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 Hablaba la leyenda que la  primera persona enterrada en el cementerio de Cádiz era un hombre cuyo exclusivo oficio era afeitar a los negros que los mercaderes de esclavos desembarcaban en las playas de Puntales. Se decidió darle sepultura en un alejado patio de la Iglesia de San José. Sin embargo, en 1932, una investigación demostró que no había constancia oficial de dicho enterramiento ya que el primero correspondía al gaditano Miguel María Chacopianete, sepultado el 9 de junio de 1802.

El cementerio de Cádiz contaba con un patio, convenientemente separado del resto, destinado a los no católicos. Sin duda debido a las malas condiciones del lugar, la colonia británica residente en Cádiz decidió adquirir unos terrenos al final del callejón de la Figurina (actual avenida de Portugal), lindando con las vías del ferrocarril, para destinarlo a cementerio.

En realidad los primeros antecedentes de enterramientos de otras culturas y religiones los encontramos en el siglo XVII. En la fiesta de San Antón se celebraba la romería “del cochinillo” A estos festejos asistían no sólo los cristianos, sino moros y turcos esclavos, entonces residentes especialmente en extramuros. De ahí que se dispusiera el enterramiento de dichos infieles en la Punta de las Vacas.

La historia del cementerio inglés de Cádiz es clave para conocer la espiritualidad de la ciudad.  La ciudad de Cádiz, la Cales para los ingleses, constaba de una pluralidad y cosmopolitismo excepcional desde mediados del XVII, y a su vez se encontraba inmersa en una pluralidad religiosa, que llevaba consigo el enterramiento de los fallecidos no católicos. Serán los diplomáticos ingleses los primeros que piensen en una sepultura para aquellos súbditos de la Gran Bretaña que murieran en tierra española según un Tratado hispano- británico de 1630, que en su artículo 31 decía lo que se debía hacer con los súbditos ingleses que murieran en España, pero no se mencionaba nada de cementerios.

Es en 1650, cuando un enviado de Cromwell, Mr.Ascham, fue asesinado en España y su cuerpo introducido en tierra, sin más. Cromwell mostró su enfado  y el gobierno español acabó cediendo y aceptando la existencia de un cementerio para protestantes en el Tratado de Paz de 1664, pero hasta 1796 no se harían realidad los acuerdos.

En 1831, Fernando VII, zanja esta cuestión y autoriza su construcción, con la condición de que “se observen las formalidades prevenidas, a saber: que cierren con tapia, sin iglesia, ni capilla ni otra señal de templo ni culto público ni privado, poniéndose de acuerdo con las autoridades locales”.

Pero fue a raíz de la revolución de 1854 cuando se comienza la construcción de cementerios civiles, existiendo ya muchos españoles que no profesaban la fe católica.

Según documentos del Negociado del Ayuntamiento de Cádiz se hace una cesión de terreno de cien varas por el Gobierno Militar al cónsul de S.M. Británica en los retamales de los Extramuros de esta ciudad en 28 de noviembre de 1832, para servir de cementerio de los ingleses protestantes. Aunque hasta 1871 no llegó a abrirse la capilla protestante.

La primera referencia al cementerio de los protestantes de Cádiz, la encontramos en un documento fechado en 1873 del Obispado de Cádiz al Ayuntamiento Republicano de la ciudad, que hablaba de que en el cementerio católico se habían enterrado protestantes, y que ese cementerio era para católicos, y no para sectarios de demás creencias, y qué sería lo que pasaría si fuera al revés y los católicos se enterraran en el cementerio protestante.

