Flaktowers en Berlin, Hamburgo & Viena

Publicado: mayo 25, 2014 en mis experiencias, viajes
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Flaktürmes. Las Torres Bunker de Hamburgo

Un caso de fortificación excepcional es el de las Flakturm nazis (torres antiáreas). Se trata de colosales edificios de hormigón de varios pisos y con paredes de 3,5 metros de ancho. En su interior podían refugiarse miles, incluso decenas de miles, de personas y se los consideraba inmunes a las bombas de aviación.

En la azotea de estas torres se colocaban varias baterías antiaéreas que podían disparar hasta 8.000 proyectiles por minuto. Que estas construcciones eran útiles está fuera de toda duda: los bombarderos las evitaban a toda costa y todos ellas sobrevivieron a la
guerra, mientras los edificios y otros búnkeres a su alrededor se hundían bajo el explosivo aliado.

Pero también es evidente que las Flaktürme son la materialización de la ideología nazi. No en vano algunas de ellas las diseñó Hitler en persona. Estas moles de hormigón estaban pensadas, como el propio Reich, para que duraran mil años -y al contrario que el Tercer Reich, es probable que lo consigan.

Materializan también la voluntad de poder y resistencia del pueblo alemán y la guerra total que preconizaba Goebels, que convertía las ciudades en campos de batalla y escenarios apocalípticos. Frente a lo que hicieron todos los demás países (esconderse bajo tierra), la Alemania nazi construyó sus defensas en altura, bien visibles. La lógica política es evidente: en unas ciudades arrasadas hasta sus cimientos  solo las torres de hormigón sobresaldrían entre los escombros.

Y esas torres, como las cercas baruya, actuarían como elementos para aglutinar a la sociedad. En su interior, bajo las bombas, se reforzarían las solidaridades nacionales-raciales. Así fue en Berlín: los últimos en resistir lo hicieron desde las Flaktürme.
En España hubo búnkeres de todos los tipos. Si nos tenemos que quedar con uno que defina a la sociedad española de la época, rural y campesina, elegimos este que excavamos en Abánades. Un fortín de pastores, a piedra seca. Como un zahurda o una paridera. Más humilde que una Flakturm y sin pretensiones totalitarias.

 

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