Oradour sur Glanes – Limousin – Francia

Publicado: enero 11, 2014 en mis experiencias, viajes
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oradour sur glanes

En la mañana del sábado 10 de junio, había en Oradour-sur-Glane una particular afluencia de vecinos propios y refugiados, convocados por la celebración de una visita médica para los niños y por una distribución de tabaco, así como de forasteros en descanso de fin de semana.

A la hora del almuerzo, los restaurantes de los hoteles estaban a rebosar, principalmente por los pensionistas, mientras que los profesores de los dos grupos escolares de Oradour, que contaban con 191 inscritos, se preparaban para la vuelta a las clases de la tarde.

El relato de los detalles de la matanza ha podido reconstruirse en base al testimonio de los escasos civiles supervivientes, testigos directos de los hechos en diferentes puntos de la villa, difundido desde entonces por numerosos medios de comunicación internacionales.

Hacia las 14:15 h, coincidiendo con el final del almuerzo, una columna compuesta de una decena de vehículos, 3 camiones y 2 blindados semioruga, remontó la vía de entrada a Oradur desde la carretera de Limoges y parte de los 150 soldados alemanes, comandados por Dickmann, vestidos con ropas de camuflaje, inició su despliegue por el núcleo urbano mientras los dos blindados tomaban posición enfrente de la iglesia.

Los militares buscaron al «tambour de ville», Jean Depierrefiche, que también era el herrero, para que recorriese las calles convocando a todas personas a presentarse en la plaza del mercado para una inspección de sus documentos de identificación.

Mientras tanto, otros soldados fueron en busca de los vecinos que se encontraban en sus viviendas o puestos de trabajo, forzando a algunos con brutalidad y brusquedad a dirigirse al punto de agrupamiento sin más miramientos.

Así pudo verse a personas enfermas sacadas de sus camas en pijama, o al panadero, Marcelin Thomas, llevado todavía cubierto de harina y en cuya casa fue instalado un puesto de mando desde donde se dirigió la maniobra de reagrupamiento ejecutada con disciplina y método.

Al cabo de unos 20 minutos y con la plaza llena de gente, de la cual, un tercio eran niños, el comandante se dirigió mediante el intérprete al alcalde de Oradour.

oradour sur glanes

Acusando al pueblo de servir de depósito de armas para la guerrilla, Dickmann le ordenó seleccionar a 30 rehenes.

El alcalde respondió rechazando la acusación pues la realidad era que no existían esas armas, pero se puso él mismo a disposición del oficial.

Los SS procedieron entonces a separar a los hombres de las mujeres y niños, para llevarlos en grupo hacia las afueras del pueblo, mientras que estos últimos eran retenidos y conducidos hacia el interior de la iglesia. 

La maniobra no había terminado cuando una granada de humo explotó en la iglesia, desencadenando la reacción de pánico en las mujeres y niños a la que sin embargo, los SS respondieron acribillándolos con los fusiles ametralladoras, pereciendo todos menos madame Rouffanche, que pudo escapar por una ventana.

La explosión sirvió también como señal acordada para que los soldados apostados con ametralladoras pesadas en las afueras iniciaran el fusilamiento de los varones agrupados, a término del cual, los soldados caminaron entre los cuerpos tendidos para, inspeccionándolos pistola en mano, disparar sobre los que todavía agonizaban.

Después, durante varios días, se fueron agrupando los cadáveres y, tras cubrirlos con cal viva, se les prendió fuego mientras que, de manera sistemática, se procedió al incendio de todos y cada uno de los edificios del pueblo, hasta la partida definitiva de la unidad hacia el frente de Normandía el 13 de junio.

Entre las víctimas se encontraban dieciocho exiliados republicanos españoles de tres familias con niños de corta edad.

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Apenas una semana después, la edición de la revista “Time” se hizo eco de la matanza y publicó un relato de la misma, identificando al regimiento responsable y formulando la hipótesis de la posible confusión de Oradour-sur-Glane con Oradour-sur-Vayres, a unos 30 km al sudeste, donde sí se apuntaba a la existencia de un depósito de armas maquis.

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