También en la Guía oficial de Cádiz, la Rosseti la encontramos en 1876: “Entre la Aguada y San José, está el cementerio inglés, adquirido y cuidado por el señor Brakenbury, padre del cónsul actual, para los cuerpos de los herejes, que antes eran enterrados en la orilla, más allá de la línea de pleamar, por miedo de que pudieran corromper a los católicos de Cádiz. Ahora existe aquí “un cómodo lugar”, lo que es un alivio para los protestantes que esperen morir en Cádiz”

Un documento de negociado del año 1895 nos indica que hubo un intento de clausura del cementerio por motivos de salubridad, que hablaba de la R.O. de Gobernación del 18 de Julio de 1887 según la cual quedaba prohibida la inhumación fuera de los cementerios comunes excepto los de familia real.  Sigue diciendo que no hay datos precisos de la inauguración pero que en noviembre de 1831 se expidió por el Ministerio de Estado una R.O. por reclamación del represente de Inglaterra de terrenos para la Coruña para un enterramiento, y que es de presumir que el de Cádiz date de la misma época, hablándonos de una cesión de terreno de cien varas echas por el consistorio al cónsul británico el 28 de noviembre de 1832 con destino a cementerio de los ingleses.

Desde 1904 en la Guía Rosetti encontramos la siguiente descripción; “en el mismo barrio de San José y en la calle Adriano (antes Figurinas) se halla situado otro cementerio, de propiedad particular, destinado a los que profesan religión protestante. Tiene un extenso y bien cuidado jardín que da vistas a la vía férrea. Hay en él algunos monumentos sepulcrales de gran costo y artística construcción. De ellos no dejaremos de citar los de familias como  Haynes, el de Willian D.West, el de Richar Daviés, el de Ernesto Kropf, o el de Leopold Wade, etc.”.

Fueron muchos los enterrados en este suelo durante fines del siglo XIX y hasta mediados de los 60 del siglo XX, siendo este lugar clave para conocer la espiritualidad de la parte de los habitantes de nuestra ciudad que no profesaban la fe católica.

Este cementerio presentaba a la vista una galería llena de monumentos en un gran jardín. Era un parque, un jardín inglés, plantado de árboles. Una galería rectangular plantada de árboles de arbustos y flores.

Con el fin de la dictadura franquista, y con la naciente laicidad del Estado español, el mantenimiento de un cementerio protestante separado perdió definitivamente su significado, y en pro de la integración y la igualdad se procedió a su clausura.

En Abril de 1976 visita la ciudad Sir Chales Douglas, embajador de Gran Bretaña, para proceder a la cesión del terreno del cementerio al ayuntamiento. Con fecha de 23 de enero de 1980 se procede al traslado de los cadáveres existentes que no habían sido reclamados al cementerio católico y en la actualidad se encuentran en el Cementerio Mancomunado Bahía de Cádiz.

El antiguo cementerio procedió a ser un parque y los alrededores se llenaron de viviendas, aunque el parque aún conserva en parte la estructura del antiguo lugar de depósito de almas que no profesaban la fe católica, y la estampa del inglés fallecido sigue sintiéndose bajo los suelos de la plaza.

Bibliografía:

– Prieto Orcero, Eva María . El cementerio de los Ingleses de Cádiz. CEMABASSA, 2005

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Tallinn perla escondida en el golfo de Finlandia a 80 kms al sur de Helsinki; tiene 159,2 kms de superficie y una población de 400.000 habitantes. Surgió como un puerto comercial dentro de la ruta marítima que unía Europa occidental y Rusia y tuvo su mayor esplendor en plena Edad Media. Muchos años dependiendo de Rusia, ahora ya independiente ha vuelto a ser el centro del comercio y de la atención del mundo turístico.

Introducción al personaje histórico a quien está dedicada:

La Catedral de Alejandro Nevski de Tallin está dedicada a este hombre que nació el 30 de mayo de 1220, poco antes de la invasión mogola, y recibió una educación de carácter religioso. Las primeras épocas de su vida, infancia y juventud, las pasó en la ciudad rusa de Nóvgorod. Siendo joven todavía, tuvo que gobernar. Alrededor de 1225 los tártaros o mongoles al mando todavía de Gengis Khan, arrasaron los estados de Rusia. Su región, Nóvgorod, se salvó de la devastación causada por los tártaros, pero Alejandro tendría que luchar contra otros enemigos que provenían de Occidente.

