Irma Ilse Ida Grese

Publicado: mayo 20, 2013 en mis experiencias
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Irma Ilse Ida Grese (Wrechen, 7 de octubre de 1923 – Hamelín, 13 de diciembre de 1945) fue una supervisora de prisioneros en los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau, Bergen-Belsen y Ravensbrück durante la Segunda Guerra Mundial

 Apodada «la bestia bella» o «el ángel de la muerte» o «la perra de Belsen» por los prisioneros de estos campos a causa de su comportamiento sádico y perverso, fue una de las más crueles y famosas criminales de guerra nazis, quien a pesar de su corta edad, fue condenada y ejecutada en la horca por los Aliados el 13 de diciembre de 1945.

Irma Grese nació el 7 de Octubre de 1923, en Wrechen de familia humilde terminó la escuela elemental en 1938, dos años después del fallecimiento de su madre, quien dejó en la orfandad a dos pequeñas (Irma era una de ellas) y dos niños. En 1938 estuvo empleada como jornalera en una granja, después, trabajo en una tienda, en Luchen, otros seis meses.

Con 15 años consiguió un puesto de limpiadora en un Hospital en Hohenlunchen, y allí permaneció dos años e intento convertirse en enfermera, pero la Oficina de Trabajo no se lo permitió. Fue enviada a trabajar a una lechería en Fürstenberg. En Julio de 1942 volvió a solicitar un puesto de enfermera, pero, a pesar de que protesto contra ello, la Oficina de Trabajo la asignó al campo de Ravensbrück, como parte del cuerpo auxiliar femenino de las SS. Estuvo allí hasta Marzo de 1943. De esta manera Irma pasó de ordeñar vacas a vestir el uniforme de las SS Helfserin. La Helfserin Korps (literalmente “Cuerpo Auxiliar”), no gozaban de consideración militar, no estaban autorizadas a portar armas, y, desde luego, no podían impartir órdenes a ningún varón, cualquiera que fuese su rango. Eran meras empleadas de las SS, eran, en su mayor parte campesinas reclutadas entre las BDM a través de la Oficina de Trabajo, familiares de combatientes caídos o heridos en combate. Sus funciones, a partir de 1943, era la re-ubicación forzosa de gran cantidad de personal civil.

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Era en Ravensbruck (Alemania) donde se preparaba al personal femenino de las SS para la supervisión de campos. Allí se formaron unas 3.500 y después fueron designadas supervisoras o encargadas en otros campos. Además de Irma Grese, había otras oscuras mujeres como Ilse Koch en Buchenwald, Hildegard Neumann en Theresienstadt o María Mandel en Birkenau. Luego de su periodo de formación es decir cuatro meses más tarde, Irma es destinada a Auschwitz II – Birkenau. Tiene 19 años, gana 54 marcos al mes y es la Aufseherin más joven del campo. Al principio le asignaron un puesto de telefonista. Sin embargo como castigo leve, fue enviada durante dos días a hacerse cargo de un comando de trabajo que transportaba piedras al interior del campo desde una cantera cercana. En este momento comienza a colaborar con el Doctor Menguele en la selección de candidatas para las pruebas del mismo. Es en este momento donde comienza a maltratar a las detenidas disfrutando cada vez que golpeaba y abusaba de alguna interna. Se hace notar, desde luego. Es respetada. Temida. Allí, en Birkenau, con su uniforme impecable, sus botas altas siempre relucientes, su pelo rubio milimétricamente colocado, su perfume de agua de rosas y su látigo de celofán, que alguien hizo especialmente para ella, es al fin, quién siempre quiso ser y disfruta maltratando a las detenidas.

Su trabajo favorito era ofrecer el discurso de bienvenida a los recién llegados. Siempre causa una impresión buenísima. Los internos la llaman “Angel”, pero pronto se dan cuenta que su aspecto físico no tiene nada que ver con su perversa personalidad. A finales del 43, está a partir un piñón con Maria Mandel y Elizabeth Volkenrath, sus superioras inmediatas, y ha sido ascendida a Oberaufseherin.

