LA CATEDRAL DE BURGOS

Publicado: diciembre 14, 2011 en viajes
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Tan solo unos momentos fueron los necesarios para que nuestra mirada se acostumbrara a vivir entre piedras; allí donde el gótico florece por todas partes y frente a nosotros el más insigne monumento que se puede encontrar en esta España nuestra llena de guiños a todo tipo de arte y a todo tipo de forma de vivir.

 El frío se apoderaba de nuestros cuerpos acostumbrados a temperaturas más benignas pero sin embargo, la belleza era tal que la mirada se llenó de calor y de admiración ante su puerta donde juguetean los ángeles con los santos y en el semblante de todos parece nacer una especie de esperanza; es como una espera de un tiempo mejor cuando las piedras tomen vida. Es la primera impresión… después el interior desatará los deseos de espíritu y de cuerpo.

 Su historia está jalonada de episodios más o menos curiosos entre los que destaca el hecho de que la antigua catedral se hiciese pequeña para una población cada vez mayor y que el rey Fernando III junto con el obispo Mauricio pensaran que necesitaban una catedral más grande a tono con el auge que estaba tomando la ciudad. Es así como se puso la primera piedra el 20 de julio de 1221. Su construcción fue rápida pues se conoce el hecho de que nueve años después ya fue enterrado en su suelo Pedro Díaz de Villahoz en la capilla de San Nicolás. También el obispo Mauricio fue enterrada en el prebisterio. La portada de los Apostoles ya es conocida en 1260 y es con la llegada del siglo XV y de Juan de Colonia cuando el aspecto exterior comienza a cambiar para darle ese especial semblante que luce con sus torres y cimborrio en la capilla del Condestable . Un siglo después se levanta por Juan de Vallejo el enmascaramiento interior y el arreglo del cimborrio.

 

Es precisamente ese hombre, Juan de Colonia el que da un aspecto diferente al templo, las influencias se notan con un gótico acentuado en el clásico francés que sin duda puso el obispo Mauricio que estuvo en París por aquel entonces y la segunda parte también está emparejada con Alonso de Cartegena quien viajó en 1434 a Basilea de donde se trajo a Juan de Colonia para rematar el templo tal como lo conocemos. Las influencias germánicas, francesas y flamencas se ven reflejadas en los adornos y en el espacio que queda dando un ambiente de amplitud y de limpieza arquitectónica.

 Para quien conoce bien el arte de las iglesias y sobretodo del gótico; inmediatamente emparejamos el parecido de su portada Real, su Coronería y su claustro con imágenes situadas en Amiens, Reims y Chartres. Es notorio que el hombre que diseñó todo éso estuviese en los otros lugares de donde se trajo la inspiración que reunió en un solo edificio religioso en suelo español.

El aspecto interior denota el silencio de respeto hacia las nobles piedras. La reja obra de Juan Bautista Zelma (1602) da un aroma especial de recogimiento enredando nuestra alma en cada adorno y en cada terminal de alas desplegadas. Es un cántico al espíritu, unas alturas que se pierden lejos de la mirada y que es fácil de admirar llevándose unos prismaticos. Es entonces cuando podemos ver de cerca cada piedra de las alturas; un modo de descubrir que nos espera después del tránsito de la vida. Allí nos encontramos con un coro renacentista que centra la figura yacente de Don Mauricio de madera repujada y cobre con piedras preciosas obra seguramente de Juan de Limoges.  

Los adornos de sus laterales nos harán peregrinar por el templo donde las sombras se confunden con los rincones de piedra. Los ojos se acostumbran a la oscuridad y parece que todo toma vida… es quizás la magia del arte sacro en su máxima expresión. Puertas de sobria madera, descaradas estampas que retan al tiempo. Allí permanecen desafiando a los siglos. Las capillas serán estaciones de parada en nuestro paseo; nos encontramos con la de Santa Tecla que fue diseñada bajo mandato del arzobispo D. Manuel de Samaniego y en donde nos encontramos con la cúpula y el retablo central, una obra destacada del baroco donde se puede ver a Santa Tecla en pleno martirio.

 En la de Santa Ana y de la Concepción nos encontramos el gran retablo obra de Diego de la Cruz ante el cual se encuentra la tumba de D. Fernando Díaz de Fuentepelayo obra de Gil de Siloe.

 Las escaleras que nos encontramos en la parte izquierda de la nave central es obra también de este majestuoso escultor que se centró en modelos del renacimiento italiano para llevarla a cabo y que sirve de marco incomparable para el Momento del Jueves Santo.  

Las vidrieras conviene también verlas de cerca con estos primásticos que serán el mejor aliado. Un emjambre de colores que nos darán la impresión de pinturas en relieves. Santos orantes, Cristos gloriosos y apóstoles pensativos. todo un derroche de color y luz que proviene del exterior.  

La Catedral de Burgos fue declarada por la U.N.E.S.C.O. Bien cultural del Patrimonio Mundial el 31-10-1984.  

DAMADENEGRO2008  

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