DIA DE DIFUNTOS

Publicado: noviembre 2, 2012 en mis experiencias
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Día de difuntos, días de olor a flores, de lápidas, de sol radiante en el cielo de Andalucía que hacía más alegre el sentimiento de amargura que siempre aflora cuando se visitan a los que ya no están contigo. Mismo camino, la carretera con las retenciones propias de un día cualquiera y el giro a la derecha camino del Camposanto. Las puertas abiertas, las tiendas de flores que disparan sus precios en este día. Los dispuestos jóvenes que se ofrecen a echarte una mano con la limpieza, la escalera o los cubos para la limpieza.

No hace falta nada, me dije con el ramo de lirios blancos, las rosas blancas y los gladiolos rosas; un ramo de perejil que suena un poco raro y algunas margaritas también blancas. Dentro la gente se agolpaba cada uno frente a una lápida. Allí estaba el padre de la joven que murió con 15 años con las manos tapándose el rostro. Aún hay restos del dolor inmenso que sintió el día que la perdió. La viuda del panteón del Ángel aún conserva el luto, siempre de negro con su ramo de rosas rojas. Las dos hermanas que rezan ante la foto casi visible de sus padres muertos en accidente.

Trato de que la visión no me haga divagar en el corto camino que lleva hasta mis padres, mis tíos y mis dos primos. Allí permanecen en tres nichos. Mi padre junto a mi madre y un primo, en los otros dos mi tía sobre la tumba de mi tío y su hijo. La blancura del mármol me ciega en esta mañana de sol radiante. Los gorriones se cuelan por los pasillos de Camposanto buscando algo que comer. Cojo uno de los cubos que están disponibles en estos días junto a las fuentes de agua. Un empleado del lugar viene con el soporte para las dos coronas de claveles rojos que acaban de llegar para ponerlas junto a las tres tumbas. Siempre rojo y blanco. Siempre sangre y pureza. Siempre dolor y vacío.

He limpiado con primor las letras doradas con los nombres de mis queridos padres, tíos y primos, le he dado lustre y resplandecen más que el propio sol. Estoy sola y sin embargo siento el calor salido de esa piedra fría que resplandece bajo el sol. Me siento ahora más acompañada que cuando estaban en vida. Cada uno me aportó lo que necesitaba en cada momento, ahora ya no están, incluso los dos que por edad deberían seguir vivos….. Le sigo amando, parece mentira.

Saco el rosario, aquel mismo que fue y vino un día de funeral. Paso sus cuentas como si fuese un muñeco al cual se le ha dado cuerda. La letanía va saliendo en latín con una perfecta pastosidad. Siempre se me dieron bien las lenguas muertas….. te sigo amando, parece mentira.

Trato de leer entre lineas entre los nombres. Fernando, me aconsejaste en los días que perdí a mi padre, fuiste un pariente perfecto aunque no eras de la familia. Ayudaste a mi madre y me ayudaste a mí con tus consejos aquel día que nos quedamos solas…Isabel, pequeña, inquieta, con la mirada fija en su objetivo, dicharachera y mal hablada. Siempre fue una mujer de balcón, como aquel del barrio que te permitía ver la salida de tu cofradía favorita, La Palma. Fernandito, el hijo que murió con 33 años de un defecto de nacimiento que le fue consumiendo durante toda su corta vida. Fue con quien jugaba, a quien hacía reír con esa risa que tienen los ángeles que son felices aunque no puedan levantarse de su sillón casero entre cojines y mantas y con el eterno pañuelo para limpiar su boca eternamente mojada. Mi padre, sus restos que llevé un día de abril desde una ciudad a otra. Le tuve en mis manos ya muerto lo mismo que el me tuvo en las suyas cuando nací a la vida. Mi madre que está precisamente donde siempre quiso estar, a su lado, en el mismo “Boquete” como decía ella. Ya no cosen sus manos las telas y sin embargo yo llevo muchos de sus vestidos y de sus abrigos, me siento más segura. Y por último tú, que me dejaste con quince años, cumplidos tú los 18, porque el sentimiento fue tan grande que convirtió tu sangre en agua y te quedaste quieto una mañana de primavera mirando al techo de vigas, con los pájaros cantando en el naranjo que se asomaba por el balcón que daba a la plaza.

Los lirios blancos son para ti, pureza y belleza, amor y dolor, comienzo y final, vida y muerte. Mucho tiene que ver mi carácter ahora con lo que cada uno de ellos me aportó en vida. Más fuerza, demasiada que me da miedo poder hasta con la muerte y no poderles ver de nuevo ante mí… Demasiada frialdad que solo se ve calentada en un día como este en que la primavera se ha asomado al mes de noviembre para hacerlo más bello.

Es la hora de partir, la procesión de familiares sale en silencio, dos o tres, algunos hasta cuatro personas. Yo voy sola, ellos se quedan como en los últimos años y yo me voy a seguir el camino que ellos me señalaron, sintiendo lo mismo que me hicieron sentir cada uno de ellos, recordando las voces, algunos cantos, algunos besos dados en las esquinas, otros de cariño paterno, de fuerza para los momentos malos.

Allí se quedan, yo vuelvo a mi vida…… 

DAMADENEGRO 2/11/2010

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comentarios
  1. Phyliss dice:

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    Me gusta

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