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Ubicación del Führerbunker en la actualidad

Ubicación del Führerbunker en la actualidad

El Búnker de Hitler a través de la historia

El Führerbunker es el lugar en el que murió el III Reich en Berlín hace ya siete décadas. Al acabar la Segunda Guerra Mundial se intentó borrar cualquier vestigio de la existencia del refugio antiaéreo de Adolf Hitler. Durante todo el conflicto se especuló sobre su verdadero emplazamiento. Unos decían que estaba bajo el mismo Reichstag, mientras que otros lo ubicaban bajo la Puerta de Brandemburgo o lo que posteriormente sería el Monumento del Holocausto. Sin embargo, la respuesta al enigma era mucho más obvia y en realidad se encontraba muy próximo a la Nueva Cancillería del Reich, el centro neurálgico del Estado alemán. Hoy en día los escombros están sepultados bajo un parking de coches y los vecinos pasean indiferentes a sus perros, que orinan despreocupados sobre las jardineras.

Berlín, 16 de enero de 1945. La guerra esta perdida desde hace mucho tiempo y Hitler lo sabe, pero en su cabeza el delirio de una salvación milagrosa de Berlín, acometida por unas fuerzas militares inexistentes, lucha contra la resignación de la caída. En cualquier caso sus instrucciones siguen siendo igual de enérgicas. Continúa planificando estrategias de ataque y defensa junto a los altos mandos del Estado, que se miran los unos a los otros sin atreverse a rebatirle y que, en muchas ocasiones, intentan evitar comunicarle las malas noticias. Los ataques aéreos sobre la capital cada vez son más frecuentes y permanecer en la Cancillería es muy peligroso, de modo que ese día se organiza su traslado al Führerbunker, acompañado por su secretario personal, Martin Bormann, su perra Blondi y su séquito de secretarias, guardaespaldas y personal doméstico. Más tarde llegarán Eva Braun y Joseph Goebbels, que también estará acompañado por su esposa Magda y sus seis hijos.

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El primer búnker destinado a la cúpula del Reich fue construido en 1936 por la multinacional Hochtief AG, que a día de hoy sigue siendo la mayor empresa de construcción de Alemania, y que también construiría el Führerbunker final. Durante la Segunda Guerra Mundial fue asimismo la responsable de la construcción de la residencia Berghof de Hitler en el Obersalzberg de los Alpes Bávaros y de la Guarida del Lobo, el principal cuartel militar del Führer, ubicado en la antigua Prusia Oriental. Desde 1939 hasta 1945, se sirvieron de sus vínculos con el gobierno nazi para utilizar mano de obra esclava, del mismo modo que hicieron la mayoría de empresas alemanas en la época. Tras la guerra, la mayoría de sus sucursales y fábricas fueron destruidas, o bien pasaron a ser propiedad de los rusos. Sin embargo, sólo cinco años después la empresa resurgió de las cenizas y comenzó su imparable expansión internacional.

El que posteriormente se llamaría Vorbunker (o Antebunker) fue construido bajo los jardines de la Vieja Cancillería en 1936, y fue utilizado por Hitler durante los primeros bombardeos británicos en 1940. Cuatro años después, durante el tramo final de la guerra, se inauguraría el búnker definitivo, aunque ya en 1934 Hitler encargó la planificación preliminar de la Nueva Cancillería al arquitecto Albert Speer, que posteriormente se convertiría en Ministro de Armamento. El Führer consideraba que la Antigua Cancillería era apta para una empresa de jabones, pero no como sede del Reich Alemán. El lugar escogido para edificar el palacio por el número 6 de Voßstraße y fue construido sobre una serie de antiguos edificios, como varias embajadas en Prusia de los desaparecidos Estados alemanes de Baviera, Sajonia y Baden.

Las cifras de la Nueva Cancillería son impresionantes. Más de 4500 obreros colocaron más de 20 millones de ladrillos durante un año: de enero de 1938 a enero de 1939. Todo un logro si tenemos en cuenta que estamos hablando de 16.300 metros cuadrados de palacio, una fachada de 421 metros de longitud y 420 estancias y habitaciones. De hecho, Speer logró acabarlo el 9 de enero, 48 horas antes de lo previsto, por lo que se ganó la admiración y respeto de Hitler. Sin embargo, el presupuesto inicial de 28 millones de Reichsmark acabó siendo de más de 70 millones. A esto hay que sumarle el millón y medio de Reichsmark que costaría posteriormente la obra que nos ocupa: el Führerbunker.

Este contó con las mismas dimensiones internas de la estructura precedente, pero incrementó el espesor de sus muros de hormigón armado en unos 4 metros, así como su profundidad, que llegó a los 15 metros bajo tierra. La ejecución de los trabajos corrió a cargo del arquitecto Carl Piepenburg y las obras del llamado «Proyecto de Construcción B-207» finalizaron el 23 de octubre de 1944. En la planta inferior se ubicaron las habitaciones de Hitler y Eva Braun, las oficinas de Goebbels y Bormann, la sala de conferencias, la central de comunicaciones, la enfermería y el consultorio médico, así como la sala de máquinas y el cuerpo de guardia. Una escalera comunicaba con la planta superior, en la que estaban los servicios, las cocinas, los almacenes y las habitaciones de la familia Goebbels.

La construcción se encontraba bajo el nivel freático, por lo que era necesario que estuviesen funcionando continuamente las bombas destinadas a evacuar el agua. Este zumbido se juntaba al de los generadores de corriente y el sistema de ventilación, por lo que el ambiente dentro del búnker estaba acústicamente muy enrarecido. A pesar de la tensión de aquellos momentos, en su interior se respiraba cierta quietud. Incluso según los testigos que han contado sus experiencias, como la secretaria o el guardaespaldas de Hitler, han asegurado que allí dentro todo el mundo hablaba en susurros.

