AÑOS 20´S PRINCIPIO DEL SIGLO XX: MUJERES TATUADAS

Publicado: octubre 11, 2013 en mis experiencias
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 A pesar de que el tatuaje es un arte milenario su aceptación dentro de la sociedad “civilizada” (a partir de la consolidación del cristianismo) es batante reciente.

Tradicionalmente asociado a los “salvajes”, criminales y gente de dudosa reputación en general, si hasta hace menos de medio siglo estaban mal vistos en la piel de un hombre no digamos ya en la de una mujer…

Las primeras mujeres tatuadas de las que se tiene noticia fueron las americanas Nora Hildebrandt e Irene Woodward, que vivieron a finales del siglo XIX.

Por aquel entonces una de las principales atracciones de los “freakshows” eran hombres con sus cuerpos completamente cubiertos de tatuajes como John Rutherford, el “príncipe” Constantine, o el “Gran Omi” (también conocido como “el hombre zebra”), de manera que cuando estas mujeres decidieron tatuarse sabían que estaban abocadas a exhibirse en este tipo de espectáculos como forma de vida. De hecho en sus casos la decisión de tatuarse completamente lo más probable es que estuviese determinada, como la de muchos otros integrantes de estos circos, por el deseo de ganarse la vida de esa forma. Los salarios que recibían los “fenómenos2 que eran mostrados durante estos shows eran muy sustanciosos y en un mes podían ganar lo que una familia de clase obrera en un año. Además a partir de la invención de la máquina eléctrica de tatuajes (1891) muchos vieron en el tatuaje una forma fácil de ganar dinero exhibiéndose en los circos.

En el caso de Nora Hilderbrandt, que debutó en el Bunnell´s Museum (New York) en 1882, fue su padre, Martin quien la tatuó (de hecho es considerado el primer tatuador profesional americano). Cubierta por 365 tatuajes, desde el cuello a los tobillos, Nora se exhibía mientras contaba una historia inventada sobre como los indios la habían raptado junto con su padre y le habían obligado a tatuarla. Este tipo de historias acompañaban siempre a los hombres y mujeres tatuados que aparecían en los freakshows ya que atraían aún más la atención del público y complementaban el espectáculo. El rapto por parte de indios o salvajes era el tema más recurrente.

mujeres tatuadas

Hilderbrandt fue pronto eclipsada por otra mujer tatuada, Irene Woodward, más conocida como “la bella Irene”, que explicaba sus tatuajes como un método de protección contra los indios salvajes de Texas, donde había vivido.

Una de las atracciones más populares de finales del siglo XIX fueron Emma y Frank de Burgh, marido y mujer, ambos totalmente tatuados, principalmente con motivos religiosos. Emma lucía en su espalda una reproducción de “La última cena” de Leonardo DaVinci mientras que su marido llevaba tatuada en la misma zona una escena de el “Monte del calvario”.

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