Después de la invasión tártara, los príncipes rusos fueron obligados a acudir para ver al Gran Kan de la Horda de Oro, obedeciendo la “invitación” que no presagiaba nada bueno para los gobernantes rusos subyugados en aquellos tiempos. Alejandro Nevski también acudió a la llamada.

Según se dice, los príncipes siguieron un ritual según el cual tenían que pasar por entre las hogueras rituales y arrodillarse ante las estatuas de los antepasados del kan. Alejandro se negó, y arrodillado ante el kan le dijo: “Zar, me inclino ante ti porque Dios te ha honrado con un reino, pero nunca me inclino ante algo creado por hombre. Únicamente a Dios es al quien sirvo, adoro, reverencio y me arrodillo!” El kan le dejó marchar con vida.

Desde 1252 fue Gran Príncipe. Durante un viaje enfermó y el 14 de noviembre de 1263 falleció en Gorodets Volzhski. Fue canonizado en 1547, como San Alejandro Nevski, por la Iglesia ortodoxa rusa. 

La colina nos regala vistas y más aún cuando poco a poco se va acercando a ella con pasos pesados, la mirada a lo alto donde las torres negras nos esperan. Es hermosa, blanca y de una majestuosidad insuperable. De rito ortodoxo en Toompea que significa “Colina de la Catedral” fue construida en 1900 cuando aún Estonia formaba parte del imperio de los zares de Rusia.

Blanco que destaca en un día metido en nubes, seriedad y majestad ante la mirada de muchos admiradores. Entrada ordenada con un silencio impuesto por las normas que también nos hacen tapar brazos y no dejan pantalones cortos entre sus visitantes. Como digo, normas estrictas como tienen todas las religiones, pero somos visitantes y debemos amoldarnos a las costumbres del país, pequeño pero hermoso país.

El interior  hace confundirnos; las iglesias ortodoxas tienen esa cualidad o esa debilidad, todas por dentro son tremendamente ricas e iguales. Vemos una representación de Nuestra Virgen del Socorro aunque aquí como es preceptivo no es imagen sino pintura, pues no puede representar a ningún personaje sagrado en más de una sola dimensión.

Nos perturbar el olor, siendo habitual también en estos centros religiosos los olores de incienso e hierbas olorosas que tanto me marean, pero si quiero verla por dentro tengo que taparme la nariz algunas veces.

Riquezas en dorado, mucho dorado, mucho candelabro con velas blancas y rojas. Los libros sagrados, puestos en sus respectivos atriles. Aqui los curas están de espaldas al pueblo, casi no hay contacto ni tampoco fuera del templo. Son hombres muy lejanos de los creyentes, casi ni se ven fuera de los templos. Cosas de religiones—–


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La Iglesia de Santa María de la Concepción de los Capuchinos, también conocida como Nuestra Señora de la Concepción, es sin lugar a dudas uno de los templos más atractivos de entre las numerosísimas iglesias que adornan Roma. Situada en la famosa Vía Veneto, esta iglesia  fue construida en las cercanías del Palacio Barberini, por encargo del Papa Urbano VIII en honor de su hermano Antonio Barberini,  quien formaba parte de la Orden de los Capuchinos y cuya sepultura aún se conserva en el interior de la mencionada iglesia frente al altar mayor.  

Convento de los Frailes Capuchinos
Via Vittorio Veneto, 27 – 00187

Horario de Roma :
lunes-sábado 7-13.00 – 15.00 – 18.00;
Domingos y festivos: 9.30-12.00 – por la tarde 15.30-18.00 según disponibilidad.
Horas SS. Misas: día de la semana 7.30; feriado: 11.00

La Iglesia fue construida por el cardenal capuchino Antonio Barberini. Su hermano, el papa Urbano VIII Barberini, bendijo la primera piedra el 4 de octubre, la fiesta de San Francisco, en 1626 y celebró la primera misa el 8 de septiembre de 1630. El diseño de la iglesia es del arquitecto pontificio Michele da Bergamo. (+1641), fraile capuchino, quien también dirigió las obras y dejó un recuerdo detallado.

