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Tres carabelas, unas encima de otras, y en lo más alto, un personaje mirando al horizonte… Es Pedro El Grande

Resulta que la estatua es obra de Zurab Tsereteli, un artista ruso conocido por otros monumentos igual de extraños. La versión oficial dice que ésta en concreto fue un encargo para conmemorar el 300 Aniversario de la Armada Rusa, pero en realidad fue hecha para traerla a España con motivo la Expo’92…

Ninguna de las teorías parece ser la correcta lo que si se puede afirmar es que está considerada la octava estatua más grande del mundo.

Moscow

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El conjunto escultórico está realizado en bronce fundido y patinado sobre una armadura de hierro. La obra representa a un ángel volando con las alas extendidas, en representación del avión Dragon Rapide en el que partió Francisco Franco para iniciar el golpe militar que desencadenaría la Guerra Civil Española.

Sobre su espalda se encuentra una figura masculina representando a Francisco Franco, sosteniendo una espada en forma de cruz cristiana cuya punta señala hacia abajo.

El diseño de esta figura se asemeja a la del Ángel de la Paz, obra de Ávalos realizada dos años antes en el Cerro de las Aguzaderas, Valdepeñas (Ciudad Real), del que solo queda la estructura tras un atentado terrorista de los GRAPO en 1976.

La base que sostiene la escultura es de piedra granítica modelada y concertada para tener en su interior el anclaje del monumento. Alrededor de la misma se producían unos chorros de agua nebulosos iluminados por la noche.

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El estanque que contiene el monumento tiene una dimensión aproximada de 30 metros de diámetro, cerrado en su fondo por un muro formado por nueve pilastras de catorce metros de altura coronadas por los escudos de las islas y el de la ciudad, y unidas entre sí por ocho espacios en forma de talud escalonado, con cinco aliviaderos cada uno por donde caía el agua.

En todo el perímetro surgían múltiples chorros que junto a la gran cascada del fondo formaban un movimiento semejante al mar.

Capilla-de-San-Huberto-Amboise-Un grupo de científicos italianos ha solicitado permiso a las autoridades francesas para abrir la tumba de Leonardo da Vinci. Su intención es encontrar el cráneo del genio y poder hacer así una reconstrucción de su rostro. El objetivo, comparar dicha reconstrucción con el retrato de la Mona Lisa para comprobar si se trata en realidad de un autorretrato del propio pintor vestido de mujer.

¿Y por qué iba Leonardo a pintarse vestido de mujer? Dicen que porque era homosexual y le encantaban los misterios. Personalmente no me creo que descubrir eso sea la única intención de estos señores. Imagínense que después de obtener el craneo se lo quieren llevar a Italia y quedárselo. Podría pasar. Y a ver quien les dice a los italianos que no se lo pueden quedar.

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La teoría del autorretrato en la Mona Lisa es obra de Lillian Schwartz, una experta norteamericana en Leonardo que ya ha trabajado en comparaciones de sus autorretratos conocidos utilizando ordenadores. Ella está convencida de que la Mona Lisa no es sino Leonardo. Algo que la mayoría de sus colegas piensan que es una locura.

El caso es que Leonardo, que murió a la edad de 67 años, está enterrado en la capilla de Saint Hubert en el Castillo Real de Amboise, en Francia, a donde sus restos fueron trasladados en 1874 procedentes de una iglesia destruida durante la Revolución Francesa. En cualquier caso tampoco es seguro que esté allí, tal y como reza la inscripción de la tumba: “Aquí se cree que reposan los restos de Leonardo da Vinci”.

La Wikipedia dice lo siguiente al respecto:

Leonardo falleció el 2 de mayo de 1519, en la mansión o castillo de Clos Lucé (Francia). Francisco I se había convertido en un amigo muy cercano. Vasari recoge que el rey sostuvo la cabeza de Leonardo en sus brazos al tiempo que moría, aunque esta historia, amada por los franceses y representada por Ingres en una pintura romántica, parece más una leyenda que realidad. Vasari también dice que en sus últimos días, Leonardo pidió que un sacerdote recibiera su confesión y le diera la extremaunción.

De acuerdo a sus deseos, 60 mendigos siguieron su ataúd. Fue enterrado en la capilla de Saint-Hubert en el Castillo de Amboise. Cincuenta años más tarde, violada su tumba, sus despojos se dispersaron en los desórdenes de las luchas religiosas entre católicos y hugonotes.

En cualquier caso, ¿importa tanto saber quien es realmente la Mona Lisa? Sea Leonardo o no, eso no le quitará ni un ápice de belleza al retrato. Y si finalmente se demostrase que es él, cosa que creo dificil de demostrar, entonces es posible que se abra ante nosotros todo un mundo nuevo y excitante en la investigación de sus obras.

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En la Cueva de los Tayos, podrían existir los restos de una desconocida y misteriosa civilización antigua. La misma se ubica en Ecuador, precisamente en el sector del Norte de la Cordillera del Cóndor, a unos 800 metros de altura. Allí es dónde se halla la importantísima entrada, o bien, la única entrada de la cual se tiene noción en la actualidad, ya que para todos nosotros, en general es un asombroso enigma que deja a muchos sin sueño.

Se conoce mundialmente este hallazgo desde el año 1969, pues en este un húngaro de nacionalidad argentina, motivado por su pasión hacia los mitos y las leyendas y para demostrar sus conocimientos en espeleología aún siendo sólo una afición para él, Juan Moricz se arrojó a la aventura, internándose imperturbable en la zona selvático-montañosa ecuatoriana. Aunque él no haya sido la primer persona que haya estado en ese sitio, nadie puede restarle valor a su coraje y a su determinación.

