Los soldados nazis también escribían cartas de amor

Publicado: mayo 3, 2015 en libros
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La correspondencia mandada desde el conflicto demuestra que los combatientes eran conscientes de las atrocidades que estaban cometiendo y daban más importancia a asuntos cotidianos

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JAVIER ZURRO

“Llegará el día en que volvamos a vernos, en que te tome las manos, te diga que he vuelto y te prometa que nunca más me alejaré de ti, que la paz ha llegado y que podemos, al fin, ser felices”.

El que escribía estas líneas a su amada era Hugo D. Tenía sólo 24 años. Cuatro después moriría en la Batalla de Stalingrado. Lo que el lector no se imagina es que Hugo era un soldado al servicio de Hitler, a manos del cual cayeron inocentes en plena Segunda Guerra Mundial. Los nazis también escribían cartas de amor, y a sus familias, e incluso lloraban anhelando estar en casa. Lo hacían mientras asesinaban a millones de judíos en campos de concentración, pero lo que ocurría a pocos metros era menos importante que explicar lo bien que habían comido esa misma mañana. Cartas enviadas desde el terror por aquellos que lo extendían y que recoge Marie Moutier en Cartas de la Wehrmacht (Editorial Crítica)

Mourtier, especialista en el III Reich y autora de varios ensayos respecto al tema, ha sido una de las primeras personas en tener acceso a la correspondencia personal de los soldados nazis y lleva recopilando material desde hace tres años, cuando empezó a investigar entre todo el material disponible en el Muso de la Comunicación de Berlín, donde se encuentran más de 16.000 misivas de combatientes.
La autora explica en las primeras páginas del libro cómo leyendo esas misivas se dio cuenta de algo que la descolocó: los soldados alemanes eran seres humanos. Escribían a los que querían y les contaban detalles triviales que se mezclaban con la brutalidad del conflicto. Tras una frase llena de dulzura procedían a contar cómo habían bombardeado ciudades enteras provocando miles de muertos. “Tenían la capacidad de hacer el mal y explicárselo a los demás como si nada”, cuenta Moutier.

‘Si miramos a los soldados nazis como hombres, la catástrofe nos parece aún más horrible. Aquel apocalipsis fue cuestión de seres humanos’

Entendió que publicar estas cartas era la oportunidad de ver la guerra desde los ojos de los nazis y de comprender el conflicto en su totalidad. Para ello ha querido devolver a los soldados su humanidad. “Comprobar que eran humanos puede provocarnos desazón, pero eso es lo que buscamos. Si los miramos como hombres, la catástrofe nos parece aún más horrible. Aquel apocalipsis fue cuestión de seres humanos”, justifica su autora en Cartas de Wehrmacht.
El mal de la banalidad

“La miseria de la población es espantosa. Es incluso peor que en Polonia. Miles y miles de refugiados con los pies destrozados o con zapatos inservibles se arrastran hacia sus hogares. A veces me esfuerzo en odiar a los franceses. Si no lo hiciera, acabaría sintiendo compasión por el pueblo, que no deseaba que se desatara este conflicto”
Hans P. 30 de mayo 1940

En Cartas de la Wehrmacht se establece una teoría que da la vuelta a la banalidad del mal de Hanna Arendt. Marie Moutier prefiere hablar del mal de la banalidad cuando se refiere a estos soldados, que eran conscientes de las atrocidades que cometían, pero que las consideraban como algo cotidiano a lo que no daban importancia. O al menos no más que al hecho de jugar un partido de fútbo o de haber ido a un burdel por la noche. Lo humano y lo inhumano en un mismo párrafo.

Leyendo todas estas cartas uno se da cuenta de que entre esos asesinos había padres, enamorados, banqueros y artistas poseídos por su ideología y seguros de que hacían lo correcto. No hay señal de arrepentimiento o de duda en sus palabras.

Heinz S. 20 de mayo 1942
Esto se hace patente en que no hay pasajes que describan explícitamente las masacres cometidas, sino que se habla de ellas de soslayo. Cuando se refieren a sus crímenes lo hacen justificándolos y dictando sentencia sobre la superioridad moral del pueblo alemán, como se aprecia en pasajes como los siguientes:

“Hoy hemos pasado por la ciudad. Nuestra aviación redujo calles enteras a cenizas. ¡Y estos perezosos polacos todavía no las han retirado! Los judíos se hacinan en un barrio rodeado de alambre de púas… Cada día nos traen entre 800 y 1.000 rusos al campo, de los que mueren entre cincuenta y sesenta diariamente. Los hombres tienen piojos –os dejo imaginar dónde-. ¡Pero arriba esos ánimos! La guerra acabará y, si Dios quiere, papá volverá sano y salvo con sus queridas mujeres”.
Kurt S. 4 de septiembre de 1941

“La venganza de los canallas judíos del extranjero caerá de un modo atroz sobre nuestro pueblo, porque, para dar al fin reposo y paz al mundo, aquí se ha ejecutado a centenares de miles de judíos… Podríamos sentirnos afectados, pero cuando pensamos en la gran idea que nos impulsa, nos damos cuenta de que esto ha sido necesario”
Heinz S. 20 de mayo 1942

El recrudecimiento de la guerra se nota también en estas cartas, que son presentadas en orden cronológico y separadas en tres fases. La primera, de 1939 a 1941, una época de victorias y avances en la que se ve el entusiasmo de los soldados. La siguiente, que abarca los años 42 y 43, en la que empieza el declive del ejército alemán, y una última entre 1944 y 1945. En esta última las cartas desaparecen, y los documentos son más escasos ya que casi todos los alemanes se encontraban muertos o como prisioneros de guerra. Es en cárceles desde donde escriben sus últimas letras dejando testimonio del hundimiento de la Wehrmacht:

“Creo que morir no me resultará difícil. Por favor, perdona que te escriba con esta mala letra. No tengo ninguna mesa en la que apoyarme. Piensa en mí. Afectuosamente. Vuestro Fritz”

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