29 de abril de 1945. El Estado Mayor de la zona norte emite el comunicado de que el punto álgido de la Batalla de Berlín se encuentra en pleno centro. Los alemanes lo han perdido todo, excepto el sector de los edificios gubernamentales, parte del Tiergarten, una estrecha franja dirección oeste que se encuentra entre el Zoo y el Havel, y alguna que otra base aislada. Hitler hace llamar al jefe de brigada de las SS, Wilhelm Mohnke, nombrado jefe de operaciones de la ciudadela gubernamental, para que le haga un informe sobre la línea de frente. La situación no puede ser más desesperada. Tras señalarle la proximidad de los rusos en el plano de la ciudad, Hitler le pregunta cuánto tiempo más puede resistir. La respuesta es contundente: “un máximo de veinte o veinticinco horas, mi Führer. Más no“

Había llegado la hora de afrontar el trágico final. La noche pasada ya había contraído matrimonio con Eva Braun en la Sala de los Mapas, junto a la Sala de Conferencias. El notario Walter Wagner, un conocido de Goebbels, fue el encargado de oficiar la ceremonia. Para ello fue llevado al búnker en un vehículo blindado desde su unidad emplazada cerca de la Cancillería. Los testigos fueron Bormann y Goebbels y, tras confirmar su origen ario, fueron declarados marido y mujer. Acto seguido, los dos testigos, Magda Goebbels, el jefe de las Juventudes Hitlerianas, Arthur Axmann, las dos secretarias, la cocinera y los generales Heinz Linge, Krebs, Burgdorf y Von Below, brindaron con champán. Un brindis sobrio y triste como colofón de los doce años del Reich.

Un rato después, en mitad de la madrugada, Hitler dictó sus últimas voluntades y testamento político a la secretaria Traudl Junge. En primer lugar expulsó del partido y despojó de todos sus derechos a sus dos máximos traidores: el Mariscal Herman Goering y el Reichfuhrer y Ministro del Interior, Heinrich Himmler. Al primero lo sustituyó por el Almirante Karl Dönitz, nuevo Presidente del Reich y Supremo Comandante de las Fuerzas Armadas. Los puestos del segundo los ocuparon Karl Hanke como Jefe de la Policía Alemana y Paul Giesler como Ministro del Interior. Por su parte, Goebbels ocupó el puesto de Canciller y Bormann el de Ministro del Partido.

La noticia del asesinato y escarnio público de Mussolini y Clara Petacci ocurrido dos días antes llegó hasta el búnker. Hitler dio instrucciones precisas a Otto Günsche de lo que debía hacer con su cuerpo y el de Eva tras su suicidio. Ambos debían ser incinerados para que no cayeran en manos de los rusos y fueran sometidos a una exhibición similar.

A las tres y media de la tarde del 30 de abril de 1945 Hitler y Eva se suicidaron en la sala de estar. Cada uno de ellos ingirió una cápsula de cianuro potásico en la sala de estar contigua a los dormitorios de la pareja. El plan era que acto seguido se dispararan, pero sólo Hitler fue capaz de hacerlo con una Walther de 7,65 mm. El motivo era asegurarse la muerte, dado que muchos cargamentos de este veneno fueron adulterados a consecuencia de un boicot llevado a cabo por los presos de los campos. Sin embargo, su eficacia ya fue probada un rato antes con Blondi, la fiel perra de Führer.

Tras escuchar la detonación, Heinz Linge fue el primero en entrar en la habitación para comprobar que ya estaban muertos. El doctor Ludwig Stumpfegger verificó segundos después su muerte. Tras cubrir el cadáver ensangrentado de Hitler con una manta ambos le sacaron de allí. Bornmann se encargó del cuerpo de Eva hasta que lo traspasó a Erich Kempka y este al robusto Günsche. El complejo fúnebre hasta el exterior lo completaron Goebbels, Krebs y Burgdorf.

Los cuerpos de Hitler y Eva fueron depositados en el socavón provocado por un obús. Tras hacerlo, Kempka y Günsche vaciaron varios bidones de gasolina sobre los cuerpos. Después, este último encendió un trapo empapado y lo arrojó en la improvisada pira funeraria. Mientras los cuerpos ardían todos ellos permanecieron congelados, con la mirada puesta en las llamas de más de dos metros y el brazo en alto. Horas después la emisora de radio de Hamburgo transmitió la solemne ópera de Wagner ‘El ocaso de los dioses’.

Después de la improvisada ceremonia nadie habló de ello dentro del búnker. Había cosas más importantes en las que pensar, como por ejemplo en ellos mismos. Goebbels no tardó en demandar un alto el juego al comandante supremo ruso en Berlín, el Mariscal Zhukov. Éste se puso en contacto con Stalin y obtuvo la respuesta obvia: una negativa y la exigencia de una capitulación sin condiciones. No había nada que hacer, salvo una cosa…

Veinticuatro horas después de la muerte de su venerado Führer, Goebbels llevó a cabo el plan previsto con su mujer Magda. Ésta se dirigió a la habitación en la que estaban sus seis hijos: Hildegard, Hedwig, Helmut, Holdine, Heidrun y Helga. Dada su fidelidad y obsesión por su jefe, todos ellos fueron llamados con nombres que empezaban por la letra hache en homenaje a Hitler. Magda se dirigió a ellos y haciendo gala de una mediocre actuación les dijo: “Ahora que se ha ido tío Adolf, volveremos a nuestra casa de Schwanenwerder. (…) El doctor nos dormirá y al despertar, ya estaremos en casa”. Sin embargo, Helga, la mayor, sospechó de las intenciones de su madre y comenzó a gritar que no quería morir. Una súplica igual de desgarrada que la que había hecho Magda un día antes a Hitler para rogarle que no se quitara la vida. De igual modo fue en vano. Tras un forcejeo, fue reducida en la habitación contigua. Ella fue la primera en caer. Minutos después los otros seis fueron dormidos con un somnífero y una vez dormidos, su madre vertió una cápsula de cianuro en cada una de sus gargantas. Para justificar su atrocidad dijo “nuestros hijos no tienen sitio en una Alemania como la que habrá después de la guerra”.

Tras asesinar a su descendencia, Magda cogió una baraja de cartas y se puso a jugar al Solitario en estado de shock. Un rato después el matrimonio abandonó el búnker que había sido su última vivienda y la tumba de sus hijos. Una vez en el jardín de la Cancillería, iluminados por las llamas de los edificios que lo rodeaban, echaron mano del cianuro y cayeron sobre el mismo lugar en el que el día anterior lo habían hecho Hitler y Eva Braun. Acto seguido los soldados de las SS quemaron sus cuerpos, con la diferencia de que en este sepelio nadie se quedó para seguir avivando las llamas.

El 1 de mayo Karl Dönitz recibió dos radiogramas desde el Führerbunker. El remitente era Bormann. En el primero se expresaba que el testamento de Hitler estaba vigente y que Dönitz y Goebbels habían sido designados Presidente y Canciller del Reich, respectivamente. En el segundo radiograma se anunció que el Führer había fallecido un día antes. A esa hora la bandera de la Unión Soviética ya ondeaba sobre el Reichstag y prácticamente todos los supervivientes del búnker emprendieron su huida con la esperanza de estar todavía a tiempo de traspasar camuflados las líneas soviéticas. Un día después fue tomado por el Ejército Rojo.