Si se lee el registro escrito del viaje del húngaro, posiblemente se nos erice la piel como nunca antes lo hayamos sentido, y nos recorra un escalofrío inquietante. Entre otras cosas, nos narraba que había cantidad de pájaros de los llamados “tayos”, que sólo salen de noche y cuyas crías eran cazadas muy a menudo por los indígenas de la zona, los “shuaras”. Afirma que conoció un sitio apestado por descubrimientos de incalculable valor, tanto para la historia como para la cultura. Hallados en un habitáculo oculto, los describe como tablas de algún metal que podrían tener consigo toda la historia de los antiguos pobladores, de la que hasta hoy permanecemos ignorantes.
No podríamos evitar creer que existe un lazo que vuelve comunes a esas tablas halladas por el espeleólogo con las del “Libro de los de las Vestiduras Blancas”, señaladas por expertos en extraterrestres, repletas de símbolos ideográficos de inconmensurable complejidad.
En las siguientes páginas leeremos muchos datos interesantes sobre la civilización extinguida y acerca de cómo hizo el húngaro para encontrar la cámara secreta de la cueva en medio de aquellas irregulares montañas.

Los “sharuas”, indígenas que viven por fuera de la cueva y muy cercanos a su entrada, han sido los pioneros en transitar por la cueva desde antiguos tiempos; en cierta época del año, descienden por la entrada de la cueva en busca de las crías de los tayos para comerlos.
Estas crías, entre los tres y los cuatro meses de vida, llegan a tener un 50% de peso más que un tayo adulto, ya que están repletos de lípidos en su interior e ingieren por noche un 25% de su peso total.
Para ingresar, debemos adentrarnos por un conducto que se extiende 64 metros hacia abajo con una entrada inicial de 1 metro de radio.
Bajar este trecho no es tarea sencilla, y si se sufre del corazón no es conveniente realizar tal actividad. Para hacerlo, se usa un sistema de poleas simple, y una vez abajo nos toparemos con un complicado y extenso camino laberíntico. La luz allí no existe; el foco de luz más potente sería devorado por las sombras ya que en esas cámaras, por su colosal tamaño repleto de oscuridad, se podría construir una basílica.

El nombre de esta “caverna” se debe a una especie de pájaros no videntes, los tayos. Un dato curioso nos dice que en otras cuevas de la parte Sur del continente americano se ha hallado esta misma especie, como por ejemplo en Venezuela (Caripe). Se cree la especie se fue propagando por debajo de la tierra, y así apareciendo en distintos sitios. Si esto fuera cierto, podremos decir casi con total certeza que los túneles subterráneos no están separados como sistemas distintos sino que, en cambio, existen conectados.

En la exploración se hallaron marcas de tamaños increíbles, de formas de ángulos de 90º y en casos hasta simétricos sobre ciertas formaciones rocosas, que señalan que alguien estuvo allí hace muchísimo tiempo. El señor Moricz fue recopilando toda la información que pudo de parte de los nativos del lugar, con los cuales pudo mantener una buena comunicación.

Se estuvo preparando casi 19 años antes de aventurarse en la cueva. Analizando cada uno de los indicios que le muestren el camino a ese lugar debajo de la tierra. Él sentía que todo este asunto no era importante exclusivamente por su importancia histórica, sino que además de ello, creía que había algo más, algo inexplicable y mágico escondido detrás.

Y quería descubrir el secreto a toda costa. En todo ese tiempo previo, visitó otros países que estaban ligados al “sub-mundo”, como Argentina, Bolivia y Perú, esperanzado en hallar más puertas. Hizo énfasis en Tierra del Fuego, El lago Titicaca y Cusco como potenciales lugares en los que podrían existir perpetuamente ignorados, medios para el ingreso del sub-mundo.

Pues para Moricz, la Cueva de los Tayos es tan solo uno de otros muchísimos caminos para entrar.

Las placas de metal que mencionó el húngaro podrían ser parte de un enorme conjunto de las mismas, del cual sólo se han visto unas pocas, y que de hallarlas todas, se cree que nos narrarían el pasado de la humanidad desde al menos veinticinco mil años atrás; algo realmente extraordinario.
Se supo también que los oriundos de la zona hallaron ciertas piezas que provenían de la cueva, y se las dieron al sacerdote Carlo Crespi, demostrándole lo agradecidos que estaban con él, y Crespi se encargó de guardarlos en su iglesia. Digamos que al menos el 95% de esas piezas desaparecieron, probablemente por hurto de las mismas. Es realmente una pena que el sacerdote haya fallecido hace tanto, pues nos hemos quedado sin material de investigación acerca de aquellos objetos. Tal vez exista una pista que nos encamine para encontrar el punto donde se originó todo esto. Los objetos tenían grabados una especie de escrito muy complejo, y que en la actualidad tendrían una relevancia histórica invaluable.

De cualquier forma se ha analizado cuidadosamente una de las tablas metálicas que fueron conservadas en la iglesia de Crespi. En el año 1976 se dieron a conocer sus dimensiones; eran unos cincuenta y dos centímetros de largo, por unos catorce centímetros de anchura y casi cuatro centímetros de espesor, hecha de oro. Se dijo que la escritura tenía una enorme similitud con caracteres de la India empleados hace más de dos mil trescientos años, denominada “Brahmi”. Para el año 1980, un reconocido profesor de Ciencias Biológicas en Estados Unidos, Barry Fell, logró identificar ciertos símbolos en la placa. Hablamos de doce símbolos, y se afirmó que serían los mismos que existen formando parte del zodíaco.

Como era de esperarse, al escuchar tantos enigmas provenientes de esta cueva muchísimos otros especialistas fueron atraídos a ella. Las teorías de Moricz acerca de las placas fue una motivación para importantes investigadores. A partir de aquí, las cosas se empiezan a tornar difíciles para el húngaro.
Se hace presente Erick Von Däniken, un escritor nacido en Suiza que se las ingenió para persuadir a Moricz y que le entregara las fotografías que logró tomar y además que le dijera cientos de detalles e importantes secretos que decidió guardarse. No pasó demasiado tiempo, y salió a la venta un libro del suizo llamado “El Oro de los Dioses”, que revelaba todo lo que el húngaro no dijo, exponiendo toda la información recibida. Inclusive se puede leer que Däniken afirma entrar a las profundidades de la caverna cuando duerme y tener contacto con la totalidad de las placas de metal en sus impresionantes sueños, de las que tanto hablaba Moricz. Se vendieron alrededor del mundo casi 5.000.000 de ejemplares y se lo tradujo a veinticinco lenguas diferentes. Moricz no obtuvo ningún tipo de compensación monetaria.

