EL AMBIENTE

Publicado: enero 14, 2012 en intimidades, mis experiencias, relatos
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Has extendido las sábanas sutilmente hasta dejar el lecho acomodado con una perfección que te caracteriza; has bajado las persianas y corrido las cortinas para crear un ambiente de puesta de sol a pesar de estar aún a media tarde. Te has esmerado con las dos velas aromáticas de hermosos jazmines para llenar tu casa de un aroma acorde con la relación que nos une. Y desde el salón he visto tu trajinar en el dormitorio llena de emoción por el hermoso escenario que estabas creando para mí.

 

Poco después, en el cuarto de baño has preparado las toallas de tonos suaves que poco más tarde secarían mi cuerpo y mi cabello; creas ambiente, y sabes hacerlo con esa hermosura que tienen los poetas cuando escriben sus pensamientos sobre el papel. Y dando una mirada al total de tu obra, has vuelto tus ojos hacia mí para decirme que todo estaba preparado para mi ducha diaria y mi posterior reposo, tras una jornada dura de trabajo en condiciones de ausencias por vacaciones y que te hacen multiplicarte por cinco y evitar trastornos a terceros.

 

Y me he levantado como llevada por una llamada invisible para llegar hasta el baño y dejar mi piel desnuda. El agua templada ha caído a ras de mi cuerpo, dejando paz y relajación en él. Curiosamente has abierto la mampara y has entrado también en la cabina, dándole al botón del masaje acuático que nos ha sumergido en un ambiente delicado de miles de caricias. Y después has destapado la esencia de gel relajante, cubriendo nuestros cuerpos de sutiles pompas de jabón color púrpura.

 

Y el agua, dichoso bien, ha caído por nuestros cuerpos, mientras tus manos no han dejado un solo rincón del mío sin acariciar. Y en medio del torrente de agua, nuestros labios se han juntado en un largo y apasionado beso, haciéndonos desear la unión más y más.

 

El agua se ha cortado, tus manos han buscado la toalla llena de un perfume suave y de color rosa para cubrir mi cuerpo lleno de tus esencias varoniles… y tú, hermosa escultura hecha hombre, te ha secado levemente con un albornoz blanco. Y saliendo de la cabina me has cogido en tus brazos hasta transportarme como en vuelo hasta la cama que previamente habías preparado para los dos.

 

Qué hermosas sensaciones he tenido en mi cuerpo y en mi mente relajada con tus caricias. Y allí en el lecho, ya secado mi cuerpo, has derramado un gel suave que sabes que adoro. Las huellas de tus manos han dejado surcos de placeres en esos caminos sinuosos que te ha marcado mi cuerpo y has dejado besos prohibidos en las zonas más delicadas para los productos no naturales.

 

Y mi amor me ha hecho estremecerme ante tu apasionada mirada, porque hay en tus ojos, amor, algo que me hace sentir de una manera diferente. Me haces mujer y objeto de tu deseo… y no me importa que sea objeto, soy un objeto para tu placer, pero me das más aún de los que recibes.

 

Y tus manos han acariciado mi cabello, disperso en la almohada blanca, aún húmedo del agua y mi boca, húmeda de tus besos, han buscado más y más en ese cuerpo que has dejado desnudo para que sienta y sienta más grande el deseo. He recorrido sobre tí ese camino primero que es tu cuello y me he perdido por ese pecho varonil, jugando con tu vello… tras el largo caminar me pierdo en el recodo que desde tu vientre baja hasta el abismo de mis pasiones. Hombre que has puesto listón ya alto para que no siga mi camino. Aquí te paras, nena, que necesito más de tus besos.

 

Y mis manos se han deslizado arriba y abajo con ese listón inmenso, tratando de averiguar hasta donde llega el control de tus deseos y poco a poco tu boca ha dejado salir un lamento, y aún más continuo se ha convertido el deseo hasta estallar en miles de burbujas blancas de tu pasión, en líquido bello. Y esta boca que se perdió en besos, recoge el líquido manjar y los pierde en la tuya con un beso.

 

Y deseando el postre de tu esmerado esfuerzo, has desafiado la furia que me consumía por dentro, haciendo un esfuerzo sobrehumano para consumar la unión de nuestros cuerpos.

 

Bajo la sombra sublime de una tarde de agosto, las velas casi se han consumido, el olor a jazmín nos ha relajado por dentro y ha combinado su perfume con otros más íntimos y personales… nuestros cuerpos yacen juntos, abrazados y con los ojos cerrados, dejando correr el tiempo.. no dormimos, simplemente nos sentimos en silencio…

  ®DAMADENEGRO2007

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