Trenes fantasma de Uyuni, Bolivia.

Publicado: octubre 23, 2013 en mis experiencias, viajes
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 Trenes fantasma de Uyuni, Bolivia.

 

Cuando se habla de Uyuni inmediatamente pensamos en el salar, ese majestuoso desierto blanco, visto por miles de turistas cada año. Y es que ya es una costumbre, ver caminar a diario por las calles de Uyuni a “los extranjeros”, con enormes mochilas, con guías de Sudamérica, buscando algo que comer, tomando fotos y sobre todo, esperando la madrugada, para abordar la vagoneta 4×4, con la que saldrán a recorrer uno de los circuitos turísticos más deslumbrantes del país. Aquel que se inicia en el salar de Uyuni y sigue por la Laguna Colorada, pasa por campos de geiseres y cielos poblados de flamencos , donde se puede avistar enormes volcanes y alucinantes formaciones rocosas que recuerdan a los parajes que pintaba Dalí. De hecho, una parte de esos parajes, es llamado el desierto Dalí. Luego, sigue por la laguna Verde para finalmente retornar a Uyuni.

Deslumbrados todavía y esperando la siempre incierta llegada del tren, los turistas pasean un día dos o más por las calles de Uyuni. Se los ve ir y venir por el paseo principal de Uyuni donde se encuentran la Alcaldía y el reloj público, una especie de alameda peatonal donde están ubicados los restaurantes y tiendas más importantes.

Algunos de ellos logran llegar, gracias esas guías llamadas “handbooks” (libro de mano), a otros lugares tanto o más impresionantes que los ya conocidos por ejemplo: el cementerio de trenes. Un lugar desolado y plagado de maquinarias ferroviarias antiguas o siniestradas que nos abre la puerta al pasado de Uyuni. Aquel de principios de siglo, cuando el auge de la minería apuró la llegada de los ferrocarriles a Bolivia.

Los primeros trenes

Precisamente la primera ruta tendida en Bolivia fue la del ferrocarril Uyuni Antofagasta, en 1899. Por ella circulaban principalmente vagones cargados de plata, que salían de las minas de Huanchaca. Ese fue el principio de la ruta que hoy une a Oruro y Villazón, pasando por Tupiza Atocha y otros pueblos que han crecido pendientes del agudo silbido con que anunciaba su llegada el ferrocarril.

El tren llego a Bolivia con gran alboroto. La sola imagen de una locomotora era el símbolo inequívoco del progreso y por ende, motivo de una gran algarabía y pomposas ceremonias oficiales. Esa fiebre fue furtiva, pues pronto se supo que los trenes se llevaban mineral pero no traían más que cansados pasajeros y trabajadores. El progreso no llegó y los trenes se quedaron. El Estado los administro durante años hasta que fueron capitalizados por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Los trenes se convirtieron así en una parte fundamental de la vida de los pueblos. Un símbolo, sobre todo para los jóvenes: como no recordar los primeros viajes hacia otras ciudades, los vagones que traían de paso a bellas muchachas o jóvenes galanes, las historias de aventuras y personajes, de accidentes, de esperas interminables, de viajes increíbles en vagones atestados de contrabandistas que poco antes de llegar arrojaban sus productos por las ventanas para evadir los controles. El coche comedor invadido por estudiantes que volvían a visitar a sus madres, bebiendo y tocando guitarra, sintiéndose todopoderosos.

Las ruinas de nuestro siglo xx

 Y es que visitar este panteón de fierros herrumbrados y abandonados da pie a imaginar todo aquello que esos trenes arrastraron a su paso. Se tiene la impresión de estar visitando unas ruinas arqueológicas, sólo que no se trata de vestigios de culturas milenarias porque éstas son unas ruinas deel reciente siglo XX.

Esos trenes que permanecen empequeñecidos por la inmensidad del altiplano, por el cielo impecable que los resguarda, abatidos por el feroz viento que a veces recorre por el lugar, se está convirtiendo en un peculiar atractivo turístico. Distinto a los maravillosos paisajes que caracterizan la zona, se trata más bien de un paraje hecho de herrumbre y olvido, de oscuros fierros y piezas. Visitar el cementerio de trenes es como asomarse al desván de parte de nuestra historia, una historia que viajó en tren y que dejó más penas y vientos que riquezas prometidas.

Después de admirar la maravilla natural que es el salar de Uyuni y como para contrastar la sensación de deslumbramiento por la naturaleza, el visitante tiene la oportunidad de toparse con estos trozos de memoria que permanecen conservados por el frío de Uyuni.

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