Es la primera iglesia romana dedicada “A Dios en honor de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María”. Está dirigido por los frailes menores capuchinos, ese grupo de franciscanos que viven en el convento adyacente reconstruido desde 1928 hasta 1933, después de que se demoliera el de 1631, para abrir la corriente a través de Vittorio Veneto y construir el Ministerio de Corporaciones, como fue llamado entonces.

Se ingresa a través de una escalera de tijera, sobre la cual se eleva la fachada de ladrillo, con pilastras en piedra blanca, divididas en dos órdenes superpuestas. En la inferior, abra la puerta, coronada por un tímpano triangular, y dos pequeñas ventanas; en la superior una gran ventana con un arquitrabe curvilíneo, coronado por un tímpano con una ventana ovalada.

Como todas las iglesias capuchinas, tiene una sola nave con capillas laterales elevadas y cerrada por puertas de madera. Solo el altar cental fue construido en mármol, por voluntad del Urbano VIII Barberini, cuyo escudo de armas se puede ver en la base de las dos columnas. Una pared divide el presbiterio del coro detrás de él, que tiene tres órdenes de asientos con mostradores de 1739.

La Bóveda de la Iglesia tiene un barril con la Asunción de Liborio Coccetti en el centro (+1728). En los dos arcos de los lados del presbiterio hay pinturas con San Francisco y Santa Clara, pintadas por el capuchino Paolo Piazza (Cosmo da Castelfranco Veneto, +1620).

En las capillas laterales están enterrados: el primer santo capuchino, Felice da Cantalice (+1587) y varios frailes que murieron en una reputación de santidad, incluido, en la primera capilla a la derecha, el popular monje de televisión, el padre Mariano de Turín (+1972 ), cuya causa de beatificación está en marcha.

El piso está cubierto de placas funerarias, la primera en el centro, cerca de los escalones del altar principal, es obra del cardenal Antonio Barberini, fundador de la iglesia y convento, quien dicta las palabras para la lápida de su tumba: Hic iacet pulvis cinis et nihil (Aquí yace polvo, cenizas y nada). La única tumba de cierta importancia monumental es la del Príncipe Alexander Sobieski (+1714), hijo de Juan III, el ganador de los turcos en Viena, por Camillo Rusconi (+1728).

La leyenda de los vampiros ha atrapado la imaginación de los pueblos durante generaciones. Un equipo de arqueólogos y científicos forenses de primer nivel ha dado con pruebas sólidas sobre la leyenda, que, a día de hoy, sigue persiguiendo a numerosas comunidades. En este especial seguiremos a los arqueólogos durante su investigación para averiguar cuál podría ser el aspecto de los vampiros, quiénes fueron sus víctimas y cómo encontraron estas la muerte. Por medio de la patología forense y de modernas técnicas científicas, el profesor Héctor Williams y su equipo de expertos se proponen esclarecer qué es mito y qué realidad con respecto a los vampiros y, ante todo, responder a la siguiente cuestión: ¿por qué se ha creído en su existencia? Williams visita a varios expertos del Reino Unido y otros países europeos, para terminar finalmente en la isla que despertó su interés por conocer el mundo del vampirismo, Lesbos, donde parece que existe una fosa común aún por destapar con restos de personas que se creían eran vampiros.

El cementerio vampírico de Lesbos.

El cementerio está ubicado en Mytilene, capital de la isla de Lesbos, Grecia, parte de la cadena de ínsulas del mar Egeo. En abril de 1994 un grupo de arqueólogos de la Universidad de Columbia descubrieron una serie de esqueletos perfectamente alineados en tumbas regulares. Todos ofrecían la curiosidad de haber sido estaqueados en el tórax con varas de hierro de un metro de largo, y atravesados por la boca con estacas de madera, parcialmente conservadas.