La gente en Europa se vio fascinada por esos testimonios, y el suizo explotó también las imágenes que le fueron provistas por Moricz dando a conocer el aspecto interno de las cavernas, y fotografías de las placas del sacerdote Carlo Crespi. Stanley Hall, un ingeniero nacido en Escocia, se puso en contacto con el húngaro para armar un viaje a la zona e ingresar en la cueva para un estudio exhaustivo. Las condiciones de Moricz eran las siguientes: quien lideraría la exploración iba a ser él mismo, y las piezas que se encontraran en la cueva deberían permanecer allí sin ser sacadas del lugar. Obviamente el escocés no pudo tolerar esas reglas que consideró absurdas, y frenó en seco al húngaro, rechazando su compañía. Continuó con su deseo de entrar a la cueva, y para el séptimo mes del año 1976 se articula una viaje acordado por Ecuador y Gran Bretaña; se convoca a la milicia y a un importante cuerpo científico. Como si fuera poco, sumaron a la expedición al primer hombre en pisar la Luna, el señor Neil Armstrong.

Este personaje ya había aparecido en escenarios similares. Ejemplificamos con su viaje a Paysandú en la República Oriental del Uruguay, donde se percibía un movimiento demasiado notorio de objetos voladores no identificados. Armstrong compartía una cierta confianza con el propietario de La Aurora, la hacienda donde ocurría todo el revuelo, el señor Ángel Tonna.

La expedición tuvo una duración de treinta y cinco días. Se construyó a metros de la entrada, donde dispusieron sus carpas de investigación, un dispositivo que generaba electricidad. Cada vez descendían más y más, con fin de descubrir algo referido a la geografía y la biología de la caverna. Finalmente, se dijo que la Cueva de los Tayos no tenía relación alguna con la acción del hombre, que fue una creación de ríos subterráneos y de factores naturales en su totalidad. ¿Extraño, no es así?

Una información que se contrapone a todo lo anterior; aún cuando en su camino se cruzaron con una pared megalítica de dos metros y medio de altura y cuatro metros y medio de largo. Suena como una mentira, un invento, como si hubiesen querido tratar de encubrir algo.

Julio Goyen Aguado, un estudioso de las cavernas nacido en la República Argentina fue partícipe de la expedición en los primeros días.

Él aseguraba fervientemente que toda la investigación la mandó a hacer los líderes mormones y que la pagaron ellos mismos. ¿Por qué?

Porque las placas de metal que nombraba Moricz tendrían cierta relación con las que en la creencia de los mormones, el ángel Moroni le entregaba a Joseph Smith, el profeta; y casualmente también eran de oro.

Si nos ponemos a investigar, nos toparemos con que basándonos en el análisis de varias historias de los mormones, esos testimonios del pasado yacerían escondidos en la cordillera de los Andes.

Y para colmo de todo esto, los alrededores de donde se ubica la cueva se llaman Morona, ¿se ve la similitud con el nombre del ángel anteriormente nombrado? De cualquier forma el argentino sospechó todo el tiempo que estuvo vivo que el señor Hall era parte de una organización secreta del gobierno británico; una asociación de personas agrupadas en logias con un interés voraz por hallar las placas de metal. El señor Armstrong pertenecía a la misma masonería.

Pese a esto, aunque vemos que la mayoría se interesaba en las planchas de metal, no es esta la razón que motivó las búsquedas en un primer momento sino que lo que se buscaba eran pistas sobre esas personas que existían debajo de la tierra y que elaboraron y grabaron las placas.
Cuando todo estaba acabando, la conclusión a la que llegaron mató cualquier tipo de hipótesis que se quisiera probar, y se llevaron consigo unos 4 cajones de madera completamente cerrados y no les dejaron ver qué llevaban a los indígenas de la región, que se vieron timados, tomados por tontos, embaucados y despojados de vaya a saber cuántos años de historia.

Entre ellos aún se mantiene en sus memorias ese acontecimiento tan doloroso. Creen que se sustrajeron muchísimas cosas de la caverna. Y hablando seriamente, lo más probable es que así haya sido.

El astronauta Neil Armstrong estuvo 72 horas en la expedición, y cuando tuvo que presentarse ante la prensa en un conferencia declaró lo asombrado que estaba, y que esos tres días en la Cueva de los Tayos fueron mucho más fuertes que su viaje a la Luna. Entonces, para superar a semejante viaje fuera de la atmósfera, “algo” de gran peso tuvo que haber sucedido. Piénsenlo, es altamente probable que estemos ante un enigma encubierto.

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El Paricutín, el volcán más joven del mundo y que el próximo mes cumple 73 años, sepultó dos pueblos mexicanos al surgir de las entrañas de la Tierra pero la mitad de una iglesia sobrevivió, convirtiendo el sitio en una intrigante belleza natural.

La leyenda de los lugareños cuenta que un campesino araba la tierra el 20 de febrero de 1943 en una zona cercana a lo que ahora es conocido como el pueblo de Anagahuan, Michoacán, cuando la tierra repentinamente se abrió para mostrarle un burbujeante río de lava incandescente.

El lugareño corrió despavorido hacia el primer pueblo cercano, que se llamaba Paricutín, alertando a todos los habitantes que hicieron lo mismo con sus vecinos de San Juan Parangaricutiro. No hubo ni un sólo muerto, pero ambos poblados desaparecieron.

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Paricutín quedó sepultado bajo 30 metros de lava, y de San Juan Parangaricutiro sólo quedó en pie la fachada, el altar, la torre y el campanario de una iglesia, creando un paisaje escalofriante dominado por la negrura de la lava petrificada.

El volcán Paricutín, rodeado desde entonces de comunidades, en su mayoría indígenas purépechas, creció hasta alcanzar los 423 metros de altura, estuvo activo durante 9 años y su lava se extendió 10 kilómetros a la redonda.

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Ascender el volcán es un deleite para alpinistas profesionales y vocacionales, aunque éstos últimos descienden por lo regular con las suelas de sus botas derretidas por los respiraderos de vapor que hay en laderas y en los alrededores del cráter.

