Villa Mercedes

Publicado: noviembre 21, 2013 en mis experiencias
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Cuantos años han pasado desde que paseaba por la acera de la avenida; allí estaba con sus árboles abandonados por las  manos de diestro jardinero tapaban la señorial fachada del caserón que se hundía entre el abandono y la desgana de su dueño, un viejo que se debatía entre el mal humor y la mente perdida en tiempos pasados.

Entre grietas y goteras se hundía con humedades, raíces amenazadoras y viejo servicio formado por un mayordomo y alguna sirvienta entrados ambos en años.

Le he contemplado por años, he admirado su enorme jardín abandonado como una casa encantada por el tiempo. Años y años, hasta que un día el señor viejo y solitario murió. Fue entonces cuando aparecieron herederos y organismos oficiales que por la situación de la casona, en plena avenida de entrada, había sido valorada como el oro ya que el solar estaría valorado al máximo por su situación y la falta de espacio de la ciudad.

Me imagino que hubo y un mas y un menos pero llegarían a un acuerdo porque de pronto, un día se vio invadida por jardineros, albañiles, cerrajeros, pintores y demás personal reparador.

El enorme cierro se remozo con una maravillosa reja estilo andaluz que sigue siendo la envidia del barrio, sus paredes se protegieron de la humedad y hasta una alarma la protegió de ideas invasivas.

Me dicen que hubo un acuerdo entre herederos y el ayuntamiento, este ultimo llego a un acuerdo por el cual la casona debería estar siempre habitada, rehabilitada y cuidada como merecía por si sola y por el lugar que ocupaba en los planos de la vieja ciudad.

Y así luce ahora, hermosa, con hierros magníficos, pintura que por algunos lados han sido dibujados por manchas de humedad. El 4 x 4 azul siempre colocado en el aparcamiento frio y aunque limpio, aburrido de no hacer kilómetros.

Los visillos blancos tapan su interior en el balcón principal y en las ventanas. La puerta de entrada principal cerrada siempre. Y los cuidados jardines. Todo vigilado por una empresa de seguridad con cámara y circuito cerrado. En la puerta el ojo muerto de la cámara que dibuja la imagen del quien llame a su  puerta enrejada.

Me ha dado pena verle tan solo, con los geranios que yo le pondría para alegrar sus solitarias paredes. Y allí sigue quizás mirando con ojos viejos y cansados como aun levanta la admiración de quien siempre la ha querido y admirado como la señorial casa de la avenida.

DAMADENEGRO 21/11/2013

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