Repasando las crónicas de viajeros del siglo XIX, los arqueólogos recogieron una especie de histeria masiva en torno a una supuesta plaga de vampiros en la región, la cual fue abordada con el mayor rigor imaginable.

Las crónicas hablan de una invasión de Vrykolakas, aquella raza de vampiros que habitó el folklore griego durante siglos. El método que se utilizó en el cementerio de Lesbos para lidiar con estos vampiros pertenece a la tradición de los balcanes, que además de atravesar el corazón de los vampiros también propone asegurarlos con estacas de hierro a la altura de la pelvis, y rematar la operación con estacas de madera obturando la boca y asegurándose al fondo de la tumba.

Uno de los que aportó mayores datos al misterio del cementerio de Lesbos fue el vicecónsul británico Charles Newton, quien menciona haber visto cómo se daba cazaba a estos vampiros y cuáles éran las operaciones necesarias para asegurarse de que no regresen al mundo de los vivos (Travels and Discoveries in the Levant, 1850).

Recordemos que Grecia es dueña de una riquísima tradición vampírica, más antigua, incluso, que la palabra “vampiro”. La concepción helénica del retorno de la tumba posee rasgos verdaderamente arcaicos, relacionados con el Olimpo y el Hades. Para la mentalidad griega (mentalidad clásica, aclaramos) la realidad de ultratumba no se dividía únicamente entre la moradas de los bienaventurados y los condenados. Los campos Elíseos y el Hades son apenas dos extremos entre una infinidad de matices. En el medio habitan realidades y condiciones de existencia ciertamente terroríficas. Si trasladamos el tema al vampirismo, quien mejor describe el porqué del alzamiento de los vampiros de sus sepulcros es nada menos que el mismísimo Eurípides, quien declara:

Al morir, tal vez la Tierra y el Mar rechacen mi carne.

Esta frase letal resume perfectamente el concepto de Vampiro en la mitología griega: un ser exiliado, sin lugar en el cielo y el infierno. La tierra y el mar no le darán descanso. Su condena, trágica y circular, es ser vomitado periódicamente al mundo de los mortales.

EL VALLE DE LOS CAÍDOS

Publicado: octubre 18, 2018 en mis experiencias, viajes
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Según la tradición, Azrael fue el único en cumplir la misión encargada por Dios de traerle un puñado de tierra para crear a Adán, y de esta manera se ganó su título como Ángel de Muerte. Se cuenta que Azrael guarda los rollos de pergamino en los que están escritos los nombres de toda la Humanidad; en esos rollos, los nombres de los condenados están encerrados en un círculo negro, mientras que los nombres de los afortunados o ‘buenos’, están rodeados de un círculo luminoso. Cuando se acerca el día de la muerte de una persona, una hoja con su nombre escrito en ella se cae del árbol bajo el trono de Dios. Después de transcurridos cuarenta días, Azrael (o alguno de sus múltiples servidores, pues como todo arcángel no está solo, y tiene una multitud de ángeles a su servicio), es el encargado acompañar el alma del individuo, desde su cuerpo sin vida hacia su destino final. En otras palabras, él y los suyos acompañan a toda alma desencarnada, bien hacia el Cielo o bien hacia el Infierno. Por todo ello, Azrael será el último ser en morir.

Para meditar ………………

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 El autobús enfiló la última vuelta hasta llegar a la explanada, aquella misma que  me recibió en el 68 durante el gran viaje de 28 días por el país y que nos dejó un oh helado en la boca ante las dimensiones desmesuradas del lugar. Quizás nunca el mármol se adaptó mejor a la configuración del terreno como lo es este polémico y gigantesco monumento.

