VISIONES

Publicado: diciembre 10, 2011 en relatos
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Ha caído la tarde, el viento del mes de septiembre entra por la ventana de madera mil veces pintada y hace que los visillos de encajes vuelen como nubes ondulantes entre tus rizos cuando te agachas para coger un libro caído de la butaca.

Te acuerdas del viejo mueble? aquel que siempre fue el reposo de tus libros, tus dibujos a carboncillo, tus notas para los escritos; si aquel que con su altas columnas que imitaban el mármol aunque de madera estaban diseñadas y te acuerdas de aquella foto?, si aquella que te hice con la vieja cámara. Te pusiste tan serio, te estiraste tanto que un gigante quedo en el retrato.

Me gusta mirarte ahora, te tengo de fondo de pantalla. Y que es eso me preguntas?. Son las nuevas máquinas, las mismas sustituídas por nuevas cuando te escribía las cartas. Te siento murmurar en mi oído, “me gusta más el ruido de aquellas que el carro disparaba con tu buenas pulsaciones”. Tienes razón, aquella era hermosa y muy cara; recuerdas como gritaba la abuela “cuidado con la máquina” y los dos reíamos y la mimábamos para que nunca tito Manolo se diera cuenta que nosotros escribíamos en esa máquina que servían por las noches para hacer sus crónicas para el diario…. recuerdas las camisas blancas de tu padre?. Casi puedo oler aquel leve perfume a Dandy. Aún tengo un tarro en mi casa…. casi vacío, que mi padre no pudo terminar nunca.

Te das la vuelta, quieres mirarme la cara?…. siempre te gustó mirar a los ojos mientras yo te hablaba. Pareces más pálido hoy o quizás sea mi mirada que de tanto verte en blanco y negro, le quita color a tu cara. Se que me escuchas, lo puedo ver en tu cara y tus ojos brillan queriendo confesar un secreto….. aún me amas?.

Cuánto tiempo hace que te perdí?….. cuánto tiempo estas separado de mi mundo?…. cuánto tiempo me queda aún de espera para poder estar juntos?….. cuánto … cuánto.

Mira, mira que gorrión se ha posado en la ventana¡ según dicen es un alma que busca a su amada. Te has vestido de plumas para que pueda acariciar ese cuerpo pequeño que tranquilo al sol se atiza las alas. Intento acercarme más, casi puedo tocar su cola y milagro¡ ….. se deja tocar, no tiene miedo, eres tú lo sé, lo veo en el negro de su mirada.

Y dando un canto largo, levanta el vuelo hasta el alero de la casa. De nuevo me derrumbo en el sillón lleno de cojines rojos y blancos, y miro como embrujada las cenizas de la chimenea; no sé algunas veces escucho la voz de la abuela “niños encender la chimenea que se hace de noche” y después con las altas llamas, imaginábamos miles de figuras, danzantes bailarinas, caballeros en jinetes de fuego y tu mano en la mía, escondidas debajo de tanto cojín de terciopelo. Los ves, son los mismos que nuestros sueños de niños arroparon con su roce y sus borlones de plata.

Se va ocultando el sol, miro el mueble, allí sigues tu con ese color blanco y negro y un deseo en la mirada. Y la columna sigue recta igual que tu espalda….. Siento amargura, nostalgia…. siento que sigo amando a un fantasma. Me doy la vuelta, comienzo a subir la escalera de madera, la misma que entonces llevaba hasta mi habitación. Te acuerdas como te escondías a altas horas de la madrugada esperando que todos durmieran y venirte conmigo a mi cama?

Llego al pasillo, ahora todas las puertas están cerradas. La primera habitación, el dormitorio de la abuela que aún guarda aquel colchón de lana de oveja, adornado con la colcha de croché que ella tejió durante muchas semanas; la segunda era de tu padre que aún tiene la mesa con su máquina de escribir, la tercera la mía que aún huele a ti, o quizás te tenga tanto en mi alma que ese olor se ha vuelto aroma de mi vida. Y frente por frente, la tuya, aun se conserva como estaba. Se siguen lavando las sábanas cada semana, se sigue abriendo las ventanas para que el viento traiga llantos y lágrimas y las risas que se ocultaron debajo de la almohada. En la pared un retrato con marco de plata de tu madre a la que no llegaste a conocer, mientras tu nacías ella se iba dejando el último aliento en su almohada, la misma que usabas tu, aún guarda alguna esencia tuya, quizás el murmullo del alma.

Y deshojando margaritas me voy por el pasillo, los viejos retratos me miran, algunos sonríen, otros lloran por la marcha. Y al final de la escalera te veo aún apoyado en el filo del mueble con libros, tu tesoro, mi corazón….. me quedé sin alma.

Sopla el viento a través de pesado portón de la entrada, activo algo que tu no conoces, la alarma y cierro la puerta dejando mis recuerdos en penumbras en espera de que un nuevo día te traiga. El automovil sale a la carretera, solo se ven las altas hayas, y la chimenea que parece dejar salir humo, el aliento de tu boca, la amargura de mi alma.

DAMADENEGRO 24/3/2010

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