Inquietudes

Publicado: abril 5, 2012 en relatos
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Qué pensamientos aturdían tu mente mi querido amigo en esta tarde en que el otoño se hace el remolón y no quiere entrar. A la vuelta de la playa en donde el mar azul se hacía desear bajo un sol de justicia y un levante casi desatado que levantaba olas de arena en esta nuestra playa tan cercana?.

Llena de ese salitre, con la sequedad producida por el viento, he subido a casa y preparando la ducha me he dado cuenta que las ventanas del dormitorio estaban tapadas por la cortinas de encajes.. Persianas a medias, daban una penumbra a ese lugar de relajo y en la cama tu cuerpo dormitaba quizás llevado por el cansancio de horas de trabajo.

Me he acercado despacio, para que mis pasos se volviesen sordos hasta tu lado. Y allí he contemplado el hermoso teatro que es tu cuerpo desnudo llevado por los brazos del sueño y dándote a lucir a estos ojos que no esperaban espectáculo más hermoso.

Una dulzura se ha apoderado de mi cuerpo, las manos han dudado en acariciar o quizás en comprobar si este sueño de visión es real o me lo estoy imaginando. No he podido resistir el encantamiento de tu cuerpo. Atracción de imanes poderosos que en mis manos han hecho efecto. Una suave caricia he dejado sobre tu pelo abandonado en la almohada y quizás ese beso casi caricia que te he dado en los labios.

Te has movido remolón, saboreando el beso y quizás el sabor de la sal ha hecho que de tu sueño hayas vuelto. Y con un mirar de ojos entornados, mi dueño se ha despertado: sabes a sal…. a sal y mar, amada.

Y me he dejado caer a tu lado estudiando cada ángulo de tu rostro. Esos ojos negros que me miran casi en sueños y esas manos cruzadas sobre tu pecho.

Eres demasiado bello, mi adorado amor. Y remolón cierras los ojos de nuevo; quizás haciéndote desear, quizás porque el sueño te viene de nuevo.

Y de lado te has quedado mudo, con los ojos cerrado y luciendo ese cuerpo desnudo… que bello¡¡. Y poniéndome de rodillas al filo de la cama te contemplo, esos labios de jugo dulce, cuanto deseo me llega… tu frente despejada, allí donde nacen los sueños, la nariz en largas respiraciones y un suspiro escapado en un momento. Y esas manos apasionadas y escondidas ahora para mí, que se cruzan en tu pecho.

La llama de la pasión me ha quemado por dentro. Y he sentido ese latir especial que se siente cuando se desea el deseo. Y he querido despertarse, pero no lo he hecho porque casi sacrilegio me parece traer al mundo de los despiertos a este sueño que dormido está, levitando en mi lecho.

Hasta la ducha he llegado, en los placeres de agua de masajes me he dejado las ansias que me poseyeron mientras te contemplaba allí dormido y yerto. Y esos chorros de agua pura se han mezclado con el gel morado y la crema que resbalaba por mi cuerpo ha jugado al escondite allí donde más te deseo. Espuma de grandes bombas que me aprisionaban el pecho y un puf se han desvanecido cuando la respiración ha hecho hueco.

Sigue el agua cayendo y juega con mi cuerpo entero. Cierro los ojos y cada canal se convierte en manos de terciopelo. Templada está mi ducha, que calma el calor del cuerpo, ansias de pasiones desatadas por la visión de tu cuerpo. Te deseo tanto en estos momentos… pero no quieto perturbar el sueño.

A mi espalda he sentido la mampara abrirse y unas manos de terciopelo me han masajeado la espalda jugando con el agua y el gel morado… son tuyas o es mi sueño¡¡.

Y dos cuerpos bajo el manantial se mojan de geles y de suaves besos. Tu boca hace de roce entre mi saliva y el agua que está cayendo. Que delirio es este sueño¡¡. Besos que me vuelven loca y que poco a poco por mi cuerpo van cayendo y tu espalda sirve de escudo en donde hace de remolino y salpica mi rostro.

El placer llega al punto más alto del conocimiento y con las manos tomo tu cabeza marcando ritmo y lugar concreto. Y saciado de tus ganas y de mi placer llegado al extremo, me miras con una dulzura que me llega muy dentro.

Baja la mujer que soy hasta el destino concreto y haciendo miles de cabriolas con el gel y el agua templada cayendo, te da ese masaje que te hace musitar sin entender que estás diciendo y en uno de esos antojos, levantas los brazos y gritas a los cuatro viento.

Volvemos a estar a la misma altura, tus ojos en mis ojos ciegos, la pasión desbordada y los deseos satisfechos.

Vuelvo, vuelvo y secados del agua, nos vamos hasta el lecho donde yacen los amantes hasta que el sol se ha puesto.

 

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