Ayers Rock – Australia

Publicado: agosto 7, 2013 en viajes
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Su nombre ha cambiado tanto como sus colores. Para los aborígenes siempre fue Uluru, pero en 1873 William Gosse, primer occidental conocido que coronó la cima, lo rebautizó como Ayers Rock en honor al entonces primer ministro de Australia Meridional. A finales del siglo pasado, en la normalización de relaciones con los anangu se reinstauró la denominación Uluru como nombre oficial. Pese a que el principal atractivo del parque es contemplar sus colores cambiantes a lo largo del día, para compensar el obligado madrugón que requiere estar a pie de Uluru antes del primer rayo de sol se suelen explorar también los alrededores, como el manantial de Mutitjulu, las cuevas del Uluru con pinturas rupestres del dios Wandjina, las gargantas de Kantju o la circunvalación de casi 10 kilómetros del contorno del Uluru. Y, ya en Kata Tjuta, las gargantas de Walpa y el Valle de los Vientos, llamado así por las fuertes corrientes de aire que se enroscan entre las cabezas de Las Olgas. Sobra recordar que no se deben coger piedras como souvenir, por respeto a un espacio protegido o para evitar una maldición. Cada día se reciben en el parque paquetes con guijarros robados por turistas que aseguran que desde entonces les ha perseguido la mala suerte.

Tonalidades cambiantes

La magia del Monte Uluru son los diferentes tonos que adopta a lo largo del día debido a la acción de la atmósfera sobre los rayos de sol. El polvo en suspensión, la contaminación y el vapor de agua presente en las capas más bajas de nuestra atmósfera actúan como un filtro, limitando las longitudes de onda cercanas al azul y acentuando las de los campos rojizos. Con las primeras luces del día es un enorme monolito ocre que emerge majestuoso sobre una planicie oscura. Al atardecer llega la imagen más esperada: el Uluru teñido de un rojo brillante. La luz tamizada en días nublados provoca también efectos sorprendentes. Más aún, aunque un día lluvioso pueda resultar frustrante, descubriremos una roca enorme de un gris metalizado por cuyas grietas resbala el agua en forma de riachuelos oscuros.

Como fotografiar el Uluru es la principal atracción del parque nacional, hay áreas específicas para contemplarlo a diferentes horas del día. Algunas, hasta con merenderos y aseos. Bus Sunset y Car Sunset, frente al Uluru y cerca de la entrada al parque, son los emplazamientos por antonomasia para el atardecer. Hace tres años se abrió un tercer mirador, Talinguru Nyakunytjaku –justo en la parte opuesta–, que permite obtener en la misma toma el Uluru en primer plano y Kata Tjuta al fondo. Se encuentra en medio de un desierto de dunas cubiertas de spinifex y cuenta con varios plataformas elevadas y wiltjas, los típicos refugios aborígenes a base de ramas. En días despejados la visibilidad llega a alcanzar hasta cien kilómetros, incluidos los montes Musgrave. Siguiendo la misma carretera entre robles del desierto, ya en el área de Kata Tjuta, encontramos el Kata Tjuta Dune Viewing Area, con panorámica de Las Olgas y el Uluru a lo lejos. Aquí el sol cae sobre las rocas al amanecer y deja una silueta al atardecer. Por último, en Kata Tjuta Sunset Viewing solo se tienen vistas de estas montañas. Es el punto más alejado de la entrada, a unos 45 minutos en coche, distancia que hay que tener presente ya que el parque cierra una hora después de la puesta de sol.

No pisar el monolito

Subir hasta la cima del Uluru no está prohibido, pero al tratarse de una montaña sagrada se entiende como una profanación. En señal de respeto a sus costumbres ancestrales, los anangu piden a los visitantes que se abstengan de pisarla. Otras voces lo exigen para evitar su erosión. El sentido común apela a no empeñarse en ascender si no se está físicamente preparado o se tiene vértigo. Además, las autoridades lo cierran si la temperatura ambiente supera los 36° C, si hay previsión de lluvias y de fuerte viento o en caso de que las nubes desciendan hasta cubrir la cima.

Si a pesar de los ruegos de los aborígenes el visitante se empeña en ascender, hay que recordar que nadie le va a remolcar durante la hora que dura el ascenso ni le refrescará durante el tórrido descenso porque, para entonces, el sol ya estará lo suficientemente alto como para resultar abrasador.

Una cosa es que el Uluru se plante arrogante en la inmensidad de una planicie semidesértica y otra que esté realmente aislado. Y mucho menos que los hoteles sean tan agrestes como el terreno. En sus inmediaciones hay alojamientos para todo tipo de gustos y presupuestos. Se concentran en el Ayers Rock Resort en Yulara, una especie de poblado artificial formado por varios hoteles, algunos con un diseño casi fuera de lugar. Posiblemente lo último que uno imagina encontrar en medio de un semidesierto es algo parecido a un puerto deportivo. Al menos eso es lo que simulan las enormes velas que cubren los tejados del lujoso hotel Sails in The Desert (www.sailsinthedeserthotel.com), proporcionando una inestimable sombra en la zona de piscina y el pequeño vergel que la rodea. El Desert Gardens Hotel (www.desertgardenshotel.com) dispone de amplias habitaciones acristaladas y balcones con vistas al Uluru y un bonito jardín de eucaliptos. En el hall interior hay también tiendas de souvenirs. Lujoso, ecosostenible y romántico. Así se autodefine el campamento Longitude 131. Sus 15 villas unidas por paseos de tierra roja son una versión lujosa de las tiendas de los primeros exploradores, aunque con el confort de nuestros días, vistas espectaculares al Uluru y hasta telescopio por si no apetece acercarse al monolito. En Yulara también hay opciones más asequibles como Outback Pioneer Hotel & Lodge (www.yha.com.au), la favorita de los viajeros más jóvenes. Se trata de un albergue con habitaciones colectivas o privadas para dos personas, wifi, lavandería, restaurante y, por supuesto, una pequeña piscina para combatir el calor. Por último, los Apartamentos Emu Walk (www.ayersrockresort.com.au/emu) son perfectos para los que huyen de los hoteles lujosos y las aglomeraciones de viajeros y prefieren ir a su aire. Está ubicado a un paseo de la zona comercial Ayers Rock Resort, que bien puede recorrerse a pie o tomando el autobús gratuito que pasa por el resort cada veinte minutos.

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