Albert Speer, el arquitecto de Hitler

Publicado: febrero 22, 2014 en mis experiencias
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Berthold Konrad Hermann Albert Speer nació el 19 de Marzo de 1905 en Mannheim, Alemania. Su padre fue el arquitecto Albert Speer y su madre una aristócrata de nombre Luise Speer. Como su padre, Speer destacaría en arquitectura, pero llegaría mucho más lejos tras convertirse en el arquitecto oficial del Tercer Reich.

Desde niño, Speer destacó por ser bueno en las matemáticas y en el deporte, especialmente en el rugby, aunque una de sus actividades favoritas era ir de excursión a la montaña. A pesar de que su familia era de clase alta, Speer siempre sabía ingeniárselas para divertirse, ya que tenía un carácter humilde y no necesitaba dinero para ser feliz.

Al igual que su padre, Speer decidió seguir el ejemplo familiar y estudiar arquitectura. Primeramente ingresó en la Universidad de Karlsruhe en 1923, luego en el Instituto Heidelberg y más tarde se trasladó a Baviera para seguir estudianto en el Instituto Politécnico de Munich de 1924 a 1925. Tras realizar otros dos cursos de 1925 a 1927, terminó su carrera en el Instituto Politécnico de Charlottenburg de Berlín en donde se licenció como arquitecto con el número 22 de su promoción.

Compaginando sus estudios arquitectónicos, Speer también tuvo tiempo para formar su propia familia con Margarete Weber. Al principio la relación fue difícil, ya que los padres de Speer, ambos de clase alta, estaban en contra de que su hijo tuviese como novia a una chica de clase baja. Pero al final Speer se salió con la suya y el 28 de Agosto de 1928 casó con Margarete, a la que llamaba cariñosamente “Marget”. El matrimonio tuvo una hija a la que bautizaron Hilda.

Casual fue el encuentro de Speer con el nacionalsocialismo, ya que nunca le había interesado mucho la política. Todo empezó cuando Josef Goebbels, encargado de propaganda del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP), contrató los servicios de Speer para decorar su casa de Berlín. Un día, cuando las reformas habían finalizado, Adolf Hitler acudió a casa de Goebbels y quedó impresionado por la decoración de su hogar, motivo por el cual le preguntó el nombre del arquitecto y la manera de contactar con él. Sin avisar, Hitler se presentó en el lugar de trabajo de Speer vistiendo el uniforme pardo. En seguida uno del otro quedaron cautivados, pues ambos eran amantes del arte, ya que Hitler de joven había intentado ser arquitecto como él aunque sin éxito. Pero el jefe del NSDAP quiso poner a prueba a Speer, así que sobre su trabajo en la casa de Goebbels le dijo: “Los cuadros no me gustan. Es arte degenerado. Pero lo demás está bien. Venga a verme y tráigame sus diseños”. Semanas después Speer víno con sus proyectos que con facilidad entusiasmaron a Hitler. A partir de ahí todo transcurrió con rapidez, ya que en 1933, con Hitler convertido en Führer de Alemania, Speer fue nombrado arquitecto oficial del Tercer Reich, ingresando en el NSADP con el número 474.481 en el carné de miembro.

Adolf-Hitler-y-Albert-Speer

Durante los primeros años del Tercer Reich, Albert Speer dotó a Alemania de una serie de hermosos monumentos, basados en la grandiosidad y lo mastodóntico en piedra con formas del romano neoclásico, de la estética oriental y del gusto militar y folclórico, eliminando el acero, las ventanas horizontales y los tejados planos. Su mayor construcción fue la Explanada Zeppelin de Nuremberg en 1934, un estadio con gradas, columnatas y un águila metálica de 30 metros de altura en donde se hacían las principales reuniones del NSDAP con capacidad para 400.000 personas. La decoración de la Cancillería fue la siguiente obra maestra de Speer, con un impresionante pórtico precedido por columnas romanas y esculturas de hombres viriles imitando el prototipo ario. Otras de las obras que realizó fue la remodelación del Ministerio de Propaganda de la Plaza Wilhelmplatz o la decoración del interior de la embajada alemana en Londres. Pero si por algo saltó a la fama Albert Speer en el mundo de la arquitectura internacional fue por ganar la medalla de oro en la Exposición Mundial de París en 1937 con el Pabellón Alemán, una inmensa torre de 150 metros de altura coronada con un águila agarrando la cruz gamada entre las patas y las esculturas de tres hombres musculosos desnudos que glorificaban el cuerpo humano en la parte inferior.

Hubo algunas obras proyectadas por Speer que nunca llegaron a cumplimentarse debido al inicio de la Segunda Guerra Mundial. La más destacada fue la transformación de Berlín, que sería rebautizado como “Germania (Welthaupstadt)”. La nueva capital contaría con la Avenida del Esplendor de 4’8 kilómetros, un Arco de Triunfo que superaría por dos en tamaño al de París y el Salón del Pueblo (Volkshalle) con la cúpula más grande del mundo de 250 metros de diámetro. Otra obra inacabada de Speer sería el Estadio Alemán (Deutsches Stadion) en Berlín para los desfiles del NSDAP.

Albert Speer, el arquitecto de Hitler Ninguna responsabilidad tuvo Albert Speer durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, solamente la de acompañar a Hitler en su viaje a París tras la conquista Francia para admirar la arquitectura gala y compartir opiniones. Pero la muerte del jefe del Ministerio de Armamento y Producción Bélica, Fritz Todt, el 8 de Febrero de 1942 a causa de un accidente aéreo, hizo que de repente Speer entrase en escena siendo nombrado por Hitler con el título de Ministro de Armamento.

