LA BESTIA

Publicado: octubre 12, 2011 en mis experiencias
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Lo había decidido en pocos días; estaba harta de hombres y necesitaba un poco de libertad, andar, saltar, nadar allí donde se nos ha dicho siempre que estuvo el paraíso perdido. Necesitaba estar en contacto con aquella naturaleza indómita y salvaje donde cada uno se muestra tal cual es y no está sometida a ninguna regla superficial, sólo la Naturaleza marca las pautas.

El tren pesado y lento fue cruzando aldeas y pequeños poblados. Pueblos casi olvidados por el llamado hombre civilizado que volvía sus ojos a las riquezas y no quería oir el tema de las carencias de unos muchos en el mismo planeta que vive. Ví una vez más aquellos ojos que miraban el tren pasar, quizás esperanzados de que algo fuese tirado por sus ventanillas para recogerlo, quizás un trozo de algún bocadillo.. algo que llevarse a la boca.

El destino fue a mi encuentro una vez más en esta India milenaria, donde el tiempo ha quedado parado en las grandes ciudades y jamás ha sido medido en los confines de sus fronteras, en la oscura belleza de sus selvas aún sin descubrir y en los ojos del animal más codiciado y más temible, áquel que poco a poco estaba siendo exterminado por las manos asesinas. Cuando bajé del vagón miré con sorpresa hasta donde había llegado aquella vieja masa de maderas e hierros, quizás es mejor que los medios de comunicación sigan siendo horribles, quizás sea la única forma de que el hombre no llegue hasta estos lugares aún vírgenes.

Mis dos maletas y yo llegamos hasta lo que normalmente aquí se llama hotel. Un edificio de dos plantas que ya había visitado las dos veces anteriores sin ningún tipo de comodidad, sólo la certeza de tener un poco de agua para asearme y algo de intimidad para escribir o para pensar. Poco más se necesita en este lugar, el decorado natural que lo jalona hace que no sea necesario ningún complemento más.

Un poco de aseo llevándome a la cara ese agua cristalina que la traen de una noria cercana al hotel y que lleva el líquido transparente desde el cercano río, un río según cuenta “sagrado” porque allí bebe la bestia más bella del mundo, aquel que entre los matorrales vigila a su peor enemigo y que no teme enfrentarse a él cuando sabe que su mano no empuña el rifle que acabará con su hermosa vida.

Pocos minutos más tarde bajé las chillonas escaleras de madera que me separaban de la entrada de mi hotel, ese que perdió las estrellas o que seguramente no sabía que existían estrellas que no fuesen las que lucían en el cielo bello y brillante de su territorio. Un bocadillo comprado en el mismo sitio, ya que es peligroso comprar cosas de comer o agua en la calle, me acompañó hasta donde empezaba lo que ellos llaman paraíso.

El camino desapareció como tal bajo mis pies que ahora se deslizaban casi por una alfombra verde, mojada y chispeante bajo mis sandalias. Ya tenía los pies mojado por la humedad de aquel especial paisaje único en el mundo. Los árboles ahogaban el cielo que lucía claro y luminoso entre el verde de aquellos gigantes de miles de años. Y unos pocos monos pequeños saltaban nerviosos por mi presencia pero la curiosidad podía más en ellos que el miedo y casi se paran delante de mí para ver qué o quien era. “Benditos seaís todos los que la mano de la civilización aún no ha tocado”, me dije en silencio.

Buscaba la gruta que encontré dos años antes, buscaba la presencia que me hizo temer y que al final amé hasta las profundas raíces del alma; quizás porque me había encontrado un ser básicamente fiel a los principios del que fue su creador. La belleza y el peligro en estado puro. La Bestia como era conocida en el mundo indú capaz de transformarse en cualquier cosa para seguir viviendo hasta el final de los tiempos.

Poco tuve que andar más, la cueva abría su boca negra y llena de helechos salvajes parecía invitarme a una visita ya realizada anteriormente pero en la que aún no estaba preparada para tener ese tipo de experiencia al borde del abismo. Ahora no sólo estaba preparada, sino que necesitaba estar al borde de la muerte para entender la vida.

Penetré en las entrañas de la tierra, el olor era bello, pues aquí solo tienes olores naturales: las plantas mojadas, los chorros de agua cayendo por el empedrado de sus paredes, pequeñas ranas que saltan de charco en charco y de pronto un poco más en su interior llegó el perfume del ser que venía a buscar, ese que los hombres del lugar llaman la Bestia. Olor profundo, como esa colonias que el civilizado inventa para atenuar sus encantos, un ligero toque a tabaco aún siendo planta. Me llené de ese olor, cada vez más intenso lo que me llevaba hasta las proximidades de mi destino.

Arroyo que se ilumina con los rayos del sol que penetra timidamente por unos boquetes hechos en la misma piedra y que tanto me recuerda los baños árabes de mi tierra… aquí en cambio el hombre no ha tenido que hacer nada, ellos ha sido hechos por la naturaleza viva. Juego de luces, entre el sol y el agua y al fondo algo que se mueve…. quizás algún animal de gran tamaño.. Temo pues que éso sea realidad, pues pondría en peligro mi vida y sin embargo al agacharme para coger un poco de agua y refrescarme la cara que aunque mojada por la humedad necesitaba algo de frescor,… mis ojos topan con la figura jalonada de manchas negras, enorme cuerpo adornado con una piel digna de reyes y dioses y también del hombre que casi ha acabado con ellos. Y los ojos de la Bestia se quedaron fijos en los míos.