Hay dos cosas seguras que el aventurado turista se lleva a casa tras visitar el Paricutín, que en purépecha significa “lugar al otro lado”: Una vista regocijada por los paisajes y un buen dolor de huesos por las más de cinco horas a caballo que hay que recorrer.

 

 

 

 

 

Ubicación del Führerbunker en la actualidad

Ubicación del Führerbunker en la actualidad

El Búnker de Hitler a través de la historia

El Führerbunker es el lugar en el que murió el III Reich en Berlín hace ya siete décadas. Al acabar la Segunda Guerra Mundial se intentó borrar cualquier vestigio de la existencia del refugio antiaéreo de Adolf Hitler. Durante todo el conflicto se especuló sobre su verdadero emplazamiento. Unos decían que estaba bajo el mismo Reichstag, mientras que otros lo ubicaban bajo la Puerta de Brandemburgo o lo que posteriormente sería el Monumento del Holocausto. Sin embargo, la respuesta al enigma era mucho más obvia y en realidad se encontraba muy próximo a la Nueva Cancillería del Reich, el centro neurálgico del Estado alemán. Hoy en día los escombros están sepultados bajo un parking de coches y los vecinos pasean indiferentes a sus perros, que orinan despreocupados sobre las jardineras.

Berlín, 16 de enero de 1945. La guerra esta perdida desde hace mucho tiempo y Hitler lo sabe, pero en su cabeza el delirio de una salvación milagrosa de Berlín, acometida por unas fuerzas militares inexistentes, lucha contra la resignación de la caída. En cualquier caso sus instrucciones siguen siendo igual de enérgicas. Continúa planificando estrategias de ataque y defensa junto a los altos mandos del Estado, que se miran los unos a los otros sin atreverse a rebatirle y que, en muchas ocasiones, intentan evitar comunicarle las malas noticias. Los ataques aéreos sobre la capital cada vez son más frecuentes y permanecer en la Cancillería es muy peligroso, de modo que ese día se organiza su traslado al Führerbunker, acompañado por su secretario personal, Martin Bormann, su perra Blondi y su séquito de secretarias, guardaespaldas y personal doméstico. Más tarde llegarán Eva Braun y Joseph Goebbels, que también estará acompañado por su esposa Magda y sus seis hijos.

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El primer búnker destinado a la cúpula del Reich fue construido en 1936 por la multinacional Hochtief AG, que a día de hoy sigue siendo la mayor empresa de construcción de Alemania, y que también construiría el Führerbunker final. Durante la Segunda Guerra Mundial fue asimismo la responsable de la construcción de la residencia Berghof de Hitler en el Obersalzberg de los Alpes Bávaros y de la Guarida del Lobo, el principal cuartel militar del Führer, ubicado en la antigua Prusia Oriental. Desde 1939 hasta 1945, se sirvieron de sus vínculos con el gobierno nazi para utilizar mano de obra esclava, del mismo modo que hicieron la mayoría de empresas alemanas en la época. Tras la guerra, la mayoría de sus sucursales y fábricas fueron destruidas, o bien pasaron a ser propiedad de los rusos. Sin embargo, sólo cinco años después la empresa resurgió de las cenizas y comenzó su imparable expansión internacional.

El que posteriormente se llamaría Vorbunker (o Antebunker) fue construido bajo los jardines de la Vieja Cancillería en 1936, y fue utilizado por Hitler durante los primeros bombardeos británicos en 1940. Cuatro años después, durante el tramo final de la guerra, se inauguraría el búnker definitivo, aunque ya en 1934 Hitler encargó la planificación preliminar de la Nueva Cancillería al arquitecto Albert Speer, que posteriormente se convertiría en Ministro de Armamento. El Führer consideraba que la Antigua Cancillería era apta para una empresa de jabones, pero no como sede del Reich Alemán. El lugar escogido para edificar el palacio por el número 6 de Voßstraße y fue construido sobre una serie de antiguos edificios, como varias embajadas en Prusia de los desaparecidos Estados alemanes de Baviera, Sajonia y Baden.

Las cifras de la Nueva Cancillería son impresionantes. Más de 4500 obreros colocaron más de 20 millones de ladrillos durante un año: de enero de 1938 a enero de 1939. Todo un logro si tenemos en cuenta que estamos hablando de 16.300 metros cuadrados de palacio, una fachada de 421 metros de longitud y 420 estancias y habitaciones. De hecho, Speer logró acabarlo el 9 de enero, 48 horas antes de lo previsto, por lo que se ganó la admiración y respeto de Hitler. Sin embargo, el presupuesto inicial de 28 millones de Reichsmark acabó siendo de más de 70 millones. A esto hay que sumarle el millón y medio de Reichsmark que costaría posteriormente la obra que nos ocupa: el Führerbunker.

Este contó con las mismas dimensiones internas de la estructura precedente, pero incrementó el espesor de sus muros de hormigón armado en unos 4 metros, así como su profundidad, que llegó a los 15 metros bajo tierra. La ejecución de los trabajos corrió a cargo del arquitecto Carl Piepenburg y las obras del llamado «Proyecto de Construcción B-207» finalizaron el 23 de octubre de 1944. En la planta inferior se ubicaron las habitaciones de Hitler y Eva Braun, las oficinas de Goebbels y Bormann, la sala de conferencias, la central de comunicaciones, la enfermería y el consultorio médico, así como la sala de máquinas y el cuerpo de guardia. Una escalera comunicaba con la planta superior, en la que estaban los servicios, las cocinas, los almacenes y las habitaciones de la familia Goebbels.

La construcción se encontraba bajo el nivel freático, por lo que era necesario que estuviesen funcionando continuamente las bombas destinadas a evacuar el agua. Este zumbido se juntaba al de los generadores de corriente y el sistema de ventilación, por lo que el ambiente dentro del búnker estaba acústicamente muy enrarecido. A pesar de la tensión de aquellos momentos, en su interior se respiraba cierta quietud. Incluso según los testigos que han contado sus experiencias, como la secretaria o el guardaespaldas de Hitler, han asegurado que allí dentro todo el mundo hablaba en susurros.