Su historia ya de por sí lleva polémica, entre quien lo hizo y por qué, cosa que dejamos para las opiniones de los que nunca dejan descansar a los vivos  ni a los muertos. Lo hecho, hecho está y ya  no hay más. De modo que la inmensa cruz que deja atónito hasta los mismos no creyentes calla, enmudece y guarda los secretos, los gritos enmudecidos por la pena de muchos años y quizás el ruido de grilletes mentales y físicos. Pero todos quedan prendados ante las alturas, el tamaño, las dimensiones de todo en este sitio especial y para los aficionados hasta esotéricos que aman  buscar signos escondidos en las roídas piedras hoy en día,  pues se nota ya el paso del tiempo, y las caras de los evangelista se ven blanqueadas como si las lágrimas del cielo fuesen de sal… sal seca que semejan chorros de pena. 

Y bajamos ante el éxtasis de la fachada principal donde Madre dolosa sostiene al muerto Hijo, una obra colosal que enloqueció la mente de Avalo. Poco a poco, ni siquiera hablar sujetos en el temor de que estamos pisando un suelo impregnados de sensaciones penosas, caída de muchos, llantos de otros, gloria de unos pocos, muerte para todos.

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Y pasada la puerta colosal, dejando impregnada la imagen de su entrada con la gran cruz coronada, nos sumergimos en una oscuridad doliente, un halo de luz indirecta que está escondida en los pocos adornos ornamentales…. Las imágenes son un llanto más, una colosal firma de un escultor que como Miguel Angel, enloqueció entre la grandeza de sus pasiones y la mano que hacía el milagro. El pasillo que nos lleva hasta el altar mayor se dividió en dos por una reja, quizás para no retar en dimensiones al primer templo de la cristiana y católica Roma. De este modo, dos ambientes en la misma dirección para llegar hasta la cruz suspendida en la oscuridad buscada por luces que  no quieren alumbrar, con miedo a darse luz una a las otras, la cruz flota en el ambiente, levita entre la fe y el dolor. Cuatro dolientes guardan el misterio en hierro corroído por el tiempo.

Hay que hacer esfuerzo para ver la cara de los que velan el sueño de los muertos, pero uno en particular entre estos cuatro, es la pasión de  mis desvelos. Quiero imaginar su rostro pero desde todos lo oculta, tan bien estudiado que jamás se puede ver su rostro ni con el flash de la máquina. Los paños que caen sobre si mismo, se ondulan, juegan o bailan de tal modo que hacen casi de sudario porque no está bien claro si refleja un vivo o un  muerto.

Y el ambiente se hace denso cuando llegamos al altar serio, lleno de sencilla decoración, dejando a un lado la cruz que levita y los cuatro ángeles custodio, nada más, simplemente nada más. Dejamos ansías de hacerse notar, historia o testigos buenos o malos. El monumental en piedra es digno de ser admirado, adorado y venerado como una obra descomunal como muy pocas hay en el mundo hecha de mano humana.

Y pasamos al convento, el que guarda a los monjes que acomodan sus rezos a un lugar para la oración y atiende en su posada a alguien que quiere pasar unos días de meditación a la luz del mármol. Descomunal también su diseño y ese patio que brilla a la luz del sol. Y después de ver algunos contraluces que se dan entre los arcos, los árboles y la cruz de fondo nos encaminamos hacia ella con paso precipitado como quien va a hacer una ofrenda. Subimos los escalones mil veces pisoteados, críticos, gente de fe, mirones históricos y asombrados turistas en general. Y en ese balcón que nos da miedo, los cuatros evangelistas miran al horizonte, Juan, sin barba y Lucas también por expreso deseo de su imaginador. Sus mascotas preferidas, águila, león… la mirada perdida entre tanta grandeza y la cruz. Rompe el cielo, rompe el azul y las nubes, la cruz del valle es más que un monolito, es el final de la obra, el principio del camino, la meta o quizás el final de todo. Las vibraciones se hacen aquí más fuerte, Juan de deja tocar, tengo la misma dimensión que uno de sus dedos del pie derecho.

Y los libros en sus manos, escritos con dedo divino o quizás es lo que se pierde en el aire pesado de su balcón, balcón al infinito, que perdida tienen los evangelistas la mirada en su final… qué mirarán?

