El convento de San Placido – Madrid

Publicado: octubre 14, 2014 en mis experiencias, viajes
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el convento de San Placido

“En la calle de San Roque, a un lado, como escondida, no queriendo hacer notar su existencia, se halla la iglesia del convento de monjas de San Plácido, una de las más bellas de Madrid, enriquecida por los lienzos de Claudio Coello, las esculturas de Pereira y Gregorio Hernández y, antiguamente, por el famoso Cristo de Velázquez, que de allí salió para darse a conocer al mundo en el Museo del Prado”. (Fernando Chueca Goitia – Arquitecto, ensayista y miembro de las Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia)

La fundación del convento de San Placido

Fue un 21 de noviembre de 1623, cuando se puso en la calle de San Roque la primera piedra del convento de la Encarnación Benita, que posteriormente fue conocido con el nombre de San Placido. Tan solo un año mas tarde una treintena de mujeres, entre ellas alguna dama de la Corte, ingresaban en él cumpliendo la estricta regla de San Benito con todo rigor. Antes de la edificación del convento de San Placido, que contó con la protección de Felipe IV y del arzobispo de Santiago D. Luis Fernández de Córdova, en este mismo lugar se alzaba una pequeña capilla dependiente del abadengo benedictino de San Martín en la plaza de las Descalzas.
El origen del monasterio de Benedictinas de San Plácido se remonta a la primera mitad del siglo XVII, en 1623, cuando, gracias a Dª. Teresa del Valle de la Cerda, y D. Jerónimo Villanueva, protonotario de Aragón y ministro de Felipe IV, un poderoso caballero que había estado prometido con Dª. Teresa, antes de que vistiera los hábitos en ese mismo convento, del que llegó a ser abadesa, se adquiere para uso conventual parte de la manzana de casas entre las calles de la Luna, San Roque, Pez y de la Madera, siendo a mediados del siglo XVII, cuando comienzan las obras de construcción de la iglesia.

el convento de San Placido

La iglesia del convento de San Plácido es, sin duda, uno de los mas bellos ejemplos del barroco madrileño. En su silencioso interior se conservan obras de Claudio Coello, Francisco Rizzi, Manuel Pereira o Gregorio Hernandez. Construida en 1655 por encargo de D. Jerónimo de Villanueva, para su antigua prometida, es obra del arquitecto Fray Lorenzo de San Nicolás, religioso agustino calzado, autor del tratado de “Arte y uso de la arquitectura”, si bien parece que el verdadero artífice del templo que se hizo cargo de su construcción, fue su discípulo Juan de Corpa.

El acceso al templo se hace a través de una puerta adintelada, donde podemos ver un relieve de la Anunciación, obra con toda probabilidad del portugués Manuel Pereira, flanqueada por los escudos, de los Villanueva, para una vez en el interior y pese a la escasa luz, disfrutar de esta autentica joya.

La iglesia, tiene planta de cruz latina con nave corta y ancha, con un crucero con chaflanes y cúpula sin tambor, con casquete que cae directamente. El retablo mayor con La Anunciación de Claudio Coello es obra, como los restantes de la iglesia, de los hermanos Pedro y José de la Torre y presenta en su parte inferior un ostensorio apoyado en cuatro esbeltas columnas cubierto por una cúpula profusamente decorada, mientras que en su parte superior vemos el lienzo de La Anunciación, enmarcado por columnas. Claudio Coello lo pintó a los veinticuatro años basándose en un boceto de Rubens, Una magnífica obra de arte “de un joven genio, impetuoso y nerviosos, lleno de fuego y pasión, un remolino de convulsión emotiva y lírica”. Un cuadro bellísimo y armonioso, con una excelente perspectiva aérea en el que se distinguen tres áreas perfectamente diferenciadas.

En el plano central, sobre un estrado la Virgen, con ropajes azules y rosas que, con las manos juntas escucha el anuncio del arcángel San Gabriel; en la parte superior, el Espíritu Santo rodeado entre resplandores y coros de ángeles ilumina la escena principal, bajo la mirada de Dios Padre; en la parte inferior, bajo la Virgen, aparecen los profetas y sibilas que anunciaron el acontecimiento. A ambos lados del retablo, imágenes de San Benito y San Plácido y sobre el retablo, entre nubes, La Inmaculada Concepción de Francisco Rizzi, una obra llena de simbolismo.