29 de abril de 1945. El Estado Mayor de la zona norte emite el comunicado de que el punto álgido de la Batalla de Berlín se encuentra en pleno centro. Los alemanes lo han perdido todo, excepto el sector de los edificios gubernamentales, parte del Tiergarten, una estrecha franja dirección oeste que se encuentra entre el Zoo y el Havel, y alguna que otra base aislada. Hitler hace llamar al jefe de brigada de las SS, Wilhelm Mohnke, nombrado jefe de operaciones de la ciudadela gubernamental, para que le haga un informe sobre la línea de frente. La situación no puede ser más desesperada. Tras señalarle la proximidad de los rusos en el plano de la ciudad, Hitler le pregunta cuánto tiempo más puede resistir. La respuesta es contundente: “un máximo de veinte o veinticinco horas, mi Führer. Más no“

Había llegado la hora de afrontar el trágico final. La noche pasada ya había contraído matrimonio con Eva Braun en la Sala de los Mapas, junto a la Sala de Conferencias. El notario Walter Wagner, un conocido de Goebbels, fue el encargado de oficiar la ceremonia. Para ello fue llevado al búnker en un vehículo blindado desde su unidad emplazada cerca de la Cancillería. Los testigos fueron Bormann y Goebbels y, tras confirmar su origen ario, fueron declarados marido y mujer. Acto seguido, los dos testigos, Magda Goebbels, el jefe de las Juventudes Hitlerianas, Arthur Axmann, las dos secretarias, la cocinera y los generales Heinz Linge, Krebs, Burgdorf y Von Below, brindaron con champán. Un brindis sobrio y triste como colofón de los doce años del Reich.

Un rato después, en mitad de la madrugada, Hitler dictó sus últimas voluntades y testamento político a la secretaria Traudl Junge. En primer lugar expulsó del partido y despojó de todos sus derechos a sus dos máximos traidores: el Mariscal Herman Goering y el Reichfuhrer y Ministro del Interior, Heinrich Himmler. Al primero lo sustituyó por el Almirante Karl Dönitz, nuevo Presidente del Reich y Supremo Comandante de las Fuerzas Armadas. Los puestos del segundo los ocuparon Karl Hanke como Jefe de la Policía Alemana y Paul Giesler como Ministro del Interior. Por su parte, Goebbels ocupó el puesto de Canciller y Bormann el de Ministro del Partido.

La noticia del asesinato y escarnio público de Mussolini y Clara Petacci ocurrido dos días antes llegó hasta el búnker. Hitler dio instrucciones precisas a Otto Günsche de lo que debía hacer con su cuerpo y el de Eva tras su suicidio. Ambos debían ser incinerados para que no cayeran en manos de los rusos y fueran sometidos a una exhibición similar.

A las tres y media de la tarde del 30 de abril de 1945 Hitler y Eva se suicidaron en la sala de estar. Cada uno de ellos ingirió una cápsula de cianuro potásico en la sala de estar contigua a los dormitorios de la pareja. El plan era que acto seguido se dispararan, pero sólo Hitler fue capaz de hacerlo con una Walther de 7,65 mm. El motivo era asegurarse la muerte, dado que muchos cargamentos de este veneno fueron adulterados a consecuencia de un boicot llevado a cabo por los presos de los campos. Sin embargo, su eficacia ya fue probada un rato antes con Blondi, la fiel perra de Führer.

Tras escuchar la detonación, Heinz Linge fue el primero en entrar en la habitación para comprobar que ya estaban muertos. El doctor Ludwig Stumpfegger verificó segundos después su muerte. Tras cubrir el cadáver ensangrentado de Hitler con una manta ambos le sacaron de allí. Bornmann se encargó del cuerpo de Eva hasta que lo traspasó a Erich Kempka y este al robusto Günsche. El complejo fúnebre hasta el exterior lo completaron Goebbels, Krebs y Burgdorf.

Los cuerpos de Hitler y Eva fueron depositados en el socavón provocado por un obús. Tras hacerlo, Kempka y Günsche vaciaron varios bidones de gasolina sobre los cuerpos. Después, este último encendió un trapo empapado y lo arrojó en la improvisada pira funeraria. Mientras los cuerpos ardían todos ellos permanecieron congelados, con la mirada puesta en las llamas de más de dos metros y el brazo en alto. Horas después la emisora de radio de Hamburgo transmitió la solemne ópera de Wagner ‘El ocaso de los dioses’.

Después de la improvisada ceremonia nadie habló de ello dentro del búnker. Había cosas más importantes en las que pensar, como por ejemplo en ellos mismos. Goebbels no tardó en demandar un alto el juego al comandante supremo ruso en Berlín, el Mariscal Zhukov. Éste se puso en contacto con Stalin y obtuvo la respuesta obvia: una negativa y la exigencia de una capitulación sin condiciones. No había nada que hacer, salvo una cosa…

Veinticuatro horas después de la muerte de su venerado Führer, Goebbels llevó a cabo el plan previsto con su mujer Magda. Ésta se dirigió a la habitación en la que estaban sus seis hijos: Hildegard, Hedwig, Helmut, Holdine, Heidrun y Helga. Dada su fidelidad y obsesión por su jefe, todos ellos fueron llamados con nombres que empezaban por la letra hache en homenaje a Hitler. Magda se dirigió a ellos y haciendo gala de una mediocre actuación les dijo: “Ahora que se ha ido tío Adolf, volveremos a nuestra casa de Schwanenwerder. (…) El doctor nos dormirá y al despertar, ya estaremos en casa”. Sin embargo, Helga, la mayor, sospechó de las intenciones de su madre y comenzó a gritar que no quería morir. Una súplica igual de desgarrada que la que había hecho Magda un día antes a Hitler para rogarle que no se quitara la vida. De igual modo fue en vano. Tras un forcejeo, fue reducida en la habitación contigua. Ella fue la primera en caer. Minutos después los otros seis fueron dormidos con un somnífero y una vez dormidos, su madre vertió una cápsula de cianuro en cada una de sus gargantas. Para justificar su atrocidad dijo “nuestros hijos no tienen sitio en una Alemania como la que habrá después de la guerra”.

