Chinesisches Haus – Alemania

Publicado: enero 10, 2012 en mis experiencias, viajes
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Una de las curiosidades prusianas de Potsdam es el llamado Pabellón Chino, el “Chinesisches Haus”. Es una obra del arquitecto Johann Gottfried Büring, que también diseñó los jardines que lo rodean. El pabellón pasaría para cualquiera como un edificio más si no fuera porque es considerado la obra cumbre de un estilo arquitectónico, el “Chinoiserie” del siglo XVIII. El pabellón tiene una curiosa planta en forma de trébol y se sustenta sobre columnas con forma de palmera; el exterior se encuentra rodeado de grupos escultóricos muy valiosos, aunque con cierto aspecto cómico.

Merece la pena hacer un poco de historia sobre el nacimiento y evolución de este “curiosísimo” estilo que, aunque pueda resultar impactante, sigue vigente en nuestros días en decoración interior y mobiliario.

Ya desde la época renacentista, las poquísimas piezas de nácar, seda y porcelana que llegaban a Europa procedentes de China y otros países de un Extremo Oriente, por entonces lleno de misterios y desconocido, provocaban una enorme admiración entre la nobleza y realeza europeas. A finales del siglo  XVII, los holandeses, ingleses y portugueses; con colonias en la India; inician un comercio estable de objetos orientales hacia Europa, surtiendo especialmente a las casas reales que los demandaban con entusiasmo creciente. La obsesión por el “oro blanco”, denominación que se daba a la porcelana china a primeros del XVIII, llevó a los ceramistas europeos a intentar de forma compulsiva la imitación del material, diseño y motivos decorativos de las piezas orientales.

La ciudad holandesa de Delf (a medio camino entre Rotterdam y La Haya) y la alemana de Meissen (bañada por el río Elba) obtuvieron ciertos éxitos en esta tarea e iniciaron un provechoso camino comercial que llega hasta hoy. Sin embargo, los artesanos europeos que decoraban las vajillas y juegos de té de la nueva porcelana europea, imaginaban una China llena de mandarines y damas despreocupadas viviendo en paisajes montañosos idílicos, plagados de flores y plantas exóticas, leves puentes colgantes de cordelería, pabellones de bambú y parasoles con los que protegerse del astro rey en un clima privilegiado… Y fue esta última la imagen de China que se extendió por el mundo occidental. Una China muy alejada de la realidad, pero muy próxima al ideal de vida que perseguía la realeza europea. Baste señalar como ejemplo, que el nombre del palacio en el que se ubica el pabellón, “Sanssouci”, proviene de una voz francesa y puede traducirse de forma literal como “sin preocupaciones”. Es el nacimiento del estilo Chinoiserie.

Esa imitación del gusto oriental se integró arquitectónicamente con el Rococó, que tanto gustaba de ciertos excesos decorativos y, así, Federico II de Prusia; que formaba parte de esa realeza con sueños de una vida placentera y regalada; encargó a su arquitecto el diseño y construcción en estilo Chinoiserie de un pabellón al que dirigirse a tomar el té junto con los miembros de su corte, todos ellos revestidos con ropajes y sedas, también de inspiración oriental.

El pabellón tiene en planta una curiosa forma de trébol cuyas hojas se ordenan alrededor de un cuerpo cilíndrico con cúpula. Las cubiertas sobre los tres accesos al pabellón, abiertos entre las hojas del trébol, se sustentan sobre columnas con forma de palmera, de piedra arenisca sobredorada, obras del escultor ornamental Johann Melchior Kambly. Todo el exterior del inmueble se encuentra rodeado de grupos escultóricos ejecutados, también, en piedra arenisca sobredorada. Las esculturas, obras de Johann Gottlieb Heymüller y Johann Peter Benckert, tienen cierto aspecto cómico porque para ejecutarlas se usaron como modelos a miembros y servidores de la corte a los que se orientalizaron los rasgos para convertirlos en músicos y bebedores de té recostados placenteramente.

Corona la edificación la escultura, también dorada, de un anciano sentado, protegido por un parasol, obra de Benjamin Giese.

Su interior, decorado profusamente con estucos, monos músicos, pinturas orientalizadas y sedas, alberga hoy una rica colección de porcelanas.

El estilo arquitectónico Chinoiserie que, como hemos señalado, nada tenía que ver con la auténtica arquitectura china y se inspiraba de forma bastante extravagante en las idealizaciones estéticas de las decoraciones de las vajillas y juegos de té, pervivió hasta finales del siglo XVIII, extendiéndose por palacios de Inglaterra (donde causaba auténtico furor), Alemania, Rusia e incluso Aranjuez y Madrid. No hubo palacio europeo que se preciase que no contase con un “salón chino” en su interior o con una pagoda, cenador o quiosco de inspiración oriental en sus jardines.

El conjunto de palacios de Sanssouci, en Potsdam, y Charlotenburg, en Berlín, fueron incluidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 1990.

 DAMADENEGRO 10/1/2011

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