Una extraña sensación hizo que mi cuerpo fuese recorrido por un temblor sobrenatural. Cada vez más cerca el animal adornado con sus pieles hermosas se fue acercando a mí, sus pasos no se escuchaban aunque pisase suelo de roca, estaba bien preparado para ser silencioso… y llegó a pocos metros de mí. No sabía que hacer, correr es más peligroso que quedase quieto… entonces que hacer?.

La pregunta quedó en el aire pues la Bestia se acercó más y llegó a estar a mi altura, noté su aliento cálido y fuerte y poco a poco se fue poniendo bajo mis manos para que acariciarse su pelo. El temor se disipó y una emoción recorrió mi alma y mi corazón cuando sentí aquel pelaje suave y duro a la vez y esos ojos que parecían de fuego que me miraban ronroneando cada vez que iniciaba una nueva caricia. Me embrujaron aquellos ojos hermoso y leales. La Bestía se mostró como es en realidad, quizás fuese bestia solo para aquellos que quieres matarla. Me senté sobre una enorme roca y parece que las pequeñas flores del agua se volvieron todas hacia nosotros dos. No voy a caer en el tópico del título de película taquillera, digamos que la mujer y la Bestia pasaron unos minutos estudiándose mutuamente mientras una acaricia su piel y la otra emitía ese rumor tan parecido al gato pero multiplicado por cien.

La luz del sol quedó apagada de pronto y las aguas se volvieron negras y casi dieron pié a que corriese hasta la puerta de la cueva, pero la Bestia se había puesto en un promontorio rocoso y me tapó la escapada. Fue entonces cuando su piel empezó a disolverse, sus manchas quedaron borrosas y se quedó en equilibrio con dos patas nada más. Todo iba cambiando, como si se cayera su piel a trozos. Y poco a poco los rasgos de un hombre quedaron más dibujado que el animal. La Bestia se estaba convirtiendo en hombre. Y fue así como descubrí el misterio que tantas veces había escuchado; aquel que narraba como jóvenes eran robadas por la Bestia y desaparecían para siempre. Aquí delante de mí tenía la respuesta al misterio, la Bestia era un hombre también.

No quise acobardarme, si tenía que morir allí me daba igual. El misterio iba en aumento cuando esa mano suave que había dejado sus cuchillas ocultas se acerco a mi mejilla para dejar un lastimero roce en ella. Qué le pasaba?. Quise saberlo y me acerqué aún más a él. Sus ojos ahora marrones se posaron en los míos como en una plegaria y fui desgranando súplicas amorosas por todo su cuerpo. Los latidos de su corazón se escuchaban en el silencio que se adueñó de la gran cueva. Ningún animal miraba, todos estaban escondidos porque nadie quería saber quien era en realidad la Bestia…. bello animal, suave y dulce que ahora yace a mi lado pidiéndome con pequeños golpes de su mano que le siga acariciando. Qué tumulto de pasiones despierta en mí y qué provocación hecha carne tiene que ser precisamente éso, ser poseída por él..

Parece que leyó mis pensamientos y fueron los aromas de hierbas salvajes los que pusieron el fondo de color verde y rocoso del encuentro, los pequeños hilos de agua dibujaban nuestros cuerpos y miles de estrellas hechas con el caer del agua en las rocas , dibujaron el cuerpo de un hombre y una mujer en la pose más hermosa que pueda haber. El amor hecho realidad, el amor hecho…..

Mis ojos se abrieron para buscar en la oscuridad de la noche la figura del hombre; sin embargo sólo vieron desde la cercana entrada de la cueva las estrellas temblar allá en el firmamento. Quizás temblaran por lo que habían visto, quizás por lo que habían descubierto. Y éa fue la razón por la que intenté volver al interior pero algo me lo impedió… allí al fondo encima de una gran roca la Bestia me miraba esta vez de mala manera…. quizás estaba forzando hasta el límite el encuentro. Ví que nada podría hacer más; me acerqué a lo que parecía una vereda y terminé llegando al pueblo.

Subí las escaleras del hotel tras las voces del dueño por mi desnudez; estaba desnuda. Y una vez que entré en la habitación me miré en el espejo, parecía un animal herido, o quizás enamorado. Y la palabra animal cuando la apliqué a mi persona tuvo quizás un significado más profundo de lo que había pensado, quizás porque había estado en un mundo donde los términos no fueran los mismos que en el nío; quizás porque la palabra bestia le fue dada al hombre después de dejar de ser lo que realmente era: un hermoso ser lleno de una inocente bestialidad. Lo que se puede resumir en una palabra el rey de los animales. La Bestia con mayúsculas……….

***Mi más cariñosa dedicación a un personaje fantástico, Lobezno y a su intérprete en la gran pantalla, Hugh Jackman por darle vida y cuerpo a lo que siempre fue un sueño, además de aportar un físico y una manera de ser magnifíca***

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