Tras asesinar a su descendencia, Magda cogió una baraja de cartas y se puso a jugar al Solitario en estado de shock. Un rato después el matrimonio abandonó el búnker que había sido su última vivienda y la tumba de sus hijos. Una vez en el jardín de la Cancillería, iluminados por las llamas de los edificios que lo rodeaban, echaron mano del cianuro y cayeron sobre el mismo lugar en el que el día anterior lo habían hecho Hitler y Eva Braun. Acto seguido los soldados de las SS quemaron sus cuerpos, con la diferencia de que en este sepelio nadie se quedó para seguir avivando las llamas.

El 1 de mayo Karl Dönitz recibió dos radiogramas desde el Führerbunker. El remitente era Bormann. En el primero se expresaba que el testamento de Hitler estaba vigente y que Dönitz y Goebbels habían sido designados Presidente y Canciller del Reich, respectivamente. En el segundo radiograma se anunció que el Führer había fallecido un día antes. A esa hora la bandera de la Unión Soviética ya ondeaba sobre el Reichstag y prácticamente todos los supervivientes del búnker emprendieron su huida con la esperanza de estar todavía a tiempo de traspasar camuflados las líneas soviéticas. Un día después fue tomado por el Ejército Rojo.

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Según los informes de la KGB, tanto los cadáveres de Hitler y Eva Braun, como de Joseph y Magda Goebbels y sus hijos, fueron enterrados en diversos lugares antes de ser destruidos por completo y arrojados al Elba. Desde el jardín de la Cancillería fueron trasladados al distrito de Buch en Berlín, después a Finow y más tarde a Rathenow. Finalmente, a mediados de enero de 1946 los restos de todos ellos fueron sepultados en el jardín del cuartel general de la KGB de Magdeburgo, ubicado en el número 36 de la calle Westendstrasse. Allí permanecieron durante cinco lustros, hasta que un equipo operativo de los servicios de inteligencia exhumó sus restos el 4 de abril de 1970 por orden del director de la KGB, Yuri Andrópov. Un día después fueron quemados nuevamente en un descampado en las proximidades de una aldea llamada Schönebeck. Finalmente, las cenizas fueron arrojadas al río Ehle, un afluente del Elba, desde un puente próximo a Biederitz. Irónicamente, este puente se llama “El Puente del Cerdo”. Lo único que se conserva de los Hitler y los Goebbels son fragmentos de sus mandíbulas y dientes por los que se les identificaron. En 1948 fueron enviados al Ministerio de Seguridad del Estado de Moscú y en 1954 pasaron a formar parte de su archivo.

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En cuanto al resto de habitantes del Führerbunker, muchos lograron sobrevivir al final de la Batalla de Berlín y la posguerra, y tras cumplir diversas condenas impuestas por los soviéticos fueron liberados. Uno de esos casos es el de la secretaria de Hitler, Junge, que intentó escapar, pero fue capturada por los soviéticos. Tras sufrir diversos abusos, fue entregada a los americanos y liberada en 1947. A los 81 años publicó el libro ‘Hasta la hora final’, en el que relató sus experiencias durante el nazismo. Un año después murió y dos años más tarde se estrenó la película ‘El Hundimiento’, de Oliver Hirschbiegel, cuyo guión está basado en gran medida en sus vivencias. Sin embargo otros no tuvieron tanta suerte como ella, como por ejemplo Stumpfegger y Bormann que, según varios testimonios, cayeron en el puente de Weidendamm. En cuanto a Himmler y Goering, el primero se suicidó con cianuro tras ser capturado por los británicos, mientras que el segundo lo hizo en prisión, tras los Juicios de Nuremberg, dos horas antes de ser ajusticiado en la horca.

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Tras la Capitulación de Alemania todo el mundo quiso visitar la Cancillería y el Führerbunker, hasta el punto de que incluso Winston Churchill y Gueorgui Zhúkov, mariscal del Ejército Rojo, se sacaron varias fotos en las ruinas del despacho de Hitler o el mismo búnker. Además, su interior fue saqueado, los soldados rusos llenaron las paredes con inscripciones y firmas y numerosos periodistas documentaron lo que vieron en su interior. Unos meses después, las fuerzas soviéticas de ocupación ordenaron la demolición, tanto del Palacio como del refugio subterráneo, aunque se tardarían catorce años en convertir todo el complejo en un solar vacío.

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A finales de 1947 se terminaron de desmontar todos los elementos exteriores del Führerbunker: desde las torretas de ventilación a las de vigilancia, o los distintos accesos. Después se dinamitó el interior y paredes enteras fueron destruidas mientras que el techo se desplazó medio metro por efecto de la explosión. Pocos días antes de que una nube de polvo tiñera las calles aledañas de gris, el 25 de noviembre de 1947, un periodista del diario Telegraph se coló en su interior para después escribir el artículo «40 escalones bajo la cubierta de hormigón – ésto fue lo que quedó: lavamanos despedazados en el sólido Führerbunker». Lo reproducimos a continuación:

«Cuarenta escalones conducen al búnker de 4,20 metros de espesor en su estructura, ubicado a ocho metros de profundidad. Sin ser experto, uno se da cuenta que aún las bombas de más grueso calibre no hubieran surtido el menor efecto aquí. Las pegajosas y brumosas aguas se encuentran a una altura de 20 centímetros. Dos opacas linternas apenas sí iluminan las dependencias. Botas de caucho de caña alta protegen contra el agua. Tropezando y resbalando, a tientas, avanzamos inseguramente a lo largo de las resbalosas paredes. Suciedad, filamentos y cachivaches se encuentran por doquier bajo el agua. Las botas de caucho de uno de los soldadores se han rasgado y éste ha ido a parar en el agua.

Aquí también hallamos nombres inscritos en las paredes, en ruso, mayormente. En uno de los extremos del Bunker de 30 x 30 metros, los soldadores empiezan a desmantelar un aparato de ventilación que obstaculiza el trabajo de los bomberos en su afán por bombear el agua fuera de la estructura. En las habitaciones, en donde en contra de todas las expectativas, el aire es bastante bueno a pesar de que todo ha sido completamente removido; incluso los lavamanos e interruptores de luz se han extraído. Unos cuantos filtros de máscaras antigás flotan por doquier.

