CAIDA

Publicado: mayo 22, 2012 en relatos
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Me dije a mi misma que sería un peligro estar tan cerca; me había prometido no darle la ocasión de musitarme al oído aquellas palabras que venían adulzadas con su voz de novelista narrador.  Me había propuesto que debería de estar lejos de esa tentación de 1.80 metros y unos ojos negros como el pecado.

Siguiendo mis propósitos, entre en la mansión y fui directamente a mi habitación, cuantas veces había estado en ese lugar y los años que se me habían amontonado en el rincón recuerdos formando casi una pila de mármol. Mi maleta queda quieta sobre el viejo arcón, ropa fresca y clara para unos días de campo en un ambiente decimonónico.

Entre en el baño, en el mismo que de pequeña jugaba con el jabón y la espuma. Me despoje del vestido que ya me apretaba bajo el sol de justicia. El agua clara y fresca despejo mi mente de todo problema ciudadano, pensaba descansar, pensar y leer. Y sin embargo, su presencia era una perturbación que no tenía asumida. Era casi un niño la última vez que le vi y ahora, ya un hombre, rezumaba ese olor que tiene el pecado a determinada edad.

Despejada y fresca, olores de talco y toalla recién lavada. La cama abierta para una buena siesta me recordaba la voz infantil que decía “abuela mira como salto”.

Me abrace a mi misma para tener más contacto con aquel camisón con tiras bordadas antiguas, aun conservaba el perfume de jabones dentro de los oscuros cajones de la cómoda antigua.  La aspiración lleno mis pulmones de tiempos pasados, perdí noción de tiempo y edad.

El sol estaba cayendo poco a poco e inundo la estancia de un dorado destello; la cama templada por mi calor, adornos de antiguas manos familiares, el sopor del sueño, un roce en la mejilla, suave, casi un susurro: “tenias que volver y llenar de vida esta casa”.

No quería volver la cabeza, la voz se perdió en el tiempo porque sonaba igual que aquella otra que me dejo suspendida en vida terrenal. No quise detenerme en pensar, me deje simplemente llevar y tocar.

Aquellos labios jóvenes me llenaron de vida, las palabras murmuradas en mis oídos, no me moví, me deje llevar en ese hilo de voz, provocador, ardiente y dulce.

El momento del beso se aplazo porque supongo que quiso dejarse rogar; me arrope simplemente, extendí el brazo como camino a seguir. Un beso en la mejilla dulce, muy dulce. A mis años, Dios mío,  dulce. El chico era joven, juventud impetuosa que no piensa nada más que en deseos y emociones fuertes. Se acerco al fuego más grande que encontró; aunque parecía braza nada más.

Siguió cayendo el sol, se escondió tras el horizonte quizás avergonzado de su luz. Volvieron las oscuridades, los rincones perdidos, los grandes cortinajes, las sabanas revueltas, la ropa en el suelo, los brazos llenos de placer, los labios secos de tanta ansiedad. Volvieron… quizás no se vayan en mucho tiempo.

DAMADENEGRO 22/5/2012Safe Creative #0811281686360

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