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Según los informes de la KGB, tanto los cadáveres de Hitler y Eva Braun, como de Joseph y Magda Goebbels y sus hijos, fueron enterrados en diversos lugares antes de ser destruidos por completo y arrojados al Elba. Desde el jardín de la Cancillería fueron trasladados al distrito de Buch en Berlín, después a Finow y más tarde a Rathenow. Finalmente, a mediados de enero de 1946 los restos de todos ellos fueron sepultados en el jardín del cuartel general de la KGB de Magdeburgo, ubicado en el número 36 de la calle Westendstrasse. Allí permanecieron durante cinco lustros, hasta que un equipo operativo de los servicios de inteligencia exhumó sus restos el 4 de abril de 1970 por orden del director de la KGB, Yuri Andrópov. Un día después fueron quemados nuevamente en un descampado en las proximidades de una aldea llamada Schönebeck. Finalmente, las cenizas fueron arrojadas al río Ehle, un afluente del Elba, desde un puente próximo a Biederitz. Irónicamente, este puente se llama “El Puente del Cerdo”. Lo único que se conserva de los Hitler y los Goebbels son fragmentos de sus mandíbulas y dientes por los que se les identificaron. En 1948 fueron enviados al Ministerio de Seguridad del Estado de Moscú y en 1954 pasaron a formar parte de su archivo.

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En cuanto al resto de habitantes del Führerbunker, muchos lograron sobrevivir al final de la Batalla de Berlín y la posguerra, y tras cumplir diversas condenas impuestas por los soviéticos fueron liberados. Uno de esos casos es el de la secretaria de Hitler, Junge, que intentó escapar, pero fue capturada por los soviéticos. Tras sufrir diversos abusos, fue entregada a los americanos y liberada en 1947. A los 81 años publicó el libro ‘Hasta la hora final’, en el que relató sus experiencias durante el nazismo. Un año después murió y dos años más tarde se estrenó la película ‘El Hundimiento’, de Oliver Hirschbiegel, cuyo guión está basado en gran medida en sus vivencias. Sin embargo otros no tuvieron tanta suerte como ella, como por ejemplo Stumpfegger y Bormann que, según varios testimonios, cayeron en el puente de Weidendamm. En cuanto a Himmler y Goering, el primero se suicidó con cianuro tras ser capturado por los británicos, mientras que el segundo lo hizo en prisión, tras los Juicios de Nuremberg, dos horas antes de ser ajusticiado en la horca.

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Tras la Capitulación de Alemania todo el mundo quiso visitar la Cancillería y el Führerbunker, hasta el punto de que incluso Winston Churchill y Gueorgui Zhúkov, mariscal del Ejército Rojo, se sacaron varias fotos en las ruinas del despacho de Hitler o el mismo búnker. Además, su interior fue saqueado, los soldados rusos llenaron las paredes con inscripciones y firmas y numerosos periodistas documentaron lo que vieron en su interior. Unos meses después, las fuerzas soviéticas de ocupación ordenaron la demolición, tanto del Palacio como del refugio subterráneo, aunque se tardarían catorce años en convertir todo el complejo en un solar vacío.

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A finales de 1947 se terminaron de desmontar todos los elementos exteriores del Führerbunker: desde las torretas de ventilación a las de vigilancia, o los distintos accesos. Después se dinamitó el interior y paredes enteras fueron destruidas mientras que el techo se desplazó medio metro por efecto de la explosión. Pocos días antes de que una nube de polvo tiñera las calles aledañas de gris, el 25 de noviembre de 1947, un periodista del diario Telegraph se coló en su interior para después escribir el artículo «40 escalones bajo la cubierta de hormigón – ésto fue lo que quedó: lavamanos despedazados en el sólido Führerbunker». Lo reproducimos a continuación:

«Cuarenta escalones conducen al búnker de 4,20 metros de espesor en su estructura, ubicado a ocho metros de profundidad. Sin ser experto, uno se da cuenta que aún las bombas de más grueso calibre no hubieran surtido el menor efecto aquí. Las pegajosas y brumosas aguas se encuentran a una altura de 20 centímetros. Dos opacas linternas apenas sí iluminan las dependencias. Botas de caucho de caña alta protegen contra el agua. Tropezando y resbalando, a tientas, avanzamos inseguramente a lo largo de las resbalosas paredes. Suciedad, filamentos y cachivaches se encuentran por doquier bajo el agua. Las botas de caucho de uno de los soldadores se han rasgado y éste ha ido a parar en el agua.

Aquí también hallamos nombres inscritos en las paredes, en ruso, mayormente. En uno de los extremos del Bunker de 30 x 30 metros, los soldadores empiezan a desmantelar un aparato de ventilación que obstaculiza el trabajo de los bomberos en su afán por bombear el agua fuera de la estructura. En las habitaciones, en donde en contra de todas las expectativas, el aire es bastante bueno a pesar de que todo ha sido completamente removido; incluso los lavamanos e interruptores de luz se han extraído. Unos cuantos filtros de máscaras antigás flotan por doquier.

Puertas blindadas acechan como peligrosas trampas por debajo de las turbias aguas. A izquierda y derecha del corredor central, pequeñas habitaciones desprovistas de puertas se amontonan a ambos lados. El cuarto en donde Hitler pasó sus últimos días se reconoce a través de una puerta corrediza ya arrancada que dividía el espacio en dos dependencias. Un lavamanos despedazado se encuentra en una de las esquinas. En la central de teléfonos todavía quedan un par de armarios de hojalata. Una solitaria percha se yergue en un rincón.

La puerta que conducía hacia afuera, doblemente recubierta de óxido y moho, está obstruida. Casi comprimido al lado de la entrada principal, un ducto vertical con una escalinata de hierro termina en el puntiagudo torreón de vigilancia (en realidad, torre de salida de aire). Vuelvo a ascender las escaleras… Por debajo de las palabras “¡Que viva el Führer!” alguien más garabateó: ¡completamente histérico!». Cuánta razón tenía.»

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En el verano de 1959 los trabajos de demolición lograron terraplenar todo el área y las ruinas de hormigón fueron convertidas en un montículo situado junto a la zona fronteriza del Muro de Berlín. Catorce años después, le picó la curiosidad sobre la Reichskanzlei y los búnkers soterrados al servicio secreto de Alemania Oriental de modo que en 1973 volvieron a ponerse al descubierto para medirlos y fotografiarlos una vez más, antes de volverlos a sellar.

