Las calaveras de cristal

Publicado: septiembre 28, 2013 en mis experiencias
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En el año 1924, Anna Le Guillon Mitchell-Hedges tiene 17 años cuando con su padre adoptivo, el explorador inglés Frederick Albert Mitchell-Hedges, descubren una calavera de cristal de roca en las ruinas de un templo de la ciudad Maya “de las piedras caídas” en Lubaantún, en Belice.

Excepto la ausencia de suturas craneanas, es una reproducción casi perfecta de una calavera de mujer.

Pesa 5 kilos. Se compone de dos partes, la mandíbula inferior ajustándose perfectamente con la parte superior.

Las propriedades ópticas de la calavera son sorprendentes :  alumbrada por debajo, la luz sale por las cuencas.

Alcanzada por detrás por los rayos del sol, un intenso haz luminoso (capaz de encender fuego) sale por las cuencas, la nariz y la boca.

Segura de su autenticidad, Anna acepta confiar la calavera a un equipo de científicos especializados en cristalografía de la sociedad Hewlet-Packard.

Al cabo de 6 meses de pruebas, las conclusiones caen:

Está hecha con cuarzo natural sumamente puro, de dióxido de silicio “piezoeléctrico” anisótropo. .

Las dos partes están talladas en el mismo bloque de cristal de roca.

Ninguna huella de instrumento, ni siquiera rastro microscópico.

Sin señal de fabricación, resulta imposible fecharla (el cristal no envejece ).

Con una tecnología moderna con diamante haría falta un año de trabajo para conseguir el aspecto exterior (con huellas de fabricación, ¡ lo que no lleva la calavera), en cuanto a los efectos prismáticos, su reproductibilidad resulta aún más dificultosa.

La fabricación manual hubiera necesitado 300 años de una labor continua

Un investigador del equipo hubiera declarado:

” Este maldito cacharro ni siquiera debería existir “

Existen otras calaveras de cristal, cuyo descubrimiento o adquisición tampoco fueron claramente asentados.

Nick Nocerino, posesor de una calavera de cristal llamada “Sha-Na-Ra” fundó un instituto de investigación parapsicológica con el fin de estudiar sus propiedades “psi”.

Jo Ann Parks detiene “Max” y Norma Redo es la propietaria de la calavera de la cruz relicario.

En el año 1996, los tres aceptaron prestar su calavera al British Museum con fin de peritaje.

Cinco calaveras han sido estudiadas, las tres citadas antes, la del British Museum y también la del Smithonian Institute.

Un cubilete de cristal fechado por lo menos en 500 años antes de Jesucristo, y una calavera moderna fabricada en 1993 en Alemania por Hans-Jürgen han sido utilizados como muestras.

La calavera del British Museum y la del Smithonian Institute llevan huellas de fabricación.

En cuanto a la calavera de la cruz relicario, los dientes han sido retocados así que, claro, el agujero que los españoles perforaron para introducir la cruz.

Desde entonces, las autoridades del British Museum se niegan con empeño no sólo a revelar sus conclusiones sino también ¡¡¡ en decir el por qué…

Aquí tenemos un nuevo ejemplo de la dimisión de los científicos ante un objeto imposible.

Una leyenda Maya se refiere a esas calaveras de cristal: cuando las trece calaveras estén reunidas, revelarán el secreto de la vida.

Según su tradición, esas calaveras les han sido transmitidas por los Atlantes quienes las habían recibido de ¡¡¡ Iniciadores llegados del cielo !

 

¿Serían estas calaveras los antepasados de las bolas de cristal?

¿Una clase de soporte de información, llegado de tiempos remotos, capaz de entrar en resonancia con el cerebro humano?

¿Un mechero sofisticado?

¿O un sencillo objeto decorativo para honrar a los antepasados? …

La calavera de cristal, en un rincón del Museo Británico

La calavera de cristal del Museo Británico está arrinconada en una gran sala cuya entrada desde el patio central del edificio preside un precioso moai. El cráneo de cuarzo está en una pequeña urna alejada de los trayectos normales de los visitantes. Una tarjeta informa al curioso de que data del siglo XIX y de que, aunque al principio se pensó que era azteca, investigaciones recientes han demostrado que es de factura europea. Hasta mediados de los años 90, la pieza estuvo catalogada como “probablemente azteca, de entre 1300 y 1500″, según la leyenda que figuraba en la diapositiva de la reliquia que vendía la institución.

Cuando hace un par de días contemplaba el cráneo en Londres, comprobé que pasaba desapercibido para la mayoría de los visitantes y que los que se acercaban o no leían el tarjetón o se armaban un lío con lo que decía, quizá llevados por la leyenda de la que parte la última aventura del arqueólogo más famoso. Así que, al escuchar a unas jóvenes españolas hablar de ella como de una pieza de origen americano antiguo, no pude evitar meterme en la conversación, llamarles la atención sobre lo que realmente dice la tarjeta que acompaña al cráneo y añadir que todas las reliquias de este tipo, incluida la de Mitchell-Hedges citada en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, son obras humanas recientes y no tienen nada de misterioso. Por cierto, la calavera del Museo Británico al natural es espectacular y llama la atención su exquisito tallado; pero, si miras a sus ojos, no te pasa nada…

Luis Alfonso Gámez

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