Puertas blindadas acechan como peligrosas trampas por debajo de las turbias aguas. A izquierda y derecha del corredor central, pequeñas habitaciones desprovistas de puertas se amontonan a ambos lados. El cuarto en donde Hitler pasó sus últimos días se reconoce a través de una puerta corrediza ya arrancada que dividía el espacio en dos dependencias. Un lavamanos despedazado se encuentra en una de las esquinas. En la central de teléfonos todavía quedan un par de armarios de hojalata. Una solitaria percha se yergue en un rincón.

La puerta que conducía hacia afuera, doblemente recubierta de óxido y moho, está obstruida. Casi comprimido al lado de la entrada principal, un ducto vertical con una escalinata de hierro termina en el puntiagudo torreón de vigilancia (en realidad, torre de salida de aire). Vuelvo a ascender las escaleras… Por debajo de las palabras “¡Que viva el Führer!” alguien más garabateó: ¡completamente histérico!». Cuánta razón tenía.»

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En el verano de 1959 los trabajos de demolición lograron terraplenar todo el área y las ruinas de hormigón fueron convertidas en un montículo situado junto a la zona fronteriza del Muro de Berlín. Catorce años después, le picó la curiosidad sobre la Reichskanzlei y los búnkers soterrados al servicio secreto de Alemania Oriental de modo que en 1973 volvieron a ponerse al descubierto para medirlos y fotografiarlos una vez más, antes de volverlos a sellar.

Una década más tarde, en 1986, en la entonces Otto-Grottewohl-Straße, hoy nuevamente Wilhelmstraße, la RDA decidió erigir nuevos bloques de viviendas que obligaron a los constructores a remover los escombros hasta una profundidad de siete metros. De esta forma comenzó la construcción de los edificios residenciales que hoy se levantan sobre lo que un día fue la Nueva Cancillería y el Führerbunker. Entonces volvió a quedar a la vista y un año después el fotógrafo alemán Robert Conrad aprovechó la ocasión para colarse en su interior y hacer las últimas fotografías de la historia de esta emblemática construcción.

Según declaró en una entrevista publicada por Bild Zeitung, “fue como un viaje en el tiempo”. El mayor riesgo de su proeza no fue colarse en el interior de la bestia de hormigón, sino que le acusaran de intento de fuga del lado oriental, al encontrarle atravesando los túneles del búnker subterráneo. Al encontrarse cerca del Muro, la zona estaba estrictamente vigilada por las fuerzas del orden de la RDA, pero aún así Conrad logro colarse hasta treinta veces en el interior del búnker disfrazado de obrero. De esta forma y armado con una cámara Praktika logró documentar este testimonio histórico del búnker de Hitler.

En la misma entrevista, el fotógrafo declaró: “no era un cazador de reliquias nazis, sino que mi motivación era meramente histórica. Estoy convencido de que las pruebas documentales son importantes para luchar contra el olvido”. En la última de sus incursiones fue descubierto, la policía encontró los carretes y fue interrogado. Sorprendentemente no pasó nada. Simplemente no entendieron qué hacía ahí abajo y le dijeron que “dejara de hacer tonterías”. Aún así se asustó demasiado como para publicar las fotografías y decidió archivarlas hasta el año 2013.

En 1988 se removió por completo la cubierta del techo, pero permanecieron allí los cimientos y las paredes debido a los elevados costes de demolición. Los trabajos de desescombro del búnker terminaron en 1989, pocos meses antes de la caída del Muro. El espacio vacío resultante fue rellenado con grava, arena y hierros oxidados. Todo ello se enterró y poco después comenzó a crecer el césped. Desde entonces, un parque y un área verde cubren los restos del búnker.

El 8 de julio de 2006, la asociación Berlin-Unterwelten, junto a la Administración General del Senado de Berlín, colocó un tablero informativo con la historia del Führerbunker en la calle actualmente llamada Gertrud-Kolmar-Straße.

Según las últimas estadísticas de turismo, la mitad de los visitantes de Berlín quiere conocer el lugar en el que estuvo el búnker de Hitler. Todos los turistas que saben donde encontrarlo, hacen la misma ruta: primero el Monumento al Holocausto, y acto seguido este parque totalmente anodino. Y bajo él, en la imaginación de cada uno, el esqueleto herrumbroso e indestructible del búnker que cobijó al hombre que arrasó Europa hace setenta años.

Puente de Ariza – Jaen

Publicado: diciembre 19, 2015 en mis experiencias, viajes
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PUENTE

Situado en el km 36,147 de la antigua carretera comarcal CC-3217, entre Úbeda y Arquillos

Pertenece al tipo de puentes de bóvedas de gran luz que se construyeron en esa época, en la zona septentrional de Andalucía, como los puentes de Montoro y Marmolejo, sobre el Guadalquivir, o el de Benamejí, sobre el río Genil.

Se trata de un puente, en fábrica de sillería, con 5 bóvedas de cañón, superando la central los 31 m de luz, poseyendo además una embocadura de doble rosca.

Originalmente, tenía un perfil alomado, pretiles de obra y tajamares semicirculares aguas abajo y triangulares aguas arriba.

Fue construido entre 1550 y 1560, financiado por el obispo de Jaén, D. Diego de los Cobos y Molina, por tratarse de la principal vía de comunicación entre Úbeda y la meseta.

Para la construcción de este puente contribuyeron ciudades, villas y lugares, al menos “veinte leguas en contorno”. En un documento fechado en la Ciudad de Úbeda a 12 de febrero de 1636 consta. En concreto “el Lugar de Las Nauas por dozientos y sesenta vezinos con 7.540 Maravedís”.

Construido sobre otro romano que sus restos aún quedan debajo de este (Puente romano de Ariza).

En la reparación sufrida en 1868 reconstruyó los tajamares de forma poco adecuada y rectificó la rasante, rebajando el lomo de asno, aunque aún es perceptible.