Una década más tarde, en 1986, en la entonces Otto-Grottewohl-Straße, hoy nuevamente Wilhelmstraße, la RDA decidió erigir nuevos bloques de viviendas que obligaron a los constructores a remover los escombros hasta una profundidad de siete metros. De esta forma comenzó la construcción de los edificios residenciales que hoy se levantan sobre lo que un día fue la Nueva Cancillería y el Führerbunker. Entonces volvió a quedar a la vista y un año después el fotógrafo alemán Robert Conrad aprovechó la ocasión para colarse en su interior y hacer las últimas fotografías de la historia de esta emblemática construcción.

Según declaró en una entrevista publicada por Bild Zeitung, “fue como un viaje en el tiempo”. El mayor riesgo de su proeza no fue colarse en el interior de la bestia de hormigón, sino que le acusaran de intento de fuga del lado oriental, al encontrarle atravesando los túneles del búnker subterráneo. Al encontrarse cerca del Muro, la zona estaba estrictamente vigilada por las fuerzas del orden de la RDA, pero aún así Conrad logro colarse hasta treinta veces en el interior del búnker disfrazado de obrero. De esta forma y armado con una cámara Praktika logró documentar este testimonio histórico del búnker de Hitler.

En la misma entrevista, el fotógrafo declaró: “no era un cazador de reliquias nazis, sino que mi motivación era meramente histórica. Estoy convencido de que las pruebas documentales son importantes para luchar contra el olvido”. En la última de sus incursiones fue descubierto, la policía encontró los carretes y fue interrogado. Sorprendentemente no pasó nada. Simplemente no entendieron qué hacía ahí abajo y le dijeron que “dejara de hacer tonterías”. Aún así se asustó demasiado como para publicar las fotografías y decidió archivarlas hasta el año 2013.

En 1988 se removió por completo la cubierta del techo, pero permanecieron allí los cimientos y las paredes debido a los elevados costes de demolición. Los trabajos de desescombro del búnker terminaron en 1989, pocos meses antes de la caída del Muro. El espacio vacío resultante fue rellenado con grava, arena y hierros oxidados. Todo ello se enterró y poco después comenzó a crecer el césped. Desde entonces, un parque y un área verde cubren los restos del búnker.

El 8 de julio de 2006, la asociación Berlin-Unterwelten, junto a la Administración General del Senado de Berlín, colocó un tablero informativo con la historia del Führerbunker en la calle actualmente llamada Gertrud-Kolmar-Straße.

Según las últimas estadísticas de turismo, la mitad de los visitantes de Berlín quiere conocer el lugar en el que estuvo el búnker de Hitler. Todos los turistas que saben donde encontrarlo, hacen la misma ruta: primero el Monumento al Holocausto, y acto seguido este parque totalmente anodino. Y bajo él, en la imaginación de cada uno, el esqueleto herrumbroso e indestructible del búnker que cobijó al hombre que arrasó Europa hace setenta años.

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Puente de Ariza – Jaen

Publicado: diciembre 19, 2015 en mis experiencias, viajes
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PUENTE

Situado en el km 36,147 de la antigua carretera comarcal CC-3217, entre Úbeda y Arquillos

Pertenece al tipo de puentes de bóvedas de gran luz que se construyeron en esa época, en la zona septentrional de Andalucía, como los puentes de Montoro y Marmolejo, sobre el Guadalquivir, o el de Benamejí, sobre el río Genil.

Se trata de un puente, en fábrica de sillería, con 5 bóvedas de cañón, superando la central los 31 m de luz, poseyendo además una embocadura de doble rosca.

Originalmente, tenía un perfil alomado, pretiles de obra y tajamares semicirculares aguas abajo y triangulares aguas arriba.

Fue construido entre 1550 y 1560, financiado por el obispo de Jaén, D. Diego de los Cobos y Molina, por tratarse de la principal vía de comunicación entre Úbeda y la meseta.

Para la construcción de este puente contribuyeron ciudades, villas y lugares, al menos “veinte leguas en contorno”. En un documento fechado en la Ciudad de Úbeda a 12 de febrero de 1636 consta. En concreto “el Lugar de Las Nauas por dozientos y sesenta vezinos con 7.540 Maravedís”.

Construido sobre otro romano que sus restos aún quedan debajo de este (Puente romano de Ariza).

En la reparación sufrida en 1868 reconstruyó los tajamares de forma poco adecuada y rectificó la rasante, rebajando el lomo de asno, aunque aún es perceptible.

En los 80 se introdujo una segunda bóveda bajo una de las laterales ya existentes, con el fin de acodolar la estructura y contrarrestar los empujes laterales de las pilas, que tienen un espesor de entre 5,6 y 9,5 m.

Desde 1998, como consecuencia de la entrada en funcionamiento del Pantano de Giribaile, quedó sin uso para tránsito, al verse afectado por el nivel máximo de embalse de éste. La carretera CC-3217, por su parte, quedó desviada por la carretera autonómica A-301 de Jaén. Su situación actual supone un claro riesgo de pérdida de la obra.

Hoy está inundado por el Pantano de Giribaile.

Cuenta la leyenda que los monjes pusieron a San Juan de la Cruz a descansar debajo del puente de cinco arcos que atraviesa el Río Guadalimar. El Santo tenía hambre y los monjes le preguntaron: “¿Qué quiere?”, y San Juan de la Cruz les dijo: “Espárragos”. Los monjes miraron inútilmente y por supuesto no hallaron nada de comer, mucho menos espárragos. De repente como por arte de magia, allí, en una piedra cualquiera del camino, como un altar con su ofrenda ante Dios, encontraron un mazo de espárragos trigueros. No se sabe puestos allí por quién, si por la Voluntad de Dios, precipitados de la “Divina Sustancia Universal” o por el poder prodigioso del santo. San Juan los tomó, dio gracias a Dios por ellos y para no caer en el supuesto pecado de un robo, dejó sobre la piedra unos cuatro maravedíes que tenía en el bolsillo.

**Se dijo y no se hizo

El puente renacentista de Ariza, a 17 kilómetros al norte de Úbeda (Jaén), en el kilómetro 35 de la carretera comarcal 3217, proyectado por el arquitecto Andrés de Vandelvira (Alcaraz, 1509-Jaén, 1575), será salvado de las aguas que han empezado a llenar el embalse de Giribaile. El Ministerio de Medio Ambiente ha aprobado el proyecto de traslado, más cerca de Úbeda, con un, presupuesto de 800 millones de pesetas. Los estudiantes de ingenieros de caminos de Granada llaman la atención sobre esta obra de Vandelvira, figura clave del renacimiento español.

