PIEL

Publicado: agosto 6, 2012 en intimidades, relatos
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La blancura de esa piel me sedujo, su tacto me hizo titubear de placer, la suavidad invadió cada rincón de mi cuerpo, me dio la sensación de estar tocando las nubes del cielo.

Recordé el tiempo que hacía desde que le conocí, poco, quizás no llegaba a dos meses pero le conocía como si fuese de mi propia carne. Se dejo amar desde el primer momento, se dejo tocar en cuerpo y alma. Se tiro sobre el sofá de  mi corazón y se dejo acunar por mis mimos.

Que buscaba en mi? No lo sé, quizás su carácter suave  y exquisito encontró en el trueno del mío el mejor compañero. Hacia acto de presencia en mi vida en un momento de tranquila máxima, cuando disfrutas de cada segundo porque son simplemente tuyos. Y se fue introduciendo poco a poco en esos rincones poniendo algo de calor en un pasaje totalmente cuadriculado.

Piel lisa, blanca, quizás rozando el nácar de que hacían honor los dioses. Y los ojos negros, misteriosos, hablando la mayoría más con ellos que con los labios. Y su boca, remanso rosado de un sí o un no.  Palabras tenues, medios tonos, susurrando, casi música de fondo. No hay malentendido, ahora no hay lugar para eso.

Reposa en mi vida, día si o día no.  Dice que le apasiona mi integridad y mi seguridad. Siento un cierto rubor cuando se que hay algo más. No puedo decir que sea un vicio, es como la cortina que vuela al viento cuando se deja la ventana abierta. Esa es la misma sensación de suavidad.

Sus abrazos son dulces, mas roce que apretura, no hay un cuerpo a cuerpo, más bien es la sombra proyectada de uno en el otro. Dice palabras cortas al oído, como si fuesen piropos, monosílabos, algunos son ruegos, otras afirmaciones. Dardos envenenados directos al corazón.

Se deja admirar, le gusta la ligereza de ropa, se nota con ello que es joven y deseado por quien nunca se despoja de sus ropas de hippy ibicenca. Algunas veces pongo flores en su pelo negro, me hace viajar en el tiempo. Otras coloco un anillo en sus largos dedos, como ensayo, como nostalgia, no sé bien  la razón.

Mira con reposo, recreándose en todo. Eludo su mirada algunas veces cuando adivino sus deseos. Un poco de vergüenza aun tengo. Quizás porque es tan puro en sus deseos que me da miedo los caminos que toma quien como yo ha vivido mucho.

Le dejo dormitar en la gran cama con dosel, blanco sobre blanco, me vuelvo y le miro a través del viejo espejo. Parece que los ángeles de madera vuelven sus ojos hacia él. Se recrean con su cuerpo. Andrógino y quizás equivoco, pero es la felicidad que hoy me ha dado en tiempo.

©DAMADENEGRO 6/8/2012

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comentarios
  1. parfumi dice:

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