EL VIEJO DESVAN

Publicado: julio 16, 2012 en relatos
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Siempre me pregunte que había en aquel desván cerrado con llave desde tiempos de niña. Recuerdo que jugaba con mis primos a escondernos, recuerdo el viejo espejo donde me miraba una  y otra vez con las galas antiguas dejadas de la mano de Dios en baúles medio rotos.

Alguien cerró aquel cuarto cuando murió la abuela, alguien escondió la llave, no se sabe que hizo con ella. Pero alguien también rebusco en los cajones, paso más de una tarde metiendo las narices en el polvo añejo y en un rincón estaba la joya buscada, la antigua llave que llevaba hasta el desván y lo abría ante su curiosidad.

Día resplandeciente, sol de verano y sin embargo la vieja escalera con escalones crujientes se rodeaba de oscuridad como avisando de que aquel terreno estaba exento del paso del tiempo. Una luz mortecina en su entrada y la llave movió el viejo cerrojo que la había cerrado durante años.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la casi penumbra total, me fui dando cuenta de que las cosas estaban en el mismo lugar que siempre; aun sentía los pasos apresurados en busca de mis primos, y las risas apartadas en los rincones de quienes aprenden a amar por primera vez.

El viejo espejo estaba empañado por el polvo, aun así vi mi figura reflejada, aun así alguien se coloco detrás mía e hizo que mi corazón latiera mucho más fuerte y rápido. 

Se me hizo un nudo en la garganta cuando vi el viejo baúl abierto, aquel vestido de encajes de Bruselas aun estaba dejado caer sobre un montón de cosas  en busca de que determinadas manos lo volviesen a coger.

Una caricia, un deseo roto por los años, el viejo vestido debió ser usado pero no tuvo tiempo. La curiosidad pudo más que mi dolor y le puse sobre mi cuerpo, algo mágico rodeo el momento, alguien me desvistió y poco a poco fue subiendo esa joya antigua sobre una piel que decidió quedarse muda de sentimientos hace muchos años.

Esas manos blancas, nácar pasada como si fuese el libro de primera comunión, fue cerrando los pequeños botones hasta llegar al cuello allí se paro y me dio media vuelta, frente a frente con el pasado. Mi corazón murió, de deseo, de pena o quizás de una olvidada emoción.

Le tenía con ese pelo negro, rebelde y lacio, ojos que parecían sacados de un cuadro, reflejaban sentimientos pasados, ardor en mi cuerpo, unos labios que temblaron de emoción. Era el, de nuevo vivo, todas mis promesas tiradas al viento.

No dijimos nada, nos miramos, el de blanca camisa, yo de vestido de boda, unas rosas de tela en un viejo jarrón adornaron  la ceremonia de renovación de votos, de nuevo, eterno, siempre y sin final. Votos ya renovados, el viejo espejo ahora no reflejo la silueta venida del pasado, conseguido lo que deseaba, volvía a desaparecer.

Trague saliva, cambie mi vestido, deje el otro en el baúl y allí vi un papel que sobresalía de los demás, quizás porque no estaba tan amarillo: una renovación de votos de boda, igual que se hacía hace dos siglos. Fecha de hoy mismo, ahora estoy de nuevo al día con mi amor.

©DAMADENEGRO 16/7/2012Safe Creative #0910244745585

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