Los estudiantes de la asignatura Estética de la construcción, en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Granada, cuyo profesor titular es Ignacio González Tascón, han documentado en un vídeo el puente de Ariza, sobre el río Guadalimar, en la carretera que une Ubeda con La Carolina, construido entre los años 1564 y 1581, como camino alternativo al de Despeñaperros, con proyecto del arquitecto Andrés de Vandelvira, bajo la dirección de obras del cantero Antón Sánchez, de úbeda. Las trazas y documentos del puente Ariza -conocido también por Los Espárragos o La Puente Nueva del Guadalimar- se encuentran en el Archivo de la Chancillería de Granada. Sobre el puente se ha publicado una monografía, y en torno al arquitecto se ha reeditado hace dos años el libro Andrés de Vandelvira (Riquelme y Vargas, Jaén), de Fernando Chueca Goitia, con análisis de sus obras más importantes, como la catedral de Jaén, el hospital de Santiago, en Úbeda, y la iglesia de San Francisco, en Baeza.

“El trabajo de los alumnos es una llamada de atención sobre una joya de la ingeniería que está amenazada por la inundación de un embalse”, declara Ignacio González Tascón. “El peligro es que se trata de un puente poco transitado, importante por ser de Vandelvira, con el tratamiento de los sillares, el tamaño del arco principal y su encaje en el paisaje, que puede acabar con una política de hechos consumados. Las aguas pueden llegar antes al puente y no llegar a tiempo el traslado”, afirma González Tascón.

El puente tiene una longitud de 99,5 metros y una luz libre de 31 metros, formado por cinco bóvedas de cañón muy desiguales, de fábrica de sillería y perfil en lomo de asno. Destaca el gran arco central, construido con doble rosca de dovelas para repartir las cargas. En los documentos figuran los diversos incidentes de su construcción, hasta la reforma de sus tajamares y pretiles de 1868, la cimentación de las pilas centrales, el transporte por el río de la madera para la cimbra y los pleitos del cantero Antón Sánchez contra el concejo. No faltan las historias, como su cruce por san Juan de la Cruz, cuando se retiraba enfermo al convento carmelita de San Miguel, en Úbeda, y donde realizó su ultimo milagro, al encontrase espárragos fuera de temporada. El puente tiene como único elemento decorativo el primitivo escudo de Úbeda.El puente de Ariza tiene abierto desde el 4 de mayo de 1993 un expediente para ser declarado bien de interés cultural y su inclusión en el catálogo del patrimonio histórico andaluz. Su proyecto de traslado ya se planteó siendo ministro de Obras Públicas José Borrell. El presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Manuel Vizcaíno, ha confirmado que el proyecto sigue adelante, con un presupuesto de 800 millones de pesetas, pendiente de aprobarse la inversión. “Confío en que se decida en las próximas semanas, ya que además la ministra [Isabel Tocino] es muy sensible a estos temas. Aunque la presa de Giribaile está embalsando, el agua no llegará en este año hidrológico, es decir, dentro de dos años”. El Ministerio de Medio Ambiente también ha confirmado la aprobación del traslado. “No hay problema de presupuesto y todavía hay tiempo”.

El traslado piedra a piedra, hasta un emplazamiento rural a 10 kilómetros al norte de Úbeda, de uso peatonal, entre olivos y en las cercanías de la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, tiene limitados antecedentes; entre otros, el desmontaje y nuevo montaje del puente romano de Alconetar ante su desaparición bajo las aguas.Tratado de cantería

El arquitecto Andrés de Vandelvira, autor de proyectos de edificios en Baeza, Úbeda y Jaén, con mucho influencia en el renacimiento andaluz, diseñó también el puente de San Pablo, de Cuenca, y dejó el tratado español de cantería más completo del siglo XVI, cuyo manuscrito fue completado por su hijo, Alonso de Vandelvira, del que se ha publicado una edición facsimilar. “No conozco el puente, pero Vandelvira tiene una importancia capital, por lo que se debe reconstruir en otro lugar”, dice Chueca Goitia.

cueva del gato

Benaoján (Málaga), 7 dic (EFE).- Tras casi un año de intensas jornadas de exploración, miembros del Espeleoclub Pasos Largos han descubierto dos nuevas galerías en la conocida como Cueva del Gato de Benaoján (Málaga), lo que han calificado como el hallazgo “más importante en esta cavidad de los últimos 45 años”.

La importancia y singularidad de estas galerías, “en la que jamás antes había puesto el pie el ser humano”, reside en sus grandes dimensiones y en las inusuales formaciones que albergan en su interior, según explica el presidente del Espeleoclub Pasos Largos y coordinador de las exploraciones, Manuel Guerrero.

A la más grande de estas galerías, cuyo desarrollo supera los 150 metros, la han llamado Galería Invisible, debido a que aunque los espeleólogos intuían su existencia, no se veía desde ningún punto de la cueva y no pudieron corroborarla hasta entrar en ella.
“El primer espeleólogo que pisa una nueva galería tiene el honor de darle nombre”, indica Guerrero, de tal manera que la segunda de las que han descubierto, con un desarrollo de 135 metros, recibe el nombre de Galería del Tercio, “porque el que la descubrió es un antiguo legionario”, añade.

cartel cueva del gato

Estas galerías, colgadas a 45 metros de altura, se denominan galerías fósiles porque “durante muchísimos años por ellas circulaba el agua, pero la garganta de la cueva se fue haciendo más estrecha, el agua fue bajando y se quedaron ahí como olvidadas”, comenta el espeleólogo en una entrevista con Efe.

Para llegar a estas galerías los espeleólogos han pasado, durante casi un año, jornadas de hasta veinte horas escalando hasta lograr alcanzar el techo de la cueva, que presenta una altura de entre cuarenta y setenta metros, una dura tarea que, según las palabras de Guerrero, se complica aún más por la cantidad de material que deben llevar.

“Aquí ha estado menos gente que en la luna”, comenta orgulloso el espeleólogo, que añade que “la euforia que se siente al descubrir una galería nueva es indescriptible, porque el afán por descubrir sitios nuevos” es lo que les “mueve a explorar”.

La Cueva del Gato, por la que ya transitaban los viajeros románticos de la Serranía de Ronda allá por el siglo XIX, se ha convertido en una cavidad mítica para la espeleología, y “cualquier espeleólogo que se precie lo primero que hace es esta cueva”, asegura Guerrero.

