LA CATEDRAL DE CADIZ

Publicado: febrero 7, 2012 en mis experiencias, viajes
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Siempre la he tenido tan cerca que hasta hace poco no me he dado cuenta de sus medidas descomunales, de verla de lejos, de perderme entre sus columnas, de mirar al techo hasta quedar mareada de tanta belleza sublime. Siempre ha estado allí y yo siempre he desarrollado mi vida a su lado; hoy en el reencuentro de alguien que ya no vive en el casco antiguo se me ha ofrecido a la vista, deslumbrándome con su belleza y también con la lágrima en piedra de quien poco a poco ve caer parte de su estructura con el paso de los años. Las redes acunan esos pedazos de historia que caen desde el techo mientras una valla de madera nos controla el pago de 6 € para poderla ver en toda su belleza y en un círculo redondo que nos lleva a sus capillas silenciosas, roto ese sagrado estar por las voces a medias de los extranjeros que han invadido la ciudad subidos en uno de esos gigantes del mar que nos visitan de vez en cuando.   

Es famosa la hermosa catedral, y precisamente por su belleza que se ve elogiada en los folletos informativos en todos los idiomas que le son entregados a estos personajes curiosos que nos visitan hoy. Y perdidos en el tiempo quedó el recuerdo de por qué fue construida con esas dimensiones; necesidades de contar con un edificio de proporciones gigantescas y esplendor acorde con la situación de prosperidad económica que vivía la ciudad como consecuencia de la actividad de su puerto. Curiosamente enlazada la historia con el mar, el mar con las piedras de la Catedral.

El comercio americano se había trasladado en 1717 desde Sevilla hasta Cádiz y las obras del templo se iniciaron en 1723 según un proyecto inicial de Vicente Acero que posteriormente sufrió varias reformas por lo prolongado de las obras a causa de su complejidad y elevado coste. En 1838 se consagró finalizándose su construcción en 1853. Las grandes dimensiones de la Seo obligaron a prolongar sus obras muchos años desplazando las formas barrocas por las neoclásicas jugando a ser cada vez más hermosa entre los dos estilos arquitectónicos. Las torres culminadas en el s. XIX por el arquitecto Juan de la Vega, se encuentran en un lugar privilegiado resaltando panorámicas tanto de la ciudad como del océano Atlántico.

 

La visita del templo para quien ha vivido siempre a su lado se vuelve tierno y lleno de recuerdos, aquí hice mi primera comunión en 1958 con el resto de mis compañeras de colegio. Aquí nos veníamos a esconder cuando comenzaba a llover en la parada del autobús que nos llevaba al cole y por supuesto, también sirvió para escondernos en esos juegos niños entre la penumbra de sus rincones, sagrados y algunas veces sangrientos con los restos de cuerpos consagrados por manos purificadas de la Iglesia. 

En cada capilla un stop, quizás porque quería hacer un parón en mi vida actual para llenarme de ese aroma a nardos que la Patrona impregnó en su salida ayer por la ciudad. Y los cuadros cuelgan de las paredes, llenos de oscuridades que ocultan sus colores llenos de vida de otros tiempos. Hace falta mucho dinero para restaurar todo esto¡¡ 

Belleza en estado puro y sin avisarnos hablamos en voz baja, muy baja.

Entrar en la cripta esta vez, hay trabajos de remozados nos dicen. Es un lugar curioso y a la vez acojonante. Recuerdo que en mis años de niñez la reja nos dejaba ver un poco la tumba de Falla medio oculta entre la suciedad y la oscuridad de una escalera que se perdían en el suelo camino de ninguna parte. Felizmente se resaltó y se le dio su brillo particular con las tumbas de hombres célebres, que adornan las partes en que ahora está dividida la cripta. Un olor a humedad nos recuerda que estamos bajo el nivel del mar… la firma del salitre se ve al poco que se deje unos días sin ventilar por un sistema modernísimo para ello.

Hoy en cambio tenemos una prueba de fuego junto con estos amigos de habla francesa que se ofrecen muy valientes para subir a la torre de Poniente. Y entramos..

Naturalmente aquí hay que pagar también, nos adentramos en una subida sin fin, una rampa que nos lleva al siglo XVIII, la edad de Oro de la ciudad de Cádiz. Descansamos, los zapatos de verano que llevamos algunos no son los más adecuado para esta subida pero no pensamos que se ofrecería la oportunidad de subir una vez más hoy, día de viento del norte que hace del horizonte lazo amoroso de cielo y mar. Poco más y llegamos a la meta, vemos la ciudad alrededor, sus monumentos y una y mil anécdotas que nos cuentan los guías entre las medias risas de quien se conoce la piedra a fuerza de amarla.  

 

Horarios de visitas al templo y a la torre: 

– del 15 de junio al 15 de septiembre de 10.00 a 20.00

– del 16 de septiembre al 14 de junio de 10.00 a 18.00

 

La última visita a la torre será media hora antes del cierre y está abierta todos los días del año excepto el 25 de diciembre y el 1 y 6 de enero. 

Explicaciones auditivas en cinco idiomas: español, inglés, francés, alemán e italiano.. 

DAMADENEGRO

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