Y bajamos, bajamos hasta la explanada de nuevo, nos volvemos y prometemos lo mismo que la primera vez, volveremos porque hay que rezar al aire libre y aquí se puede hacer porque no se puede mirar al suelo, vemos más allá de las losas…. que hay bajo las losas?… no quiero saberlo.

DAMADENEGRO 21/11/2008 

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Haesindang Park – Corea del Sur

Publicado: septiembre 25, 2018 en mis experiencias, viajes

La leyenda que hay detrás de Haesindang Park es tan bonita como extraña. Hace mucho mucho tiempo, en esta preciosa villa marinera de Sinnam, a unos 20 kilómetros al sur de Samcheok (provincia de Gangwon) se cuenta que una virgen se ahogó después de que su novio la dejara en una piedra mientras el recogía algas. Desde entonces nadie del pueblo fue capaz de pescar nada hasta que un buen día un pescador, en un momento de necesidad, echó un pis desde las rocas al mar. Vista la reacción de la virgen bajo el mar se consideró que que los falos elevaban el espíritu de la virgen que dominaba los mares y erigieron un altar con un pene en la colina para satisfacerla. Los peces volvieron al mar y dos veces al año hay una ceremonia para tenerla contenta.

Video relacionado: 

https://youtu.be/XbE3_JRNCo4

Para llegar al parque Haesindang debe tomar un autobús a la ciudad de Samcheok y luego tomar un autobús más pequeño durante 1 hora hasta Sinnam. Sinnam es una ciudad pequeña, así que no tendrás problemas para encontrar el parque Penis Park de Haesindang.

Ha sido la gran sorpresa de los Juegos Olímpicos de Invierno de PyoeonChang 2018, que se celebraron en territorio surcoreano.

 

Cripta Mussolini, tumba familiar con ataúdes, sarcófago de Mussolini, lugar de nacimiento de Mussolini, Predappio, Emilia-Romagna, Italia

En la cripta de la bóveda más visitada del cementerio de San Cassiano de Predappio, en la provincia italiana de Forlì-Cesena, un grupo de amigos está haciendo un gesto que, hasta el año pasado, se purgaba con una condena de entre seis meses y dos años de cárce.

Delante de una tumba de mármol, coronada por un busto blanco inmaculado y una vitrina que conserva una bota del difunto y un recipiente que, según dicen, contiene restos de su cerebro -cuyas neuronas apagaron la sinapsis hace ya 72 años-, extienden el brazo derecho a 135 grados con la palma de la mano hacia abajo y los dedos juntos. Rinden así honor al hombre que convirtió ese saludo, que los romanos reservaban para los emperadores y generales, en la marca registrada de una ideología: el fascismo. Pero el año pasado, un fallo de la Corte de Apelación de Milán estableció que el saludo romano no es delito si no se practica para hacer apología del fascismo. Quien yace aquí -Benito Mussolini- murió ajusticiado en 1945 cuando la Segunda Guerra Mundial daba sus últimos coletazos. Vaya uno a saber si descansa, tan atiborrado de banderas italianas y placas que lo veneran, junto a su esposa, Rachele, y a sus hijos Bruno, Annamaria, Vittorio y Romano.

Desde que el Duce consume en Predappio su inmortalidad -como Evita, el cuerpo padeció su propio peregrinaje macabro hasta que en 1957 fue enterrado en la bóveda familiar en San Cassiano-, este pueblo de seis mil habitantes donde Mussolini nació el 29 de julio de 1883 se convirtió en meca de nostálgicos, punto de partida de un itinerario nacionalista que incluye su casa natal y la visita a Villa Carpena, en Forlì, la casa de familia donde Mussolini se reunía con su esposa y sus hijos. Villa Carpena había sido comprada en 1914 por Rachele, la mujer que se casó con el Duce cuando ya era madre de dos de los cinco hijos que tuvieron juntos. Vendió hasta el auto de Benito para comprar la casa de dos pisos en la que ella murió en 1979.

