Michigan Central Estación de trenes – Detroit

Publicado: agosto 4, 2017 en mis experiencias, viajes
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La estación central de Michigan comienza a construirse sobre la base del antiguo depósito municipal, incendiado en 1913. El trabajo para levantar este bello y gigantesco edificio recae en manos de los arquitectos Warren & Wetmore y de los ingenieros Reed & Stem. El estilo elegido para su construcción es el beaux-art neoclásico, donde se combinan enormes salas diáfanas abovedadas con fachadas repletas de ventanas arqueadas y flanqueadas de columnas corintias. También son peculiares sus tejados elevados y puntiagudos que contrastaran más tarde con el enorme edificio levantado sobre la estación.

La estación se dota con todo tipo de servicios para los pasajeros, cafeterías, restaurantes, varias salas de espera y una zona comercial se diseminan en los laterales de las gigantescas estancias centrales en las que unas imponentes columnas dóricas sostienen el edificio superior.


El edificio de dieciocho alturas se diseñó en un primer momento para albergar un hotel, pero al final su uso tan solo fue para despachos y oficinas e incluso las plantas superiores no llegaron jamás a terminarse por la falta de demanda y quedaron con el ladrillo desnudo hasta nuestros días.
La Estación en sus mejores tiempos 

La elección de este lugar alejado del centro de la ciudad fue una propuesta arriesgada, en principio, el grupo de gobierno pensaba que sería un buen modo de promocionar esa zona de la ciudad y que la propia estación sería el reclamo ideal y el punto neurológico de la nueva zona de negocios, tomando como ejemplo la estación de Pennsylvania en Nueva York. Pero las cosas no fueron como ellos habían imaginado.

Aun cuando estaba en funcionamiento

A principios del siglo, el parque automovilístico de Michigan era prácticamente inexistente y la estación jamás se dotó de un buen servicio de parking. Esto haría que años después, cuando los automóviles tomaron las calles, resultara muy incómodo ir a la estación.
A principios de los años veinte, Henry Ford compro muchísimos terrenos alrededor de la estación para construir un gran centro de negocios. Pero poco años después, la gran depresión acabó con estos planes y la estación sufrió su primera decaída. El servicio de tranvía que unía la estación con la ciudad también se canceló durante un tiempo, dejando a ésta prácticamente aislada.

En la actualidad 

No fue hasta la segunda guerra mundial cuando la estación volvió de nuevo a estar en pleno apogeo. El tráfico de soldados y armamento hizo que en sus andenes silbaran más trenes que nunca. Pero esto fue un hecho efímero y, tras la guerra, comenzó la verdadera decadencia de este majestuoso edificio. En los años sesenta, el parque de automóviles de Michigan se cuenta ya por decenas de miles y las autopistas se convierten en la principal vía de comunicación con Detroit. La falta de pasajeros hace que los servicios de la estación se reduzcan de forma drástica, cerrando al público varias alas del edificio. Los despachos superiores también comienzan a vaciarse lentamente y los negocios marchan hacia zonas más prosperas y mejor comunicadas de la ciudad.
A finales de los sesenta, incluso se intenta vender el edificio en un par de ocasiones, pero no se encuentran compradores que se quieran hacer cargo de él.

En 1975, la empresa Amtrak se hace cargo del servicio nacional de pasajeros e intenta volver a darle vida al lugar. Se rehabilitan y renuevan varias salas y se vuelven a abrir al público zonas como la sala principal o el restaurante y también se crea una estación de autobuses. Pero nada de esto consigue dar a la estación central de Michigan el impulso suficiente para su subsistencia.

En 1984, la estación es vendida para construir un centro de transportes que jamás llega a materializarse y, finalmente, el 5 de enero de 1988, parte el último tren de este mítico lugar.
Durante los años noventa, el vandalismo aumenta el deterioro del lugar. Se hace un vano intento de abrirla al público para poder sacar algún rendimiento turístico, pero no hay rentabilidad y todo queda en eso. La última noticia es que se quería rehabilitar el edifico para convertirlo en la sede de la policía de Detroit.
A modo de curiosidad, en este lugar, como suele suceder en muchos de estos edificios abandonados, se han rodado varias películas como La isla, Transformers, Cuatro hermanos o Nagoygatsi.

Por Sinuhé Gorris. Tejiendo el Mundo.

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