 Fotografías cedidas por Manuel Guerrero, presidente del Espeleoclub Pasos Largos, grupo de espeleología que tras casi un año de intensas jornadas de exploración, han descubierto dos nuevas galerías en la conocida como Cueva del Gato de Benaoján (Málaga). EFE

Fotografía cedida por Manuel Guerrero, presidente del Espeleoclub Pasos Largos, grupo de espeleología que tras casi un año de intensas jornadas de exploración, han descubierto dos nuevas galerías en la conocida como Cueva del Gato de Benaoján (Málaga). EFE

Esto llevó al Espeleoclub Pasos Largos a iniciar una investigación sobre este sistema en 2007, ocho intensos años de exploración en los que han descubierto otras galerías, pero según el coordinador de las exploraciones, “ninguna tan importante” como las recientemente halladas, que superan a las anteriores en tamaño, volumen y longitud.

“Cuando empezamos a explorar el complejo, la Cueva del Gato tenía 7.800 metros de desarrollo y ahora supera los 10.500 y con vistas a que cada vez sea más grande”, indica este experto, que subraya que el objetivo de estas investigaciones es “poner en valor” este sistema espeleológico, denominado Hundidero-Gato.

A principios de este año el grupo de espeleólogos comenzó a explorar la parte alta de la cueva porque, según explica el presidente, su estructura les hacía pensar que podía haber galerías colgadas en el techo, y diez meses después las han hallado. “Era una intuición, pero hemos acertado”, añade.

Estas investigaciones, en las que también han participado clubes de espeleología de Ubrique (Cádiz) y Jaén, aún no han concluido, pues tras analizar las singulares e inusuales formaciones que albergan las nuevas galerías, ahora deben determinar qué tipo de fauna habita en ella.
Estos espeleólogos han abierto camino para que otros aventureros se adentren en lo más profundo de la “cueva más importante y mítica de Andalucía”, aunque sus extremas condiciones, con un cien por cien de humedad y una temperatura constante de 11 grados, hacen que sólo unos pocos tengan el privilegio de contemplar su interior.

MUSEO DEL ORO DE BOGOTA

Publicado: diciembre 2, 2015 en mis experiencias, viajes
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museo del oro.

Las aproximadamente 8.000 piezas que están expuestas en el Museo del Oro de Bogotá son tan solo una mínima parte del patrimonio que alberga Colombia en las bodegas de este recinto con tesoros que nunca han visto la luz y entre los que destacan momias muiscas conservadas a la perfección.

“Lo interesante de los depósitos es que uno abre un gaveta y cada día se encuentra algo distinto. Aquí es muy difícil conocer toda la colección”, reconoce a Efe el arqueólogo Juan Pablo Quintero, que trabaja para el Museo desde hace casi seis años.

La colección completa del Museo del Oro, propiedad del Banco de la República de Colombia (emisor) y que además de la de Bogotá tiene seis delegaciones en otras ciudades del país, consta de un total de 54.000 piezas entre líticos (piedras), orfebrería, cerámica, madera y textiles.

De esa cifra, un alto porcentaje se encuentra guardado en dos bodegas, denominadas bóvedas, la de cerámica y la de orfebrería, ubicadas en las entrañas de la sede central del Museo de la capital colombiana y cuyo acceso está sometido a estrictas medidas de seguridad.

Quien tiene la oportunidad de entrar siente que está en una película de James Bond entre tanta puerta, de esas que para abrir la siguiente hay que cerrar la anterior y mirar fijamente a la cámara de vigilancia para que el área de seguridad dé el visto bueno y puedas acceder a la próxima sala.

En la de cerámica, creada en 2004, hay unos 15.000 objetos -todos aquellos que no son de orfebrería- estrictamente organizados por el tipo de material y el orden de llegada, y distribuidos en armarios, que se mueven por raíles y que están clasificados geográficamente.

En uno de los costados de esta sala se encuentran en el interior de una especie de sarcófagos de polietileno, hechos a medida y hasta con respiradero, varias momias muiscas, de las cuales la mayoría nunca han sido expuestas al público.

“Esta tiene el cerebro ahí, que se alcanza a ver porque les hicimos unos ‘TAC’ (tomografías) hace poco”, señala Quintero al hablar de la niña de trece años momificada en posición fetal y que vino acompañada con una copa de cerámica y 40 tunjos (figuras antropomorfas) de cobre.

La antropóloga Ana María González, también empleada del Museo, explica a Efe que la momificación de los muiscas era “muy distinta” de las de los egipcios, pues esta cultura prehispánica lo hacía con todos los órganos internos del difunto y luego “realmente era secarlos al fuego, como una uva pasa, envueltos en cuero y textiles”.

“Aquí deberíamos estar todos con tapabocas, para evitar la maldición”, bromea Quintero.

El buen estado de salud en el que se presenta esta joven momia, que llegó al Museo en los años 80, hace sospechar al arqueólogo que quizá pudo ser un sacrificio humano, pues aún se observa su pelo negro intacto, así como los dedos de las minúsculas y entrelazadas manos.

Al lado, hay otro envase con un cráneo deformado intencionadamente en vida, cuya cavidad ocular la ocupan trozos de conchas y su rostro está velado por una capa de brea.

A pesar de que nadie puede quedarse solo en los depósitos, con frecuencia vienen los “mamos” o líderes espirituales de comunidades indígenas para llevar a cabo bailes, ofrendas y rituales, denominados “limpias”, en las salas de las exposiciones abiertas al público y las bodegas, pues las colecciones “también son de ellos”, según explica González.

Por otro lado, en la bóveda de orfebrería, cuyo acceso es todavía más restringido, hay “como mínimo unas 25.000 piezas de oro” y de diferentes aleaciones, asegura Quintero, muchas de las cuales no han sido expuestas desde que el Museo empezó a funcionar, en el año 1939.

Los encargados de este enorme tesoro cifrado en un mar de claves y cerraduras dieron su autorización para sacar de la bóveda tres cajones que contenían pectorales de oro de la cultura Calima correspondientes al periodo Yotoco (200 a.C.-900 d.C.) y unos 50 cascabeles con distintas representaciones, típicos de los Tayrona (900 d.C-1600 d.C.).

La información que existe sobre la colección “es poca”, afirma González, por lo que invitan a todos los investigadores de las disciplinas relacionadas a venir al Museo y aportar su granito de arena con el propósito de esclarecer los misterios que aún se encierran en el interior de sus cajones.

“Aquí hay para investigar durante cientos de años”, apostilla Quintero.

SALAS DE EXPOSICIÓN

Bienvenido al Banco de la República y a su Museo del Oro en Bogotá. Las exposiciones se renovaron totalmente en 2008, en un edificio ampliado y de magnífica arquitectura. La exposición permanente del Museo del Oro lo invita a conocer la historia del oro y otros metales entre las sociedades prehispánicas del actual territorio de Colombia. Está organizada en cuatro salas de exposición y una sala de exploración que usted puede visitar en el orden de su preferencia:

PRIMER PISO

La gente y el oro en la Colombia prehispánica da a conocer el uso y contexto de los metales dentro de la organización política y religiosa.