 En Mayo, la nombran responsable del campo C. 30.000 prisioneras a su cargo en un espacio previsto para 3000. Y es que la máquina funciona a pleno rendimiento. La guerra no afecta a los transportes, que no paran de llegar y las cinco chimeneas humean de manera permanente y sin descanso. El terror mortal inspirado por su presencia la complacía indudablemente y la deleitaba. Porque aquella muchacha de veinte años carecía en absoluto de entrañas. Con mano segura escogía a sus víctimas, no sólo de entre las sanas, sino de entre las enfermas, débiles e incapacitados llegadas al campo. Las que, a pesar de su hambre y penalidades, seguían manifestando un poco de su belleza física anterior eran las primeras en ser seleccionadas. Constituían los blancos especiales de la atención de Irma Grese. Durante las “selecciones”, el “ángel rubio de Belsen”, como más adelante había de llamarla la prensa, manejaba con liberalidad su látigo. Sacudía fustazos adonde se le antojaba, y a nosotras no nos tocaba más que aguantar lo mejor que pudiésemos. Nuestras contorsiones de dolor y la sangre que derramábamos la hacían sonreír. ¡Qué dentadura más impecable tenía! ¡Sus dientes parecían perlas!

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Siempre usando pesadas botas, látigo y pistola, entre otros actos, Irma era conocida por dejar que perros hambrientos y furiosos se lanzaran encima de las presas para devorarlas, asesinar internas a tiros a sangre fría, torturas a niños, abusos sexuales y palizas sádicas con látigo trenzado hasta provocar la muerte de las víctimas la belleza de Grese se había trastocado en una mujer de rasgos endurecidos por la crueldad. En su alojamiento, después de su detención, fueron encontradas lámparas de mesa con las pantallas hechas de piel humana, exactamente de tres prisioneros judíos asesinados y despellejados por ella misma. Fue imposible determinar la responsabilidad de Irma en un número concreto de asesinatos. Se dice que los cometía a un ritmo promedio de treinta al día. El galpón C del campo Birkenau de Auschwitz, en donde ella “trabajaba”, tenía capacidad para 30 mil prisioneras. El número total de víctimas en los tres campos que se ubicaban en el pueblo de Oswiecim, rebautizado como Auschwitz, se estima entre 1 millón y 1.5 millones de personas, que en su mayoría murieron en las cámaras de gas. A Irma se le acusa de todo tipo de actos que incluían homicidios, mutilaciones, abusos sexuales de todo tipo de crímenes de los cuales existe muchos testimonios de testigos presenciales los cuales señalaban la clase de persona se ocultaba detrás de la angelical cara del Ángel…… Durante un breve lapso, Irma regresó a Ravensbrück, a 90 kilómetros al norte de Berlín, y luego fue enviada a Bergen-Belsen, cerca de Hannover, Alemania. Luego, permaneció en Birkenau hasta el final de la guerra.

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Fue arrestada por los ingleses y juzgada en septiembre de 1945, junto con el comandante de Bergen-Belsen, Josef Kramer y otros cuarenta oficiales; fue condenada y colgada el viernes 13 de diciembre de ese mismo año por el verdugo británico Albert Perrepoint, junto con otras dos mujeres alemanas, las enfermeras Elisabeth Volkenrath y Juana Bormann. Irma Grese tenía 21 años. El 17 de septiembre de 1945 comienza, en Lünenburg, el juicio contra Irma Grese y otros 44 acusados, pero ella se erige en estrella indiscutible desde el primer momento. Los niños corean su nombre cada día, a su llegada al juicio; ella responde, invariablemente, con una sonrisa coqueta… Su actitud, dentro del Tribunal, oscila entre la indiferencia y el desprecio. Se mostró ausente y distraída a lo largo de todo el proceso, como si supiera exactamente a donde iba a conducir todo aquello. Cuando se publicó su sentencia de muerte era ya la alemana más popular de los EEUU. Sin jamás reconocer su culpa por los delitos que se le imputaban, ya que se declaró una y otra vez inocente, Irma Grese fue ejecutada a las 09:34 horas del día 13 de Diciembre de 1945. Durante su juicio, ella negó todos los cargos de asesinato pero, aún condenada, no renegó de la ideología nazi y, en su celda, la víspera de su ejecución, entonaba los cantos marciales de las temibles SS. Se ha afirmado que la criminal mantuvo relaciones amorosas con el doctor Joseph Mengele, “El Ángel de la Muerte”, responsable de disecciones y experimentos con enfermedades en los judíos del campo. Sin embargo no hay pruebas directas de esta relación. De lo que sí quedan testimonios ciertos es de la belleza de sus facciones, endurecidas por un gesto de ferocidad y desafío. La prensa la bautizó como “El ángel rubio de Auschwitz”.

 

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