Como Ministro de Armamento, Speer superó todas las expectativas, ya que año tras año la producción bélica fue incrementándose a un ritmo vertiginoso, construyendo todo tipo de material para la guerra, ya fuesen vehículos, tanques, aviones, barcos, submarinos, cañones, fusiles, granadas, morteros o incluso las armas secretas como los misiles V-1 y V-2. También destacó en trasladar las factorías de las ciudades a otros lugares más seguros en el campo u ocultarlas bajo tierra para no estar a merced de las bombas de la aviación enemiga que arrasaban las ciudades. Sin embargo, parte de este éxito fue debido al reclutamiento de trabajadores forzosos dentro de la Organización del Trabajo (Organisation Todt u OT) dirigida por Fritz Sauckel, que trajo a las industrias alemanas a millones de ciudadanos europeos de los países ocupados como la Unión Soviética, Polonia, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, etcétera. Con este entramado industrial Speer aumentó la producción de tanques y aviones de 1943 en un 80%, batiendo el récord en la fabricación de toda clase de armamento en 1944 con una cantidad suficiente para equipar a 270 divisiones del Ejército Alemán (Wehmarcht).

Tanta confianza tenía Speer con Hitler, que en Enero de 1945 se atrevió a escribirle una carta para decirle que pusiera fin cuanto antes a la guerra porque estaba perdida. A pesar de la actitud temeraria de Speer, Hitler no se enfadó con él, ya que mantenían una gran amistad debido a la afición de ambos por el arte, especialmente la arquitectura. No obstante, Speer cada vez estaba más harto de Hitler por la situación en la que veía su país, por eso mismo el 19 de Marzo hizo oídos sordos a la orden del Führer de destruir todas las infraestructuras de la nación como medida de “tierra quemada”, ya que sabía que una locura como ésa condenaría al hambre a la población.

Cuando el Ejército Rojo estaba a punto de asediar Berlín, Speer acudió el 20 de Abril de 1945 a la Cancillería para felicitar al Führer por su cumpleaños. Allí permaneció algunos días, discutiendo con Hitler sobre una maqueta del proyecto “Germania” acerca de las líneas de los edificios y los diseños de las avenidas, algo fuera de toda lógica poque mientras tanto los cañones de los soviéticos martilleaban la Cancillería. Antes de cerrarse el cerco, Speer salió de Berlín el 23 de Abril, despidiéndose de Hitler para siempre.

Al enterarse de la muerte del Führer el 1 de Mayo de 1945, Speer según el testamento de Hitler fue elegido Ministro de Economía y Producción dentro del Gobierno del almirante Karl Doenitz. Unas semanas después, el 23 de Mayo, Speer fue capturado por los Aliados en su chalet de Glücksburg para ser sometido a juicio.

Imputado en los Juicios de Nuremberg, Speer fue acusado por haber utilizado a trabajadores forzosos de los países ocupados en la industria alemana cuando era Ministro de Armamento y Producción Bélica. No obstante, siempre denunció la brutalidad de las SS y cuando pudo ayudó a los trabajadores bajo su cargo, hechos que fueron probados como ciertos. Precisamente Speer fue uno de los pocos acusados que se sintió arrepentido, por lo que el mariscal Herman Goering desde el banquillo le insultó con las siguientes palabras: “¡traidor, te mearía encima!”. Aquellos gestos impidieron que fuera condenado a muerte, aunque no evitó que la sentencia final el 1 de Octubre de 1946 le castigara a 20 años de cárcel.

Speer cumplió la sentencia por los Juicios de Nuremberg en la Prisión de Spandau. Durante su estancia en la cárcel tuvo tiempo de escribir tres libros llamados Dentro del Tercer Reich, Spandau: Los Diarios Secretos e Infiltración. También se cultivó leyendo muchas obras de literatura clásica, novelas de viaje o biografías como las de Lucas Cranach, Édouard Manet o Gengis Khan.

Tras veinte años de prisión, Speer abandonó Spandau el 1 de Octubre de 1966, escoltado por un montón de fotógrafos y periodistas. Durante su libertad disfrutó con su esposa viviendo en un chalet de Heidelberg, comprado con los derechos de autor de las ventas de sus libros. Como siempre se sintió arrepentido por lo del Holocausto, donó dinero a asociaciones de víctimas de guerra judíos. También dedicó cuantiosas entrevistas a revistas como Der Spiegel o Playboy, así como charlas en la Radio BBC de Londres en los programas Midweek y Newsnight. Curiosamente en uno de sus constantes viajes a Inglaterra, fue retenido por las autoridades de inmigración en el Aeropuerto de Heathrow tras descubrir su identidad cuando iba a ser entrevistado, aunque a las 48 horas se solucionó el malentendido y pudo entrar en el país. Sus últimos días los pasó en Heidelberg, relajado en su casa a la que bautizó “Villa Speer”.

Albert Speer, durante una de sus visitas a Londres, murió repentinamente de un derrame cerebral el 1 de Septiembre de 1981. Fue enterrado en un bonito jardín junto a su esposa en Villa Speer de Heidelberg.

Bibliografía:

Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Albert Speer”, S.A.R.P.E. (1978), p.337-340

Rafael Bladé, Edificar el Nazismo: La Arquitectura de Hitler, Revista Historia y Vida Nº479 (2008), p.98-103

 

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