La colección del Museo del Oro, iniciada en 1939 por el Banco de la República, nos acerca a la vida social y cultural de los grupos humanos que vivieron en Colombia desde hace 2.500 años hasta la conquista europea. ¿Quiénes eran estas personas?, ¿cómo vivieron?, ¿cuáles eran sus creencias y tradiciones?, ¿cómo se relacionaban con el medio ambiente?

La sala La gente y el oro en la Colombia prehispánica propone un recorrido de sur a norte por nuestro país para conocer los climas, los ambientes y las antiguas sociedades y culturas que vivieron sobre la cadena montañosa de los Andes y los litorales del Pacífico y del Caribe, las regiones donde antiguamente se trabajaron los metales.

SEGUNDO PISO

 El trabajo de los metales describe las técnicas de minería y manufactura de la metalurgia antigua.

Fotografía de Enrique Guzmán García, Museo del Oro – Banco de la República.

En la sala El trabajo de los metales se descubren los procesos de minería, beneficio y trabajo del metal que están detrás de todos y cada uno de los objetos de metal del Museo del Oro.

El orfebre, pero también el minero, transformaron los materiales que les brindaba la naturaleza para crear estas obras de arte intemporal que los hacen dignos de admiración. También entre sus antiguas comunidades fueron considerados sabios y, en ocasiones, chamanes.

TERCER PISO

 Cosmología y simbolismo explora los temas míticos, el chamanismo y la simbología de los metales.

Las cosmologías ubicaban la sociedad y su entorno en el universo. Todas las cosas adquirían un lugar y un sentido, y se entrelazaban en un profundo simbolismo. Los mitos contaban que al inicio de los tiempos, los creadores dieron a la gente lo necesario para la vida.

La sala Cosmología y simbolismo atesora varios de los objetos maestros de las colecciones del Museo del Oro del Banco de la República —por cierto, en el interior de una bóveda de seguridad. Pero el valor que se guarda aquí es el del pensamiento indígena que le dio un sentido y una razón de ser a estos magníficos objetos.

 La ofrenda sumerge al visitante en el mundo de las ceremonias de ofrenda.

3.260 objetos y una esmeralda rodean al visitante, en una experiencia inolvidable

Los objetos de orfebrería prehispánica no fueron simples adornos, sino los símbolos de la religión de los indígenas prehispánicos, el chamanismo.

Entrando a la última Sala de la exhibición del Museo del Oro, en el tercer piso, un ambiente de penumbra donde seis vitrinas cilíndricas conectan cielo y tierra alude al vuelo chamánico y al sentido religioso del arte indígena de la orfebrería. La Balsa Muisca, el objeto que simboliza el mito y la ceremonia del Dorado, introduce el tema de la ofrenda que realizaba el cacique o el chamán para promover o restaurar el equilibrio del mundo.

CUARTO PISO

 El Exploratorio promueve la interactividad y la reflexión alrededor de la diversidad y el significado del patrimonio que preserva el Museo.

Fotografía de Enrique Guzmán García, Museo del Oro – Banco de la República.

El Museo del Oro ofrece para todo el público una sala totalmente nueva tanto en su contenido como en su concepto, llamada el Exploratorio. Ubicado en el cuarto piso, este es un espacio que promueve que cada visitante interactúe con las exposiciones, y para ello propone elementos sorprendentes como videos proyectados al piso, imágenes sobre las que se camina o las maquetas que representan distintos aspectos de la vida cotidiana de los muiscas.

En el Exploratorio no se dan respuestas: se motiva a que cada uno se haga preguntas y así vincule el Museo con su propia experiencia. Con atractivos temas sobre la arqueología, los canales del Zenú y el mapa de Colombia poblado de diversidad, se fomenta la reflexión sobre la memoria, el patrimonio, la identidad, la diversidad y la convivencia.

El Exploratorio cuenta además con una terraza y con una sala de Talleres muy bien equipada donde se programan actividades.

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Horarios

Usted puede ingresar al Museo del Oro de Bogotá en los siguientes horarios:

Martes a sábado 09:00 a.m. a 06:00 p.m. (Última salida a las 7:00 p.m.)
Domingos y festivos 10:00 a.m. a 04:00 p.m. (Última salida a las 5:00 p.m.)

sta ceciliaSanta Cecilia bendita, dile a Dios que también nosotros prefiramos
mil muertes antes que ser infieles a nuestra santa religión.

Santa CeciliaPor más de mil años Santa Cecilia ha sido muy venerada en la Iglesia Católica.

Una tradición muy antigua dice que pertenecía a una de las principales familias de Roma, que acostumbraba vestir una túnica de tela muy áspera y que había consagrado a Dios su virginidad.

Sus padres la comprometieron en matrimonio con un joven llamado Valeriano, pero Cecilia le dijo a éste que ella había hecho voto de virginidad y que si él quería ver al ángel de Dios debía hacerse cristiano. Valeriano se hizo instruir por el Papa Urbano y fue bautizado. Luego entre Cecilia y Valeriano convencieron a Tiburcio, el hermano de éste, y lograron que también se hiciera cristiano.

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Las historias antiguas dicen que Cecilia veía a su ángel de la guarda. El alcalde de Roma, Almaquio, había prohibido sepultar los cadáveres de los cristianos. Pero Valeriano y Tiburcio se dedicaron a sepultar todos los cadáveres de cristianos que encontraban. Por eso fueron arrestados. Llevados ante el alcalde, éste les pidió que declararan que adoraban a Júpiter. Ellos le dijeron que únicamente adoraban al verdadero Dios del cielo y a su Hijo Jesucristo. Entonces fueron ferozmente azotados y luego les dieron muerte. Los dos santos mártires animaban a los demás cristianos de Roma a sufrir con gusto todos los horrores, con tal de no ser infieles a la santa religión.

En seguida la policía arrestó a Cecilia y le exigió que renunciara a la religión de Cristo. Ella declaró que prefería la muerte antes que renegar de la verdadera religión. Entonces fue llevada junto a un horno caliente para tratar de sofocarle con los terribles gases que salían de allí, pero en vez de asfixiarse ella cantaba gozosa (quizás por eso la han nombrado patrona de los músicos). Visto que con este martirio no podían acabar con ella, el cruel Almaquio mandó que le cortaran la cabeza. La santa, antes de morir le pidió al Papa Urbano que convirtiera su hermosa casa en un templo para orar, y así lo hicieron después de su martirio. Antes de morir, había repartido todos sus bienes entre los pobres.

