La vieja judería de Praga

Publicado: octubre 21, 2011 en mis experiencias
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La vieja judería de Praga, el barrio Josefov, el antiguo gueto. Una evocación de una parte crucial de la historia de la capital checa. No hay que perderse el Museo Judío ni la Sinagoga Española.

En la sinagoga Pinkas, construida en el siglo XV, estremece ver los muros grabados con los nombres de 77.297 judíos de Bohemia y Moravia asesinados por los nazis entre 1939 y 1945 

Praga parece destinada a procurar una y otra vez gozo visual al viandante. Es una ciudad de estratos, y eso lleva su tiempo y su disfrute indagarlo. Uno, si acaso, señalaría la Praga judía, que, aparte del barrio Josefov, el antiguo gueto, cuenta con no menos de media docena de sinagogas importantes, varios museos y dos cementerios hebreos llenos de evocaciones. Ya habrá quien se sorprenda porque Praga en general, y la Praga judía en particular, no quedase destruida por los nazis, pero eso se debió al abominable proyecto hitleriano de hacer “el museo de la raza extinguida” en la capital checa.

 

Por fortuna sigue airoso y un punto extraño el llamado Ayuntamiento judío, en la vieja judería de la ciudad. El exterior de ese edificio, hoy sede de la Federación de Comunidades Judías de Praga, está presidido por dos grandes relojes. El que está en lo más alto de la torre tiene una esfera con números romanos. Bajo él hay otro reloj con cifras hebraicas y en el que las agujas marchan al revés. ¿Es eso una conspiración? Los hebreos leen de derecha a izquierda, pero no es de recibo hablar de conspiraciones cuando los judíos de Praga tuvieron que sufrir la deportación de 140.000 hombres, mujeres y niños. Primero los nazis los llevaban a Theresienstadt, la siniestra ciudad-depósito de las afueras, y desde allí reenviaban a sus víctimas a Treblinka y Auschwitz. 

La sinagoga Vieja Nueva 

En la sinagoga Pinkas, construida en el siglo XV, estremece ver los muros grabados con los nombres de 77.297 judíos de Bohemia y Moravia asesinados por los nazis entre 1939 y 1945. Es una impresionante cortina de nombres en rojo, amarillo y negro: Rosenfeld, Max; Jellinek, Michal; Weinstein, Marta; Zinakanova, Vilémina… Es un buen lugar, y no el único, para recordar que hay que prevenir para que no se incuben los siguientes huevos de la serpiente.

 El nombre de sinagoga Vieja Nueva, lejos de ser un juego de palabras, es la peculiar forma que tienen en Praga de llamar a su más antiguo centro de reunión, el que fue construido en 1375 y reconstruido varias veces tras varios incendios. La fachada tiene un remate triangular de ladrillos y en la parte baja se incrusta una casa de tejas rojas como si fuese una ermita. Dicen que los ángeles trajeron hasta ahí fragmentos del templo de Salomón, pero ésa no es la leyenda más popular. En el desván de la sinagoga Vieja Nueva se encontraría arcilla del Golem, el mítico, poderoso y justiciero ser que defendió a los judíos de Praga. 

Dicen que el Golem podría revivir siempre y cuando alguien sepa pronunciar la palabra justa, como el rabino Loew, el inventor de esa criatura en el siglo XV. Un día, ante las amenazas antisemitas y el odio que instigaba el fanático cura Thaddeus en Praga, el rabino Loew pidió ayuda a lo más alto y desde allí bajó la siguiente fórmula alfabética: “Ata Bra Golem Dewuk Hachomer W’tigzar Zedim Chewel Torfe Jisrael”. Con eso, y con algo de agua, aire, tierra y fuego, Loew recitó los Zifurim, o recetas mágicas, y caminó siete veces con sus ayudantes en torno al Golem. Después, Loew le puso en la boca el Esquema, un trozo de pergamino que tenía escrito el nombre impronunciable de Dios.

 

El Golem de Praga se convirtió en una especie de campeador de la comunidad judía, el que acude en socorro siempre que se le necesita, aunque un día se desmandó, como ocurrió con Hyde, Frankenstein y otros, y hubo que reducirlo a polvo sacándole antes el Esquema de la boca. Es, sin duda, la gran historia menor de los judíos de Praga. Por eso, una vez el periodista checo Egon Edwin Kisch quiso resolver el misterio investigando en el desván de la sinagoga Vieja Nueva sin encontrar nada más que algún murciélago. Kisch, conocido como Rasender reporter, el reportero atrevido, o desencadenado, era un judío de Praga que escribía en alemán, y al igual que Kafka luchaba contra vulgaridades y fanatismos varios. Los interesados pueden conocer la historia mayor de la comunidad hebrea de Praga en el Museo Judío, pero se encuentran datos de interés en casi todas las sinagogas visitables de la ciudad. La que más destaca por su fuerza visual es la Sinagoga Española (Spanelska Synagoga), obra del arquitecto Josef Niklas. Por fuera es un puro reclamo andalusí con sus arcos mudéjares y su cita persistente de la Alhambra. Pero por dentro se convierte en un auténtico canto al trabajo de los moros en España por sus estucos, artesonados, arabescos en las paredes y esbeltas columnas que cargan con gracia arcos sobre los que nacen una y otra vez las cúpulas. Predomina un color de oro en su interior, si bien las sesgadas luces del día sacan reflejos sorprendentes a través de las vidrieras. Luego, sobre el punto más sagrado de la sinagoga, el Aron ha-kodesh, el Arca de la Alianza donde se guardan los preciados rollos de la Torá, se extiende un dosel de mármoles de colores. 

Cementerio Judío:

En el viejo cementerio judío de Praga no hay lujosos panteones, ni monumentos de costosos mármoles, no hay flores, ni adornos, ni cruces, ni estatuas… allí solo encontraremos miles de lápidas amontonadas sin orden ni concierto, como si en un juego macabro hubiesen sido colocadas azarosamente por manos invisibles en lejanas noches oscuras y silenciosas.

El poeta y erudito Avigdor Karo fue la primera persona enterrada en este lugar, en 1439 y permaneció activo hasta 1787, cuando fue clausurado definitivamente con la tumba de Moses Beck.

DAMADENEGRO 21/10/2011

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