Girolamo Francesco Mazzola (1503-1540) el Parmigianino

Publicado: septiembre 1, 2012 en mis experiencias, viajes
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Girolamo Francesco Mazzola (1503-1540), Aguafuertista y pintor manierista italiano, nacido en Parma, y de ahí su apodo. Fue artista precoz, y en 1522-1523 pintó hermosos frescos en dos capillas de San Juan Evangelista de Parma, en los que mostraba su admiración por Correggio, que había trabajado en la misma iglesia uno o dos años antes. Sin embargo, la originalidad y sofisticación que demostró desde el principio, y en concreto su gusto por los efectos espaciales insólitos son especialmente llamativos en su célebre Autorretrato en el espejo convexo (1524, Kunsthistorisches Mus. de Viena), donde, según Vasari, aparece «tan hermoso que se asemejaba a un ángel más que a un hombre».

En 1524, Parmigianino fue a Roma, seguramente pasando por Florencia, y su obra se volvió más grandiosa y elegante bajo la influencia de Rafael y Miguel Ángel. La visión de san Jerónimo (NG, Londres) es su obra más importante de este periodo, en la que muestra la inquietante intensidad emocional generada con sus formas alargadas, inconexo sentido del espacio, luces frías y atmósfera lasciva. Parmigianino abandonó Roma después de que la ciudad fuera saqueada por las tropas alemanas en 1527, y marchó a Bolonia. En 1531, volvió a Parma y fue contratado para pintar frescos en Santa María de la Steccata. Sin embargo, no consiguió completar la obra y acabó en la cárcel por incumplimiento de contrato. Vasari cuenta que descuidó la obra porque se encaprichó por la alquimia: «Se dejó una barba larga y descuidada… se abandonó y se volvió melancólico y excéntrico». Sin embargo, sus últimas obras demuestran que no habían disminuido sus facultades, y su obra alcanza la apoteosis en la celebrada Virgen del cuello largo (h. 1535, Uffizi, Florencia); las formas de sus figuras son extraordinariamente alargadas y estilizadas, y la pintura tiene un refinamiento y gracia que la colocan por encima de los arquetipos del Manierismo. El repertorio de Parmigianino se extiende más allá de sus obras religiosas.

Pintó un Cupido tallando su arco (1535, Kunsthistorisches Mus., Viena) de gran sentido erótico, y fue uno de los más sutiles retratistas de su tiempo (hay dos soberbios ejemplos en el Museo de Capodimonte, Nápoles). Los fondos paisajísticos de sus pinturas religiosas tienen una visionaria y misteriosa calidad que influyó a Niccoló dell’ Abbate, ya través de éste al arte francés, cuyo dibujo era exquisito, hizo también diseños para grabados y para xilografías de claroscuro, y parece haber sido el primer artista italiano que hizo aguafuertes originales de sus propios dibujos.

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