En los 80 se introdujo una segunda bóveda bajo una de las laterales ya existentes, con el fin de acodolar la estructura y contrarrestar los empujes laterales de las pilas, que tienen un espesor de entre 5,6 y 9,5 m.

Desde 1998, como consecuencia de la entrada en funcionamiento del Pantano de Giribaile, quedó sin uso para tránsito, al verse afectado por el nivel máximo de embalse de éste. La carretera CC-3217, por su parte, quedó desviada por la carretera autonómica A-301 de Jaén. Su situación actual supone un claro riesgo de pérdida de la obra.

Hoy está inundado por el Pantano de Giribaile.

Cuenta la leyenda que los monjes pusieron a San Juan de la Cruz a descansar debajo del puente de cinco arcos que atraviesa el Río Guadalimar. El Santo tenía hambre y los monjes le preguntaron: “¿Qué quiere?”, y San Juan de la Cruz les dijo: “Espárragos”. Los monjes miraron inútilmente y por supuesto no hallaron nada de comer, mucho menos espárragos. De repente como por arte de magia, allí, en una piedra cualquiera del camino, como un altar con su ofrenda ante Dios, encontraron un mazo de espárragos trigueros. No se sabe puestos allí por quién, si por la Voluntad de Dios, precipitados de la “Divina Sustancia Universal” o por el poder prodigioso del santo. San Juan los tomó, dio gracias a Dios por ellos y para no caer en el supuesto pecado de un robo, dejó sobre la piedra unos cuatro maravedíes que tenía en el bolsillo.

**Se dijo y no se hizo

El puente renacentista de Ariza, a 17 kilómetros al norte de Úbeda (Jaén), en el kilómetro 35 de la carretera comarcal 3217, proyectado por el arquitecto Andrés de Vandelvira (Alcaraz, 1509-Jaén, 1575), será salvado de las aguas que han empezado a llenar el embalse de Giribaile. El Ministerio de Medio Ambiente ha aprobado el proyecto de traslado, más cerca de Úbeda, con un, presupuesto de 800 millones de pesetas. Los estudiantes de ingenieros de caminos de Granada llaman la atención sobre esta obra de Vandelvira, figura clave del renacimiento español.

Los estudiantes de la asignatura Estética de la construcción, en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Granada, cuyo profesor titular es Ignacio González Tascón, han documentado en un vídeo el puente de Ariza, sobre el río Guadalimar, en la carretera que une Ubeda con La Carolina, construido entre los años 1564 y 1581, como camino alternativo al de Despeñaperros, con proyecto del arquitecto Andrés de Vandelvira, bajo la dirección de obras del cantero Antón Sánchez, de úbeda. Las trazas y documentos del puente Ariza -conocido también por Los Espárragos o La Puente Nueva del Guadalimar- se encuentran en el Archivo de la Chancillería de Granada. Sobre el puente se ha publicado una monografía, y en torno al arquitecto se ha reeditado hace dos años el libro Andrés de Vandelvira (Riquelme y Vargas, Jaén), de Fernando Chueca Goitia, con análisis de sus obras más importantes, como la catedral de Jaén, el hospital de Santiago, en Úbeda, y la iglesia de San Francisco, en Baeza.

“El trabajo de los alumnos es una llamada de atención sobre una joya de la ingeniería que está amenazada por la inundación de un embalse”, declara Ignacio González Tascón. “El peligro es que se trata de un puente poco transitado, importante por ser de Vandelvira, con el tratamiento de los sillares, el tamaño del arco principal y su encaje en el paisaje, que puede acabar con una política de hechos consumados. Las aguas pueden llegar antes al puente y no llegar a tiempo el traslado”, afirma González Tascón.

El puente tiene una longitud de 99,5 metros y una luz libre de 31 metros, formado por cinco bóvedas de cañón muy desiguales, de fábrica de sillería y perfil en lomo de asno. Destaca el gran arco central, construido con doble rosca de dovelas para repartir las cargas. En los documentos figuran los diversos incidentes de su construcción, hasta la reforma de sus tajamares y pretiles de 1868, la cimentación de las pilas centrales, el transporte por el río de la madera para la cimbra y los pleitos del cantero Antón Sánchez contra el concejo. No faltan las historias, como su cruce por san Juan de la Cruz, cuando se retiraba enfermo al convento carmelita de San Miguel, en Úbeda, y donde realizó su ultimo milagro, al encontrase espárragos fuera de temporada. El puente tiene como único elemento decorativo el primitivo escudo de Úbeda.El puente de Ariza tiene abierto desde el 4 de mayo de 1993 un expediente para ser declarado bien de interés cultural y su inclusión en el catálogo del patrimonio histórico andaluz. Su proyecto de traslado ya se planteó siendo ministro de Obras Públicas José Borrell. El presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Manuel Vizcaíno, ha confirmado que el proyecto sigue adelante, con un presupuesto de 800 millones de pesetas, pendiente de aprobarse la inversión. “Confío en que se decida en las próximas semanas, ya que además la ministra [Isabel Tocino] es muy sensible a estos temas. Aunque la presa de Giribaile está embalsando, el agua no llegará en este año hidrológico, es decir, dentro de dos años”. El Ministerio de Medio Ambiente también ha confirmado la aprobación del traslado. “No hay problema de presupuesto y todavía hay tiempo”.

El traslado piedra a piedra, hasta un emplazamiento rural a 10 kilómetros al norte de Úbeda, de uso peatonal, entre olivos y en las cercanías de la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, tiene limitados antecedentes; entre otros, el desmontaje y nuevo montaje del puente romano de Alconetar ante su desaparición bajo las aguas.Tratado de cantería

El arquitecto Andrés de Vandelvira, autor de proyectos de edificios en Baeza, Úbeda y Jaén, con mucho influencia en el renacimiento andaluz, diseñó también el puente de San Pablo, de Cuenca, y dejó el tratado español de cantería más completo del siglo XVI, cuyo manuscrito fue completado por su hijo, Alonso de Vandelvira, del que se ha publicado una edición facsimilar. “No conozco el puente, pero Vandelvira tiene una importancia capital, por lo que se debe reconstruir en otro lugar”, dice Chueca Goitia.