentos musicales son unánimemente

        elogiados, y del que se puede esperar algo más grande, porque en cuanto

         y a lo que conozco está enteramente indicado a lo grande y a lo sublime,

         me ha anunciado su voluntad de componer música sobre la ‘Oda de la

         Alegría’ .

 

Alegría, bella hija de los dioses.

             hija de Eliseo;

             penetramos, ardientes de embriaguez en tu santuario;

             ¡oh, celestes! 

             Tus encantos, atan de nuevo lo que la moda ha divido rigurosamente;

             Todos los hombres se tornan hermanos,

             Allí donde se cierne tan dulce ala.

 

Abrazaos, millones de seres! ¡Este beso al mundo entero!

             Hermanos; sobre la bóveda estrellada, es preciso que habite

             un buen padre.

             ¿Os prosternáis, millones de seres? Mundo, ¿presientes al

             Creador? ¡Búscalo por encima de la bóveda estrellada!

             ¡Encima de las estrellas!

             ¡Allí debe estar ‘su morada’

 

El pobre Schubert estaba señalado en la frente por el signo de la

         melancolía. Beethoven también, quizá, pero la había exteriorizado con

         la Alegría.

 

después de haber gozado hasta el éxtasis con la Novena, y muy

         especialmente con el recitativo de ‘Oda de la Alegría’, a hechura de los

         sentimiento beethovinos, de los cuales ya por suerte nos tiene

         acostumbrados,  me restablecí y rápidamente me transformé en músico.

La música es una revelación más alta que toda la filosofía. Qué otra

         cosa es la filosofía sino vivir arrastrándose en las pobrezas de este

         mundo feroz. No es captadora de imaginación sino de razonamientos

         afines a las impurezas. Quien  una vez ha comprendido mi música, se

         verá libre de las miserias donde los demás se arrastran.

 

Todo lo que no se tiene por costumbre escribir, lo que se

         sobreentiende, lo que se calla de intento, lo que surge en el momento, lo

         más fugitivo y pasajero, y que es más difícil de captar y fijar para el

         porvenir como el espíritu, el alma, lo eterno, por ejemplo, se lo

         encuentra conservado en la música. Pero también, la resignación, la

         veneración, el entusiasmo, la miseria de la vida diaria con sus tristes

         mezquindades.           

  

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