LA LEYENDA DEL JOVEN (historias góticas)

Publicado: enero 17, 2012 en mis experiencias, relatos
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No quería morir pero los ángeles estaban tan enamorados de su rostro que le querían a su lado; no quería dejar almas llorando pero su alma era tan pura que debió levantar la envidia de más de uno en otro mundo.

Esa fue la razón por la que un día, acabado de llegar de la misa dominical, cayo por las escaleras de mármol de su  mansión y voló al cielo sin dejar  más huellas que su rostro de ángel.

Fue enterrado en un panteón familiar, y pusieron una foto de su bello rostro entre mármoles traídos desde Italia y grandes ramos de flores. Las violetas, flores preferidas de su madre adornaron el recinto sepulcral desde ese día.

Fueron muriendo todos los de su familia, uno tras otros se llevaron el trozo del niño que más amaban; de este modo el ángel se quedó solo entre mármoles que cada vez eran comidos por el tiempo y devorados por el olvido.

Y sigue allí, al final de pasillo de ese lugar perdido y sagrado, lleno de cipreses altos y lúgubres; con bancos de mármol roídos, hojas secas, y jarrones de cristal roto. Todos tienen las huellas del paso del tiempo pero la foto del joven sigue sin marchitar, su rostro sigue vivo, limpio y la mirada clavada en el final de ese paseo del olvido donde un día alguien también fue a buscar muchos porqués.

El viento se levantó suave y cálido, un aroma a violetas recién cortadas impregno el ambiente espectral del cementerio ya olvidado y cerrado. Los árboles se volvieron curiosos para saber quién osaba perturbar el silencio del pasado y se vio a una mujer vestida de negro llegada de lejanas tierras que con un ramo de violetas frescas como la vida misma, se acercaba por el paseo hasta la tumba del joven muerto hacía más de doscientos años.

Quien le dijo que él estaba allí? No se sabe, quizás fue una curiosa de las que buscan en libros antiguos esos pasillos que llevan al más allá. Se acercó poco a poco a la tumba y puso el ramo de violetas sobre la roída lapida. El joven la miraba, en el centro de un altar putrefacto y lleno de raíces que abrazaban el monumento. Los grandes árboles tornaron sus copas hacia ella, y  deleitaron con una musical angélica el dulce canto que entonaba al joven de la foto.

Por un momento la luz del sol paso por entre las viejas ramas y el calor hizo reverdecer todo el entorno. Los jarrones se llenaron de claveles rojos, blancos y rosas henchidas de amor explotaron de belleza ante el cantico salido del corazón latiente de la mujer.

La vida volvió y el joven alargo su mano desde la vieja foto hasta el rostro de la mujer, una caricia llena de siglos de ternura.

El estribillo se quedó suspendido; la mujer se levantó y cerró los ojos como queriendo quedarse con esa imagen para toda su vida. La mano del joven corto una violeta y se la puso en el pelo. Después volvió a su  foto llena de vida donde todo era desolación.

La mujer volvió al camino de la vida, dio media vuelta y lanzo un beso hasta el final del sendero donde el joven lo cogió y se lo llevo al más allá. Ya tenía su recuerdo terrenal, ese beso de amor que nunca pudo dar en vida porque la vida se le acabo muy pronto.

Sigue el viejo cementerio, sigue el mismo camino, sigue la foto del joven blanca, bella y perfecta entre ruinas de mármol muerto. La leyenda ha comenzado………….. 

DAMADENEGRO 16/1/2012

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