En 1599 permitieron al escultor Maderna ver el cuerpo incorrupto de la santa y él fabricó una estatua en mármol de ella, muy hermosa, la cual se conserva en la iglesia de Santa Cecilia en Roma. Está acostada de lado y parece que habla.

En Roma había ya en el año 545 un templo dedicado a esta gran Santa.

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Presa Malpaso, Chiapas.- La vista es espléndida. La parte superior de lo que fue la iglesia colonial del pueblo Quechula, sumergida en el fondo por la creación de la presa Malpaso, es una maravilla. Remueve la conciencia de los pobladores que acudieron a las ceremonias religiosas hace más de tres décadas.

Hoy, esta arquitectura “resurge” de las aguas mansas de la presa Malpaso y la región se convierte en una zona obligada para visitar por turistas y la propia población de pueblos aledaños.

La Comisión Nacional de Agua (Conagua) dio a conocer que debido a que las lluvias serán por debajo de lo normal para los meses de agosto (lo que resta), septiembre y octubre, con disminución de entre el 20 y el 50 por ciento, inició desde hace un mes la extracción de agua de los embalses.

Este manejo de desfogue ha ocasionado que las aguas del Grijalva vayan disminuyendo considerablemente, sólo en el antiguo pueblo de Quechula, que está bajo las aguas de la presa Malpaso.

Adalberto Reyes Paz, lanchero y ganadero, durante los más de 10 años que ha vivido en la comunidad de Monte Alegre, municipio de Tecpatán, dijo que los habitantes de su pueblo /como del Nuevo Quechula y alrededores) comprenden que cada año -a su manera lo explica- “el agua tiene que bajar de las represas, por el nivel de las cortinas que tienen que disminuir, porque si nadie baja las represas, entonces hay el problema que se rebalsa y se vuelve incontrolable”.

Refirió que para que la iglesia del viejo Quechula se pueda ver un poco menos de la mitad, como lo está ahora, cuando mucho tienen que bajar casi 25 metros del nivel del agua.

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Ello se puede apreciar en las montañas que rodean la presa, el agua ha dejado su marca de cómo estaba en meses anteriores.

Reyes Paz recordó que fue hace cinco años cuando pudo verse por completo la iglesia de Quechula, con la construcción del Puente Chiapas, que cruza la presa Nezahualcóyotl o mejor conocida como Malpaso.

Comentó que la gente de los poblados cercanos y los de Quechula llegan a ver la iglesia cuando las aguas bajan.

La primera vez que la vieron, después de su desaparición, los pobladores celebraron ahí una misa para recordar que un día ahí estuvo el antiguo pueblo de Quechula.

Durante el recorrido que efectuó El Heraldo de Chiapas, en la Atlántida Chiapaneca, se pudo observar que algunos lugareños acuden a visitar la iglesia, a posarse sobre ella como se posan las aves, a vigilar que su tesoro más preciado aún siga ahí.

Copia de la Tumba del Señor de Pakal en el Museo de Palenque

Copia de la Tumba del Señor de Pakal en el Museo de Palenque

Investigadores del Centro de Estudios Mayas (CEM), del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la UNAM, descifraron el glifo maya T514, que significa yej: “filo”, una escritura inminente que se presenta en numerosas inscripciones que relatan eventos bélicos como capturas de prisioneros, entradas militares a ciudades y otros sucesos marciales del periodo Clásico Maya.

Durante la presentación, el investigador Guillermo Bernal Romero explicó que dicho glifo fue hallado en un texto hace 63 años en la parte superior del Templo de las Inscripciones en la zona Arqueológica de Palenque, en Chiapas, recinto en cuyas criptas se encuentra la lápida del sarcófago del rey de Palenque, K’inich Janaab’ Pakal.

De acuerdo con Bernal Romero, el logograma se encuentra presente en más de 50 inscripciones mayas que, hasta el descubrimiento, se mantenían sin un significado preciso.

Aclaró que tras revelar el significado de dicho glifo, situado como ya se mencionó en un texto en la parte superior de uno de los tableros del Templo de las Inscripciones, la tumba del Pakal ahora se lee como: “La Casa de las Nueve Lanzas Afiladas”.

Estela de K’inich Janaab’ Pakal en el Museo de Sitio de Palenque

Estela de K’inich Janaab’ Pakal en el Museo de Sitio de Palenque

Recordó que la tecnología en aquella época impidió descifrar la mayoría de sus jeroglíficos, uno de ellos, el T514 situado en la tumba del gobernante y aclaró que tras este descubrimiento por fin se lee completa la frase antes mencionada.

De manera eventual, el glifo, es parte integrante de nombres de recintos funerarios incluyendo como la tumba de Pakal y otros edificios relacionados con la guerra, así como de títulos guerreros, entre otros contextos, se trata de una clave para comprender el sentido preciso de esos registros.

Antes del logro epigráfico de Bernal, el T514 no tenía lectura, era un glifo con una clave en el catálogo del mayista inglés Eric Thompson. El investigado, refirió que los especialistas no lo habían podido interpretar, pero conocían su importancia y su relación con textos bélicos.

Comprender el significado del T514, yej: “filo”, dijo, fue resultado de una búsqueda sistemática bajo otras líneas de investigación.

Sin embargo, detalló que al estudiar diversos aspectos del jaguar, animal sagrado para los mayas, Bernal Romero revisó varios cráneos; al ver el molar superior, llamado diente carnicero, tuvo impresión de que su forma la había visto en alguna parte: en un glifo.

La forma básica del misterioso holograma refleja la temible pieza dental, que para los mayas fue un referente adecuado para expresar la palabra yej: “filo”; al unir los glifos yej y te, “lanza” formaron la expresión yej te, “lanza afilada”.

La Casa de las Nueve Lanzas Afiladas, B´olon Yej Te´Naah, es un nombre relacionado con los nueve guerreros que fueron representados en los muros de la cámara mortuoria de Pakal.

“La tumba de Pakal tiene múltiples significados, pero la que está relacionada, son los nueve guerreros que están representados en la tumba de la cámara funeraria, esos nueve guerreros, representan a las lanzas afiladas”, dijo.

El desciframiento del glifo yej tiene más implicaciones que permiten asimilar textos que eran incomprensibles o que no se entendían bien, tales como guerras, nombres de casa, de dioses o de patronos de la guerra, provenientes no sólo de Palenque, sino también de Toniná, Piedras Negras, Dos Pilas, Yaxchilán y Dzibanché, entre otros sitios.