LA CASA ROSA DE LA NIÑA MARI (Historias de mi ciudad)

Publicado: noviembre 12, 2011 en mis experiencias
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Carreras a lo largo del pasillo, salones de baile que nos separan del balcón de la esquina, aquel que en si es una obra precioso como si lo hubiesen hecho unas manos de platero, obra del barroco que dejaba con sus balcones de “pechuga de paloma”, el traje de adolescente en flor rematar con su blancor el día en el que la procesión aparecía por la esquina del Callejón del Tinte.  

Juntos los dos, hombro con hombro nos poníamos de puntillas para ver si el Cristo venia ya por la plaza. Y entre emociones espirituales tu piel y la mía se rozaban en ese balcón bello y hermoso salido de un sueño de princesas y amante.

La gente en la calle miraba hasta el primer piso y sonreía ante la visión que ofrecía la gran casa con artesonado barroco, pintada de rosa pálido y con una formidable labor de balconada en hierro que pintaban de blanco.

Ya viene se escuchaba cerca ¡y tú y yo nos asomábamos más y más ante la atenta mirada de la yaya que no perdía un detalle de nuestro severo acercamiento que había dado que hablar a muchos.

Se aman, decían, se aman en los rincones de la gran casa. Se ven por las noches, cuando se retiran al gran dormitorio donde ahora no duerme la señora. Se besan en los descansillos de las escaleras; unen sus manos por debajo de la gran mesa del salón; se mandan guillos de cómplice y  besos delicados cuando creen que nadie los ven.

Y la adolescente corre alegre por los pasillos de losas blancas y negras, canta una dorada canción antigua que su madre le enseño, tras ella corre su amante, su pariente amado que nunca la deja ni a sol ni a sombra por esta gran mansión situada en el centro de la ciudad.

Quedaron grabados en el aire los “te quiero”, los “te deseo”, los “te espero”. Y un día los balcones se cerraron, la reja de la entrada quedo bajo tres llaves, el portón   de la calle quedo convertido en una losa que cierra un sepulcro. Que había pasado?

Nadie tiene una respuesta, la casa sigue cerrada, sus balcones están llenos de calicha y restos de pintura marchita. La puerta se ha convertido en una pieza difícil de desatascar de su marco de roble. Allí dentro dicen, que están los muebles de nobles maderas, las lámparas de cristal, los espejos del salón de baile, las macetas marchitas que adornaban el patio interior y que en un rincón del primer piso, donde están los dormitorios, se escuchar el llanto de una adolescente que pasea su andrajoso traje blanco por las galerías frías y oscuras.

Dicen que han intentado venderla, dicen que nadie la ha querido después de saber historias sobre la mansión. Dicen que los lamentos son tan fuertes que se escuchan desde la calle cuando hay silencio en la noche.

Hoy estaba bañada por el sol, los balcones cerrados con sus puertas-persianas de madera. La gran puerta de entrada encastrada por miles de años. El escudo se está haciendo difícil de distinguir. Y quizás allí en el balcón de la esquina, el más hermoso de todos por una rendija tallada por el tiempo he visto unos ojos negros, alguien que pide que se vuelva a abrir la casa, alguien que quiere de nuevo volar con su vestido de plumita bordado en blanco.

He sonreído, me he vuelto y me he dejado llevar por la cuesta que llega hasta el Rosario……. Volveré lo prometo.

DAMADENEGRO 12/11/2011

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