Hoy, la villa se llama La casa dei ricordi (La casa de los recuerdos) y fue abierta al público luego de 60 años de encierro, en julio de 2001, cuando la compró el empresario Domenico Morosini. (Dentro de 30 años, se recordará más a Mussolini que a Napoleón), dijo el día de la inauguración de la villa que conserva documentos, muebles, ropa, el violín, la moto, las raquetas y los esquíes de Mussolini.

A diez euros por persona, ofrece visitas guiadas a cargo de la esposa de Morosini, Ariana. Predappio fanfarronea, además, con la casa natal de Mussolini: una construcción modesta, en piedra, donde el Duce nació en una habitación del primer piso. A fines de los años ’30, la casa atraía. Hasta el rey Vittorio Emanuele III de Savoia y su hijo, el príncipe Umberto, estuvieron aquí. Pero el entusiasmo por las ideas fascistas se fue deshilachando. La gente del lugar dice que, en los años ’60, visitar la tumba de Benito Mussolini era un operativo secreto, que en los ’70 fue campo de batalla entre fascistas y comunistas y que, a partir de la marcha de 1983 por los 100 años del nacimiento del Duce a la que asistieron pacíficamente 5.000 simpatizantes, las visitas nostálgicas a la bóveda son discretas pero relajadas, sin presiones.

Sobre la calle principal de Predappio, Pierluigi Pompignoli ha fundado, hace tres décadas, un imperio del merchandising fascista: botellas de vino con etiquetas en cobre con la imagen del Duce, encendedores, baberos, bustos, calendarios (con imágenes inéditas). Palabras adjudicadas a Benito, chombas tricolor. Mucho negro y las tres franjas de la bandera de Italia. Nadie puede acusar a Pompignoli de apología. En 2009, la nieta del Duce, la entonces diputada Alessandra Mussolini, denunció que muestras de sangre y del cerebro de su abuelo se ofrecían por eBay a 15 mil euros. Acusó al Policlínico de Milán, donde luego del fusilamiento se le había practicado la autopsia al cuerpo, pero en el hospital aseguraron que las muestras se habían destruido en una mudanza.

Dio testimonio de esa autopsia toda su vida el anátomo-patólogo Pier Gildo Bianchi, que murió en 2006, a los 86 años, y a quien se le había asignado la noble misión de decodificar, literalmente, qué tenía el Duce en la cabeza. Fue una gran desilusión cuando Bianchi confirmó que el cerebro de Mussolini no presentaba ninguna particularidad digna de mención (Se susurraba que era sifilítico, que había tenido lesiones cerebrales y que sus delirios de grandeza, en los últimos años, eran compatibles con la sintomatología típica de una incipiente degeneración del cerebro -contaba Bianchi-. Pero más allá del hecho que pertenecía a un personaje famoso, desde el punto de vista científico su cerebro era exactamente igual a otros que me había tocado analizar). (Me llama la atención la cantidad de jóvenes que vienen a visitar la tumba del Duce o la casa en la que nació. Eso demuestra que hoy no hay figuras de referencia y por eso la juventud se vuelca al pasado). dice Carla Maria Puccini, actriz y segunda mujer de Romano, el hijo artista de Mussolini, durante la misa en la capilla de San Cassiano a la que asistieron unas 30 personas el último aniversario de la muerte del Duce. En medio de las colinas preapenínicas, Predappio se debate hoy entre estimular este tibio turismo nostálgico o transitar las fechas más sensibles en el calendario mussoliniano -29 de julio por el nacimiento, 28 de abril por su muerte y 28 de octubre por la conmemoración de la marcha sobre Roma de 1922- con bajo perfil. Tal vez como antídoto, las calles de frente a la principal llevan el nombre de dos de los más grandes enemigos que tuvo el fascismo: Antonio Gramsci y Giacomo Matteotti.

Marina Artusa