El Gran Caballo”, la estatua perdida de Leonardo

Publicado: febrero 3, 2015 en mis experiencias, viajes
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Gran caballo de los jardines Frederik Meijer, Michigan

Es de sobra conocida la mala costumbre que tenía Leonardo da Vinci de dejar algunas de sus obras inacabadas. Sin embargo, en ciertas ocasiones fueron los avatares históricos —y no su facilidad para dejar sin concluir lo que había comenzado— lo que nos ha impedido disfrutar de algunas de sus obras maestras. Eso es, precisamente, lo que sucedió con su “gran caballo”.
En la década de 1480 Leonardo estaba trabajando ya al servicio de Ludovico Sforza, duque regente de Milán, y este le encargó que realizara una colosal estatua ecuestre para honrar a su padre, Francisco I Sforza. El genio florentino se tomó el encargo como todo un desafío personal, pues, no en vano, aquella escultura debía convertirse en la mayor creada jamás por artista alguno.

Leonardo trabajó en la escultura durante unos diez años, mientras realizaba otras obras al mismo tiempo, como la célebre ‘Última Cena’, que se conserva en el convento de Santa Maria delle Grazie de Milán. Durante todos esos años realizó una buena cantidad de dibujos y bocetos, intentando determinar el mejor modo de llevar a cabo el encargo.

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Parece ser que en mayo de 1491 había realizado ya un gigantesco molde en arcilla de la escultura que, solo contando el caballo, medía más de siete metros de altura. La pieza provisional quedó colocada en uno de los salones de la Corte Vecchia de Milán, y todos aquellos que tenían la suerte de contemplarla quedaban asombrados por su belleza y dimensiones.

Uno de estos afortunados, el poeta de la corte Baldassare Tacone, dejó por escrito: “Miro su inmensa belleza sobrecogido, mayor que nada antes visto, ni siquiera en las antiguas Grecia y Roma, y ha sido creada por Leonardo da Vinci”.

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Bocetos de Leonardo con indicaciones para el vaciado en bronce, Códice de Madrid (BNE …

Pese a su majestuosidad, el “gran caballo” estaba lejos de ser concluido. Faltaba, de hecho, la parte más importante: el vaciado en bronce de la escultura. Leonardo encargó que se reunieran más de setenta toneladas de dicho metal, aunque no era lo único que se necesitaba para convertir la obra en una realidad.

El artista e ingeniero estaba empeñado en fundir la gigantesca estatua de una sola pieza de forma que no se apreciaran las junturas que suelen afear las obras realizadas, pero aquello suponía un reto nunca realizado hasta la fecha. Para solventarlo, ideó un sistema original mucho más complejo que el del moldeado a la cera perdida que se empleaba entonces.

Pero por desgracia para Leonardo —y para la Historia del Arte—, cuando al fin se disponía a realizar el moldeado, descubrió que las setenta toneladas de bronce destinadas para tal fin ya no estaban disponibles, pues habían sido utilizadas para algo que entonces parecía más urgente: fundir cañones que sirvieran para la defensa de la ciudad.

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