La cúpula está decorada con frescos también de Francisco Rizzi. Está dividida en ocho zonas con una decoración vegetal de gran riqueza cromática, en cada uno de las cuales se pueden apreciar las veneras de diferentes Órdenes Militares y en las pechinas, frescos también obra de Francisco Rizzi, representando a las santas Juliana, Hildegarda, Isabel, abadesa y Francisca Romana, todas ellas monjas de la Orden Benedictina. En los nichos de los machones se pueden ver cuatro tallas de los doctores marianos Bernardo, Ildefonso, Anselmo y Ruperto, obras asimismo de Manuel Pereira, “de policromía austera y expresividad.

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concentrada”. Un artista con una sensibilidad desbordante que supo aportar a sus santos una gran carga psicológica en sus expresiones, recuperando a la vez la belleza de las esculturas griegas. Y sobre ellos, cuatro cobres flamencos con escenas de la Vida de la Virgen, que podrían ser obra de Rubens o de su escuela.

En cuanto a los retablos gemelos situados a ambos lados del crucero, son también obra de los hermanos Pedro y José de la Torre. Presentan un cuerpo principal de columnas con pinturas en los zócalos representando escenas de la Pasión de Cristo y la Renuencia de San Pedro Celestino al Papado y la Misa de San Benito a la muerte de su hermana Santa Escolástica en la parte superior. En los cuadros centrales se nos muestra la Visión de Cristo por Santa Gertrudis en el de la derecha y San Benito y su hermana Santa Escolástica, en el de la izquierda. Pinturas todas ellas, muestra del gran talento de un joven Claudio Coello.
Pero esta auténtica joya del barroco aun nos depara algunas sorpresas más, como la magnífica talla del Cristo Yacente de Gregorio Hernández en el interior de su urna barroca, un cuadro de grandes dimensiones de la Virgen con una dama orante, dos cuadros de Miguel Jacinto Meléndez que representan a las Virgenes del Milagro y Atocha, el San Benito de la bóveda de la nave de Francisco Rizzi, la pequeña imagen del Niño Jesús, obra de Martínez Montañés, “una de las joyas desconocidas del monasterio“ o la copia del Cristo de San Placido que las monjas vendieron a Manuel Godoy o, según cuentan las malas lenguas, fue directamente objeto de la codicia del llamado príncipe de la Paz.

Y para finalizar nuestro recorrido por esta auténtica joya del mas puro barroco madrileño, la capilla de la Inmaculada, cuyo retablo, también de los hermanos de la Torre, alberga una magnífica talla de la Virgen del siglo XVII, realizada en madera policromada.

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Por último señalar que en esta misma iglesia de San Plácido se encontraba también el Cristo Crucificado de Velázquez, pintado, según cuenta la leyenda, por encargo de Felipe IV para expiar su enamoramiento sacrílego de una joven religiosa. Un serena representación de Cristo inerte, clavdo con cuatro clavos, de bellísimas proporciones. Su fondo oscuro, casi negro, elimina toda referencia espacial, lo que acentúa la sensación de soledad, silencio y reposo, frente a la idea de sufrimiento habitual de otras obras sobre el mismo tema. Un cuadro que actualmente podemos ver en la sala 63 del Museo del Prado.

Merece la pena fijarse en los herrajes de las puertas, firmados en 1661 por el herrero Jusepe Picó Fernández, de la escuela madrileña de cinceladores y cerrajeros fundada por FelipeIV.

El convento de San Placido, se mantuvo en pie hasta 1908, fecha en que el Ayuntamiento madrileño, “con burda excusa de estado ruinoso, hizo derribar el convento, que tenía la exterior muy bella cornisa. En la ruina pereció dicha capilla (la del Sepulcro) con sus muy notables pinturas al fresco, de Rizzi, Cabezalero, Claudio Coello y Pérez Sierra, con los coros bajo y alto, recogiéndose la comunidad a las Salesas de Santa Engracia” .

En el solar resultante tras el derribo del convento se construyó, aparte de otros establecimientos, el Coliseo Ena Victoria, un cinematógrafo de estilo modernista construido por el arquitecto Pedro Torres Moreno, que resultaría destruido por un incendio apenas dos años después de su inauguración. Finalmente, en 1913 se inició la construcción del nuevo convento y la capilla que podemos ver en la actualidad. Se procedió igualmente a reforzar la iglesia, que en 1943 fue declarada monumento nacional.

Entrada del convento de San Plácido.

La iglesia del convento de San Plácido está habitualmente cerrada, pero se puede entrar durante la celebración del culto (laborables a las 8:30 y domingos y festivos a las 10:00).

Información práctica
Todos los días de 10:00 a 12:00 y de 16:30 a 18:00 (para acceder llamar a la puerta)
Entrada gratuita
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