EL DIVAN ROJO

Publicado: diciembre 7, 2012 en intimidades, mis experiencias, relatos

 

Había llegado en su coche blanco, con unos pantalones arrugados y llenos de girones, y sin embargo su halo mágico lleno el ambiente en cuanto entro en la habitación.

Caída en el diván, siempre recibo en el diván cuando se trata de chicos; sonreí medianamente. Sus ojos azules trataron de adivinar que se estaba cociendo en esta calenturienta caldera que es mi cerebro. Caprichosa, demasiado caprichosa me he vuelto.

Un beso suave en la mano; retazo muy antiguo de algunas costumbres heredadas y vueltas a tomar. Se quedo sentado a mi lado, no había conversación, quizás porque entre nosotros nunca hubo mucha charla; simplemente le quite un botón de camisa de seda negra.

Me miro con cara de cordero al borde de sacrificio; siempre me maravilla la entrega de este chico. Me estoy volviendo demasiado morbosa, o quizás no?

No tardo en recoger el testigo, sabio, donde quería llegar. Enrarecido en este ambiente casi gótico que me rodea, encendió el candelabro de velas rojas. La tentación fue más fuerte que mi  comodidad y me levante para sostener una de estas hermosas velas rumanas compradas en un viaje.

Lo dude pero seguí con el juego; vertí la cera en su hombro, resbalo por su pecho siguiendo las curvas de sus músculos. Juega con su anatomía bien cuidada, dicen que estas cosas son propias de hombres; pero una ha roto demasiadas lanzas como para no tomar lo que gusta. 

Parpadeo el chico, quizás le duela demasiado el pellizco de mis dedos, quizás disfrute con este primerizo dolor.

Quedo tumbado, a los aires libres de la recargada habitación. No había nada ni limites. Ahora la seda negra soportaría los más variados juegos.

Sumiso y bello, dulce y suave. Su aire aniñado hacia quizás que mi mente se sintiese culpable de socavarle con los deseos inconfesables que se apoderaban de mi mente.

Solo había susurros en esos momentos únicos, una súplica salió de su boca, algo que sabía que no podía ser. Se retorció entre el placer y el dolor, las cuerdas blancas resbalaban por sus piernas doblando los latidos de su corazón.

Ya llegada a la meta, logro que sus dedos quedasen con algo de movilidad y tomaran mi mejilla para dejar en ella ese desgarrador beso que no podía dar. Parte del juego me dije a mi misma y me sumergí en  sentimientos encontrados. Sabía que un día tendría que caer en la tentación para saber que se siente cuando se corresponde a tanto amor, a tanta atención, a tanta dulzura. 

Se quedo quieto mirando los ángeles pintados del techo, su cuerpo se relajo después de la tensión máxima. Los cordones se aflojaron, borlones blancos llenos de vida que goteaban su nombre…..

Me hice un ovillo, a un lado del diván, era tan apetecible ahora lleno de paz y dulzura como antes lo había sido lleno de tensión y de fuego.

Me concentré de nuevo en la lectura; seguía el guion, era parte del acuerdo; otra vez pensé ¿Qué será lo que sienta el día que me salte algún reglón?

DAMADENEGRO 29/11/12

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