NAHUI OLLIN, LA DE LOS OJOS VERDES

Publicado: abril 9, 2015 en mis experiencias, viajes
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El 8 de julio de 1893 nació en la Ciudad de México una bella mujer a la que sus padres llamaron María del Carmen Mondragón Valseca. Su padre, Manuel, un general que pertenecía a una familia adinerada del porfiriato, la envió a estudiar a París como era la costumbre en esa época afrancesada entre la gente de posibilidades económicas. Carmen aprovechó su estancia y estudio teatro, literatura, ballet y pintura. Su libertad y sus estudios le formaron un carácter fuerte e independiente que le duraría toda la vida.

Cuando terminó sus estudios regresó a México para caer enamorada de un cadete de nombre Manuel Rodríguez Lozano, joven pintor que con el tiempo pertenecería al grupo de los Contemporáneos, con quien casó a la temprana edad de veinte años. Juntos, regresaron a París, donde entablaron relaciones con personas destacadas del medio artístico. Ocho años después, a causa de la infidelidad de su marido con la no menos famosa Antonieta Rivas Mercado, Carmen regresó a México, donde siguió su carrera de escritora, impuso modas atrevidas, se involucró en muchos escándalos, y se codeó con la flor y nata de la intelectualidad mexicana.

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Poco tiempo después, tuvo una apasionada y tormentosa relación con Gerardo Murillo, más conocido por su apodo: el Doctor Atl. Ella le escribía maravillosas cartas de amor, y él la pintaba a más y mejor. Estando con el Doctor Atl, Carmen cambió su nombre y devino Nahui Ollin, Cuatro Movimiento en lengua náhuatl, y empezó a pintar.

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Entre los amigos de Nahui Ollin se encontraban David Alfaro Siqueiros, Lupe Vélez, María izquierdo, Tina Modotti, Frida Kahlo, Dolores del Río y Diego Rivera. Mujer independiente y de ideas feministas y de izquierda, llegó a Hollywood y fue retratada por el famoso fotógrafo Edward Weston, fotografías que posiblemente son las mejores obras de él.

Poco después, después de haber tenido muchos amantes y amores más o menos importantes, cuando cumplió cuarenta años, se relacionó con Eugenio Agacino, un capitán de barco, con el que vivió un amor de locura, y a quien consideró el amor de su vida. Decidió retirarse de la vida pública a causa de la trágica muerte de Eugenio que murió ahogado en la mar.

En 1934, sola, triste, y rodeada de sus múltiples gatos, Nahui Ollin decidió dedicarse de lleno a la literatura y a la pintura, y se enclaustró en la casa de sus padres en Tacubaya. Se mantenía dando clases de pintura en una escuela primaria y de una exigua cantidad de dinero que le daba Bellas Artes.

Cada día estaba más pobre. Se la veía por la calle mal vestida y medio trastornada: se pensaba la dueña del Sol a quien conducía desde su nacimiento hasta su desaparición crepuscular con su mirada. Nunca pudo sobreponerse a la pérdida de su capitán: en una sábana pintó su retrato y dormía abrazándola. En medio de esas adversas condiciones, la escritora-pintora murió un 23 de enero de 1978, sola, en la recámara en que naciera, y rodeada por sus queridos gatos.

Escritora también de prosa, a los diez años, escribió el siguiente texto que forma parte de su libro A los diez años en mi pupitre:

INCOMPRENDIDA
—Soy un ser incomprendido que se ahoga en el volcán de pasiones, ideas, sensaciones, pensamientos y creaciones que ya no pueden contenerse en mi seno; estoy, pues, destinada a morir de amor, del único amor para el que mi alma fue creada, para alimentarlo, y del cual debo ser la más fiel vestal de mi templo sagrado de amor. — ¿Pero qué digo?, soy feliz y no lo soy. ¿Por qué no lo soy?, no soy feliz porque la vida no ha sido hecha para mí, porque soy una llama devorada por sí misma y que nada puede apagarla, porque no he vivido con libertad la vida privándome de los derechos a saborear los placeres, siendo destinada a ser vendida, como las esclavas en otros tiempos, a un marido. Protesto, a pesar de mi edad, por quien está bajo la tutela de los padres.
—Pero ¿para qué ser tan comprensiva, tanto, si se me obliga a vivir primero bajo la tutela rigurosa de mis padres y luego bajo la de un marido? Así, la mujer se convierte en un problema social bien resuelto para la conveniencia de los gobiernos y de las costumbres.
— ¿Por qué la libertad o la ilusión fueron creadas para cualquier hombre o ser viviente y pensante? Si yo no tengo derecho a ellas, ¿por qué he sido creada consciente de lo que me pertenece?

Oigámosla en una de sus poesías ya adulta:

Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme;
hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir.
Los gusanos no me darán fin -son los grotescos destructivos
de materias sin savia, y vida dan, con devorar lo ya podrido
del último despojo de mi renovación-
Y la madre tierra me parirá y naceré de nuevo,
de nuevo ya para no morir…

@ SONIA IGLESIAS Y CABRERA

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