V DE VENDETTA

Publicado: marzo 5, 2012 en mis experiencias, peliculas
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Lo había notado un día del pasado invierno, alguien, al salir de los grandes almacenes, me miraba y me sentía incómoda. Miré a un lado y a otro: gentes con bolsas en las que resaltaba el logotipo de la tienda, pero nadie me miraba…, seguí mi camino, pero sentí de nuevo el calor de ese roce especial que supone los ojos de alguien que te mira con anhelo…, volví de nuevo la cabeza y vi la riada humana que iba y venía por la gran explanada de entrada; de pronto mi ojos se quedaron fijos en un cartel situado en la pared. Allí una cara con una sonrisa quieta sobre un papel me miraba sin ojos y sus labios se doblaban en una sonrisa sin fin. 

La sonrisa me resultaba conocida, o quizás fuera la máscara, la verdad es que me esforcé por conocer a quien pertenecía aquella burla en un cartel que estaba enmarcado con la letra V y por fin pude reconocer el autor de este tremendo afán por saber que había despertado en mí: Guy Fawkes, un personaje revolucionario del siglo XVII que intentó volar el parlamento inglés en la llamada “Conspiración de la Pólvora”, venganza por las leyes penales que impusieron contra los católicos. Desde aquel entonces el 5 de noviembre es conocido en la historia de Inglaterra como “El Día de Guy Fawkes” o “The Bonfire Night”, como bien puede conocer quien ame la historia y las costumbre de la famosa isla convertida en reino. 

Pero que hacía allí esta máscara burlona mirándome sin ojos??…, me acerqué y pude comprobar que era un anuncio de una película que se estrenaría dentro de poco en las grandes pantallas… esperaría para tener mi encuentro privado con tal conocido personaje y saber el porqué de su resurrección después de tantos años. Guy Fawkes tuvo que esperar hasta anoche para encontrarse cara a cara conmigo y me siguió sugestionando su sonrisa y su perdida mirada sin ojos… 

Es así como me puse ante el Tv con mi peli de vídeo, cogida casi a traición de las manos de un joven que miraba curioso el stand; necesitaba verla anoche, lo había planeado así… Y dando las diez de la noche en el reloj del salón, Fawkes entró en mi vida, o mejor dicho alguien que llevaba su máscara se apoderó de mi corazón. 

El guión nos traslada a una época venidera, con unos países que han cambiado su forma de gobierno y que han caído en la manoseada estrategia de ser dominados por opresores. Al fin y al cabo por muchas vueltas que demos, siempre acabamos igual. Los EEUU se habían convertido en la decadencia de todo imperio que sucumbe a sus normas e Inglaterra, lugar donde se sitúa la acción, estaba gobernada por una dictador que bajo los colores del rojo y el negro, lanzaba proclamas de autogobierno, autodefensa de los interés y explotación de los medios de comunicación. Es aquí, en esta atmósfera de falta de libertad, toques de queda, policía política y demás monadas de estos regímenes, donde aparece la figura de este hombre sin rostro; mejor dicho con careta, que nos trae al famoso Guy, el incendiario, a esta época. 

Sus idas y venidas enfrentándose al poder oficial, con medios para poder alterar el curso de cualquier acontecimiento, su forma de pensar, sus programas de Tv y también para aparecer y desaparecer cuando menos se piensa sin dejar ningún rastro, viene acompañado con la aparición en escena de una joven, Evey a la que salva del abuso de la policía secreta y entre ellos nace una relación extraña que viene marcada por el odio y el amor. Es quizás esta joven la que nos haga ver el perfil humano del antihéroe de cara sonriente que ha aparecido un 5 de noviembre y que promete aparecer otro cinco de noviembre para destruir el Parlamento inglés si no se han transformado el régimen que gobierna el país. 

La Historia sigue su curso hasta ese cinco de noviembre anunciado y el final se convierte en una apoteósica imagen de frases fantásticas y de efectos inolvidables. Mientras tanto un tren con la figura en negro de nuestro intrigante protagonista se acerca poco a poco al edificio del Parlamento inglés. 

La película engancha desde el primer momento, los diálogos son fantásticos, haciendo del lenguaje de nuestro héroe enmascarado, un verdadero prodigio de monólogo utilizando todas las palabras que comienzan con V. Su morada situada en las entrañas de la tierra es también un lugar poderoso de cultura, donde se esconde todo aquello que poco a poco a sustraído a sus propietarios y nos deja con un aroma de sentimentalismo cuando deposita la rosa como firma de su autoría en cualquier gesto de confirmación de su terrorismo ante un estado dictatorial. Una rosa especial, roja como el fuego que acabó consumiendo un día sus rasgos humanos.

Detrás de todo este tinglado la moraleja se apodera de la película haciéndonos ver una vez más que el hombre no termina de enterarse, que todo tiene truco, que tarde o temprano terminamos en lo mismo: unos pocos imponen sus leyes a unos muchos. Pero haciendo caso de la famosa frase de nuestro maravilloso Guy: 

La gente no debe estar temerosa de sus gobiernos. 

Los gobiernos deben ser temerosos de su gente.

 

 

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